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'The Economist' culpa a los Gobiernos del difícil panorama de la industria de defensa europea

06/03/2013

(Infodefensa.com) Madrid – La industria europea de defensa está sumida en una espiral de altos costes, sobrecapacidad crónica y recortes presupuestarios del que las decisiones políticas apenas dejan salida. El viejo continente está pagando entre un 30 y un 40% más de lo que debería por su material militar mientras pierde posibilidades de exportar por su incapacidad de mantener precios competitivos. Le sobra hasta un 30% de su capacidad para construir buques, aviones de combate y vehículos terrestres. Y el gasto anual en defensa de los países de la UE ha pasado de 200.000 millones de euros en 2008 a 170.000 millones actualmente.

Así lo refleja un amplio artículo del semanario londinense The Economist que utiliza fuentes de la consultora PricewaterhouseCoopers y de la publicación especializada IHS Jane´s para ofrecer los anteriores datos.

A este panorama se une el pronunciado retroceso de los presupuestos militares de Estados Unidos, que ha disfrutado de más de una década de vacas gordas -tras el 11 de septiembre de 2001- pero que ahora se enfrenta a un recorte de medio billón de dólares (más de 380.000 millones de euros) durante los próximos nueve años; o incluso de un billón (770.000 millones de euros) si el denominado secuestro presupuestario sigue adelante.

La salida para las empresas europeas de defensa no parece estar tanto en la exportación como a menudo se cree, según The Economist. El semanario reconoce el crecimiento de los mercados de armas en Asia, Oriente Medio y América Latina, pero augura una competencia feroz por hacerse con una porción del nuevo pastel por el que también van a luchar con mayor ahínco las grandes firmas estadounidenses, necesitadas de nuevas operaciones con las que compensar los recortes en su país.

Ante este panorama The Economist recoge con ironía unas declaraciones de hace unos días de Tom Enders, consejero delegado de EADS, la mayor compañía de defensa de Europa, en las que se preguntaba si éste no era un buen  momento para tener una pequeña empresa de defensa, en vez de una grande. Enders reflexionaba sobre el fallido intento de fusión con la británica BAE Systems el año pasado.

La fusión de EADS y BAE habría animado al sector

La alianza de estas dos firmas habría creado un gigante de 45.000 millones de dólares (35.000 millones de euros), señala The Economist, que no solo habría ahorrado costes, especialmente en I+D, sino que también habría servido de acicate para desencadenar un cambio de urgencia en el resto de la industria europea de defensa, adolecida de ineficiencia y dispersión.

Los gobiernos de Francia y Gran Bretaña estaban dispuestos a respaldar esa fusión, pero Alemania dijo no, temerosa de que su porción de EADS (de capital franco-alemán y, en menor medida, español) quedase marginada ante los otros dos países (especialmente la filial Cassidian).

De haber cuajado, BAE se podría beneficiado del auge de la división civil de la filial aeronáutica de EADS (Airbus Commercial), que sólo el año pasado obtuvo unos ingresos de 37.000 millones de euros, un 19% más que en el ejercicio anterior. Por su parte, EADS hubiera contado con una base más sólida en Estados Unidos. Pero, además, ambas hubieran podido reducir importantes costes. Sus ejecutivos pensaron que podrían ahorrar hasta una cuarta parte de los costes de producción del avión de combate Eurofighter Typhoon, en el que participan ambas compañías junto al grupo italiano Finmeccanica. Con un abaratamiento como este la aeronave podría competir mejor en los mercados internacionales, donde hace un año sufrió un importante varapalo al perder en la India un contrato milmillonario frente al modelo Rafale de la francesa Dassault

El artículo de The Economist recoge que tanto EADS como BAE insisten en la inexistencia de planes para reactivar la fusión, aunque tampoco están dispuestos a declarar muerta cualquier posibilidad. Algunos analistas, incluso, señalan que una posible vuelta de los socialdemócratas al poder en Alemania en las elecciones de septiembre podría reanimar el proceso.

El éxito de un segundo intento de fusión volvería a estar en manos de los políticos, pese a la reducción de su influencia en EADS que los accionistas van a votar el mes que viene. Los Gobiernos no solo son el principal cliente, sino que todavía contarán con herramientas para vetar un acuerdo que no les guste.

No se contemplan más fusiones

The Economist también repasa la posibilidad de otras fusiones, como una entre BAE y Cassidian (filial alemana de EADS) para crear un gigante de la defensa anglo-alemán. Pero tampoco parece muy probable que Alemania aceptase ser el socio menor, ni que la británica BAE esté interesada en adquirir más volumen únicamente en el sector de la defensa, pese al potencial aumento de eficiencia.

Descartadas las grandes fusiones, una salida posible para la maltrecha industria europea de defensa es racionalizar las cadenas de suministro o acometer integraciones horizontales como la que BAE, EADS y Finmeccanica crearon en 2001 con la empresa conjunta de misiles MBDA. El siguiente paso lógico similar, apunta la publicación británica, sería una acuerdo entre BAE; los astilleros estatales franceses DCNS e italianos Fincantieri, y la alemana ThyssenKrupp Sistemas Marinos, para poner en común sus experiencias en la construcción de submarinos. Pero esta posibilidad también resulta remota por las reticencias de los Gobiernos a perder capacidades de construcción naval y puestos de trabajo.

Proyectos específicos, como el del UCAV

Así las cosas, el camino más probable es que las empresas de defensa europeas se unan en proyectos específicos, con o sin el estímulo de los Gobiernos. Entre los más importantes desarrollos en este sentido se encuentra el de un vehículo aéreo no tripulado de combate (UCAV). De momento, la industria aeronáutica militar europea compite “autodestructivamente” -apunta textualmente el periódico- para vender los cazas de cuarta generación Typhoon, Rafale y Gripen, desarrollados por tres compañías distintas. Entre tanto, la norteamericana Lockheed Martin y sus socios se han hecho con el mercado occidental de aviones de combate de quinta generación con su F-35. En este contexto el UCAV, considerado como un desarrollo de sexta generación, se percibe como un sistema especialmente importante para la industria aeroespacial europea.

Pero aquí también se está complicando el programa por cuestiones políticas, explica el semanario. Gran Bretaña y Francia se encargaron a partir de 2010 a través de BAE y Dassault de desarrollar un drone para operar a media altitud y larga distancia, y un UCAV. Pero el acuerdo enfureció a Alemania e Italia, que exigieron una tajada de cualquier programa para producir un UCAV común europeo.

El riesgo, apunta el artículo, es que el control industrial se pierda si cada ministerio trata de acomodar las especificaciones del futuro sistema para satisfacer sus propios requisitos. Algo similar ocurre ya en encarecidos programas como el del avión de transporte A400M y el del helicóptero NH90.

Hay otros intentos, como los de la OTAN para que fabricantes de defensa trabajen con pequeños grupos de clientes nacionales que acuerden requisitos comunes, pero los viejos hábitos nacionalistas lo dificultan.

Las necesidades parecen claras, concluye el artículo: una demanda más racional y menos nacionalista y una oferta con suficiente independencia como para elaborar sus propias soluciones. El fracaso de la fusión de BAE y EADS ha hecho que encontrar la fórmula que conjugue esos elementos sea más difícil de lo que debería, pero no parece que haya alternativas.

Fotos: Ginés Soriano / Infodefensa

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