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OPINIÓN
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Perspectivas

Enrique Navarro

Presidente de MQGlobalNet y analista de Defensa.


La legislatura se nos fue

29/12/2014 | Madrid

Cuando llegan estas fechas leo en muchos medios los balances de lo que ha sido el año, e Infodefensa no es ajena a esta tradición; pero resulta que este fin de año trae también el final de un ciclo. Los últimos presupuestos de la Legislatura entrarán en vigor el primero de enero. Todavía no somos conscientes de la dimensión que puede tener el cambio de ciclo, pero sin duda el nuevo presupuesto de Defensa para 2016 se hará bajo un entorno político muy diferente del actual. Es, en consecuencia, tiempo de hacer análisis de mayor contenido sobre lo que ha sido esta legislatura y de lo que está por venir.

La decisión de nombrar a Pedro Morenés como ministro, un tecnócrata como se decía antes, que en ocho años pasó de la dirección comercial de Astilleros españoles a ser secretario de estado en tres ministerios en dos legislaturas, y con experiencias en el sector privado de defensa, se perfilaba como una decisión acertada. Aunque a mí me parece que poner a un tecnócrata en un ministerio sin recursos es la mejor manera de que nada interesante pueda acontecer. Ha sido sin duda una legislatura de gestión, de esas que pasan ni pena ni gloria.

Un análisis de un periodo tan largo como los cuatro años de gobierno podría llevarnos horas de reflexión y análisis que acabarían por aburrir al más interesado. En este breve análisis, quiero hablar de decisiones, de intuiciones, de hechos, de declaraciones y de consecuencias.

Si hablamos de hechos, es incontestable que la supervivencia del Ministerio de Defensa y el mantenimiento de sus misiones y operaciones es un acierto del gobierno ante una realidad presupuestaria que es palmaria. El presupuesto de Defensa consolidado en 2011 ascendió a 8.021 millones de euros y en 2015 a 6.736 millones, brutal recorte que se ha cebado con las inversiones que pasaron de 1.005 millones en 2011 a 420 millones en 2015. En otros ministerios los recortes presupuestarios han venido acompañados de menos obra pública, o menos plantas de tratamiento de agua, menos asistencia social, pero la orden recibida por nuestros militares fue “hagan al menos lo mismo con la misma eficacia y con un tercio de los recursos, y por supuesto sereno el ánimo y con sonrisa permanente, para no generar ruidos que parecen inaceptables cuando proceden de servidores públicos”.

Un hecho muy relevante es la continuada pérdida de capacidad y de recursos de la industria española de Defensa, que se encuentra en estado de inanición, con un gobierno que tiene serios problemas para cumplir los compromisos adquiridos con anterioridad y que plantea soluciones artificiosas que, sin reducir los costes para el erario público, disminuyen el impacto industrial y tecnológico de los recursos presupuestarios. Cambiar helicópteros o vehículos por mantenimiento es como reemplazar la compra de vehículos por más latas de aceite. Plantear modificaciones a contratos internacionales suscritos con la OCCAR, o en el entorno de consorcios, es un asunto delicado, ya que no siempre es fácil que los demás socios compartan nuestras razones.

Es un hecho incontestable que las fuerzas armadas han culminado en unos casos, en otros desarrollado, y en otros iniciado, misiones militares de gran complejidad y que durante estos años se ha aprendido mucho de errores del pasado, y se ha ganado en eficacia y seguridad. Las fuerzas armadas han mostrado, como siempre, una capacidad y voluntad de sacrificio sin límites.

Pero hablemos de decisiones, y en particular de aquellas que tienen un mayor contenido industrial. El gobierno anunció la construcción de dos Buques de Acción Marítima a Navantia, contratos que por fin vieron la luz, y que calman un poco, muy poco, las turbulentas aguas de Navantia, que sigue sin encontrar su sitio en el mercado. Desde la creación de IZAR, la compañía no ha podido definirse en el mercado ni determinar su óptimo de capacidad productiva. Si en los años en los que se invirtieron casi 10.000 millones de euros en Navantia no se pudo avanzar en la resolución de los problemas estructurales, ahora, con contratos a monodosis, difícilmente se va a poder hacer.

Para el año 2015, el secretario de estado anunció dos nuevos programas, que son pero que no son, y me explico. Se decide iniciar la construcción de dos fragatas F-110, con apenas unas decenas de millones de euros, para un proyecto que  excederá de 1.500 millones de euros, y el programa 8x8, que de momento consiste en generar unos proyectos de I+D para dotar al vehículo, que todavía no se ha definido, de capacidades en guerra electrónica, transmisión etc. Estos son juegos florales. El Ejército necesita un vehiculo integrado y completo y ya ha conocido muchas aventuras industriales y tecnológicas que al final solo han traído retrasos y extracostes. Debería ser criterio básico que cualquier contratación delimite y concentre la responsabilidad de los contratistas y de ahí la figura del integrador; ahora, si hay una falla en los nuevos equipos, nacerá la eterna pelea, que si fue culpa del fabricante, que si del integrador, y así la casa sin barrer. En las políticas de compras, lo industrial y lo tecnológico es importante, pero no a costa de lo operativo, en esto no debemos perder el norte.

Decisión dolorosa fue enviar al desguace al buque insignia de la flota y joya de la industria naval española, el portaaeronaves Príncipe de Asturias. Que una economía como España no sea capaz de mantener y operar su principal instrumento de proyección de fuerza, dice mucho de los derroteros que lleva nuestra defensa.

Finalmente, en el capítulo de decisiones trascendentes, anunciar una que sin entender lo que ha sido esta crisis en España, resultaría ridícula. El Ministerio ha conseguido del gobierno los recursos necesarios para pagar sus deudas con los proveedores por sistemas y equipos ya entregados por unos cuantos miles de millones de euros. Todavía queda un largo trecho por pagar, pero esperemos que el gobierno deje bien explicado todo este tema, no vaya a ser que un gobierno de signo diferente pretenda meter este capítulo dentro de la quita.

Tengo unas cuantas intuiciones que hace tiempo me dan vuelta a la cabeza. Creo que ya se han dado cuenta que el sistema de ventas del gobierno hace aguas; no es operativo, es endogámico y carece de los apoyos necesarios, desde el punto de vista comercial y político. Los ministerios de defensa de todo el mundo saben del modelo francés, americano, israelita o holandés; no hace falta inventar la rueda, pero si a la industria se la maltrata presupuestariamente dentro y se le dificulta su acción exterior, pues apaga y vámonos.

Tengo la intuición de que muchas cosas se han quedado en el tintero en esta legislatura tecnócrata, por la incapacidad de transmitir ilusión al resto del gobierno y al resto de la sociedad; esta es la principal misión de un político o gobernante, dejar los detalles para trabajar en lo estratégico, en las ambiciones, convencer, esa es su principal función, pero parece que con la crisis esto no tocaba.

Intuyo que el tiempo de ser empresario público ya se terminó. La intervención de la defensa en la industria tiene razones muy limitadas y deben ser muy justificadas. El gobierno no puede tener enemigos personales en la industria, no le está permitido, es inmoral. Si hay razones industriales, se explican y se convencen; pero tengo la intuición de que esta historia no tenía destino y solo ha dejado en el camino resquemor y heridas que deben suturar.

El capítulo de declaraciones, ante la falta de hechos, se ha convertido en el protagonista en los medios de comunicación en estos últimos años. En esta carrera comunal de todos los políticos por ser más progresistas que la declaración anterior, hemos escuchado algunas perlas que no pueden quedar en el olvido, porque afectan a uno de los pilares básicos de nuestra democracia.  Permítanme algunas:

Concluyo con algunas consecuencias. Vivimos tiempos convulsos. El pueblo español tiene una tendencia histórica a invertebrarse cada cierto tiempo. Nobles contra realistas, guerra civil castellana; Borbones contra Austrias, guerra de sucesión; liberales contra tradicionalistas, guerras carlistas; revolución gloriosa y república federal, golpe militar; fin del sistema de turno de partidos, populismos, crisis económica y guerra civil.

Durante años aprendimos en las facultades de derecho que el constitucionalismo en España carecía de permanencia, y que cada gobierno pretendía hacer una constitución a su antojo. Ahora, parece que la constitución ya no sirve, vuelven las tensiones divergentes y todo el mundo tiene una solución particular a los problemas de España. Podemos asistir a un nuevo proceso constituyente, que solo puede proceder de la ley, pero que no nos va a llevar a ninguna solución, porque el problema somos nosotros mismos. No es un problema de marco político, es una cuestión de voluntad, que es la que falta para resolver y hallar puntos de encuentro. El gobierno debe dejar sus deberes bien hechos antes de terminar la legislatura; los contratos deben quedar ejecutados y las fuerzas armadas deben verse respaldadas y reforzadas, no obstante tienen tan altas e importantes misiones constitucionales, que pretender debilitarlas o vilipendiarlas solo puede tener como objetivo subvertir el orden constitucional. Feliz año nuevo.

Enrique Navarro es presidente de MQGlobalNet y analista de Defensa.

 

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