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OPINIÓN
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Perspectivas

Antonio Fonfría

Profesor de Economía Aplicada. Director de la Cátedra UCM-ISDEFE. Universidad Complutense de Madrid


Crónica de un debate

28/10/2015 | Madrid

Por fin un debate con políticos de distintos partidos sobre aspectos importantes que afectan a la defensa; una iniciativa, organizada por Infodefensa, común en buena parte de los países de nuestro entorno pero que no se ha realizado en España hasta ahora. Ese es ya, en sí mismo, un paso importante. La asistencia al foro ha sido igualmente nutrida, reuniendo a una parte importante de los agentes del sector. Ya sólo falta que este tipo de debates se pueda realizar de manera abierta al conjunto de la sociedad. Pero para esto es necesario aún tiempo y decisión política.

Tres temas han guiado la reunión. El primero de ellos se refirió a los aspectos presupuestarios; el segundo se dedicó a la política de defensa y el último, a la política industrial y tecnológica. Los miembros de cuatro partidos expusieron sus perspectivas sobre esos temas. Estaban representados el PP, el PSOE, UPyD y Ciudadanos. Quedó un asiento vacío, el de Podemos, que finalmente no envió a nadie.

Desde una perspectiva lo más aséptica posible, y sin entrar en las valoraciones ni en la dialéctica partidista, es fácil derivar algunos resultados del debate en los cuales hubo cierto consenso, aunque con matices, en los aspectos tratados. A partir de ellos trataré de exponer algunas cuestiones relevantes que quedan en el aire y que no se resolvieron en el debate.

El presupuesto

Un primer aspecto tiene que ver con la suficiencia y transparencia del presupuesto de defensa. Básicamente las posturas oscilaban entre la necesidad de justificar ante la sociedad el presupuesto, la importancia de que éste sea claro y recoja el conjunto del gasto total realizado y la insuficiencia presupuestaria crónica, que ha llevado a unas Fuerzas Armadas de dos velocidades.

Quizá aquí el problema sea el mayor al que se puede enfrentar un ministerio de defensa, a saber, que el conjunto de la sociedad sea consciente de la importancia de la defensa, para lo cual es absolutamente necesario que se explique con claridad tanto el volumen del gasto como su importante incremento si, efectivamente, se incluye el global del gasto en el presupuesto inicial aprobado por las Cámaras. Eso dotaría de transparencia y de coherencia a los discursos expresados por los políticos.

En términos generales, la necesidad de plantear una Ley-Programa de financiación de la defensa es uno de los caballos de batalla que se ha venido poniendo sobre la mesa desde hace ya años. Si bien parece razonable a fin de trazar una senda tanto para el presupuesto como para la industria, no es un argumento novedoso y no se entró en ciertos aspectos básicos unidos a su horizonte temporal, ni su alcance económico –siquiera de forma tentativa–, ni la orientación según la necesidad de tecnologías, sistemas o sectores.

El último de los aspectos fundamentales tratado fue el relativo a los Programas Especiales de Armamento (PEAs). En este caso, reconociendo la gran importancia tecnológica, industrial y de generación de empleo –en gran parte de alta cualificación–, que poseen, se pone de manifiesto que el sistema de financiación utilizado hasta el momento está agotado. Pero, ¿cuál es la alternativa? Obviamente no era esperable una respuesta a esta cuestión, que requiere de un análisis profundo y de buenas dotes de originalidad, pero no se planteó ninguna posible vía de actuación, lo cual habría sido deseable para conocer alternativas financieras disponibles distintas a las actuales, posibilidades de acceso a créditos, instrumentos institucionales que pueden utilizarse para este propósito, etc.

Política de defensa

Este fue posiblemente uno de los puntos más difusos del debate. Se entremezclaron diversos aspectos que supusieron una madeja de ideas deslavazadas sin una guía clara de hacia dónde debe orientarse la política de defensa. Algunos de los temas que se trataron tienen que ver con el falso debate de cañones vs. mantequilla, que efectivamente no parece superado –máxime cuando la sociedad no posee una cultura de defensa clara-. Igualmente se puso de manifiesto la necesidad de hablar del concepto más genérico de seguridad, frente a la distinción seguridad y defensa, lo cual, si bien responde a la realidad, es utilizado también como instrumento de acercamiento a la sociedad para evitar el rechazo que supone la palabra defensa.

Se puso de manifiesto la importancia de la continuidad en las políticas de defensa y de un pacto de estado sobre ellas, así como el papel que juegan las alianzas internacionales en organismos como la OTAN, en aspectos relativos al ahorro de costes por parte de los países socios y su relevancia en una de las amenazas más importantes, como es Daesh.

En definitiva, no hubo un hilo argumental claro ni ideas que permitan un acercamiento ordenado a aspectos que son de importancia como la cultura de defensa, la diplomacia de defensa y su necesaria unión con el desarrollo conjunto y coordinado de actividades con Exteriores, las prioridades geopolíticas, el papel de España en los organismos internacionales como la EDA –a la cual se confirió un peso específico importante en el desarrollo de la industria de defensa europea–, el desarrollo de políticas de personal, etc.

Política industrial

El tercero de los aspectos tratado fue la política industrial. En este aspecto, los ponentes estuvieron de acuerdo en la importancia de la industria y, particularmente, en lo relativo a la intensidad de las actividades de I+D+i y su relevancia. El papel de las grandes empresas y su relación con las PYME se mencionó brevemente, pero no se puso de manifiesto el problema del papel que habrían de jugar estas últimas en el contexto del sector. Este aspecto es clave a la hora de realizar una política industrial de defensa, que no parece tener una clara aceptación si, tal y como se expuso, hay que “integrar” la industria de defensa en el conjunto de la industria.

Con relación a este último aspecto, la industria de defensa se encuentra plenamente integrada en el conjunto de la industria española. De hecho, la gran mayoría de las empresas de este sector producen también para el ámbito civil y la parte militar es normalmente muy reducida. Quizá sería más útil incluir en las estadísticas industriales y de actividades económicas información de la industria de defensa, lo cual permitiría un mayor conocimiento de ésta y así la posibilidad de realizar políticas más adecuadas, a la vez que permitiría un mayor conocimiento del sector por parte del conjunto de la sociedad.

En el debate se tocaron algunos aspectos más pero de manera tangencial. Quizá el más transversal de todos fue el relativo a la necesidad de que las cámaras de representación fuesen un foro de análisis real de la defensa, punto de encuentro de discusiones amplias y profundas, que doten de transparencia y que abran a la sociedad el tema de la defensa.

Mi percepción después de asistir al debate y de escribir estos párrafos es dual. Por una parte, el debate en sí mismo es positivo. La dialéctica entre partidos nunca sobra y menos aún en temas que se encuentran en la parte más baja de la tabla de prioridades políticas, de forma que tiendan a ser valorados en su justa medida.

Por otra parte, siento cierta decepción al constatar que faltan ideas claras, que se sigue dando vueltas a los mismos temas sin que nadie ponga propuestas novedosas sobre la mesa, y sin que los políticos que quieren gobernarnos tengan el arrojo suficiente como para discutir en profundidad aspectos clave que afectan al conjunto de la sociedad. Las ideas vagas generalistas y poco meditadas suelen ser la tónica general, y la verdad es que la sociedad ya no las compra. Los planteamientos han de ir acompañados de argumentos de peso y, como no, de la financiación adecuada. Una política lo es en tanto en cuanto se la dote de presupuesto. En caso contrario, es una intención.

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