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Especial: Primer A400M de España

Las cifras del programa más allá de las capacidades

15/11/2016 | Madrid

B. Carrasco

58.000 metros cuadrados de instalaciones. 40.000 empleos directos e indirectos. 20 años de trabajo. Estas son algunas de las cifras del programa A400M. Unas cifras que ponen de manifiesto su complejidad y a la vez importancia para la industria aeronáutica europea.

El centro del programa se encuentra en la planta de Airbus DS en San Pablo en Sevilla donde la Línea de Ensamblaje Final (FAL, por sus siglas en inglés) del A400M ocupa 58.000 metros cuadrados divididos en tres hangares: la nave de montaje, la nave de pruebas en tierra y la línea de vuelo.

El programa genera en toda Europa unos 40.000 puestos de trabajo. Como ejemplo, solo en la FAL de Sevilla trabajan unos 1.200 empleados. Estas instalaciones además han permitido el desarrollo en la capital andaluza de un polo industrial asociado con 12.000 puestos de trabajo relacionados de forma indirecta con el avión.

Si se habla de cifras económicas, a fecha de 2015 se calcula que en el desarrollo del A400M se han invertido unos 28.000 millones de euros con un precio por unidad en torno a los 160 millones.

Los inicios del programa datan de los años 80 con la creación de la FIMA (Future International Military/Civil Airlifter), un intento de la industria aeroespacial americana y europea de responder a las necesidades de renovación de las flotas de aviones de transporte militar.

El consorcio estaba compuesto por algunas de las principales empresas del sector a ambos lados del Atlántico: Aerospatiale, British Aeroespace, Lockheed Georgia y Messerchmitt-Bolkow-Blohm.

Las decisiones políticas y la entrada y salida de socios acabaron con esta iniciativa -en 1989 sale Lockeed para diseñar una nueva generación de Hercules-, no obstante este primer intento y su heredero Euroflag (Euroflag European Future Large Aircraft Group) pusieron de relieve el interés europeo de avanzar hacia una nueva generación de aviones de transporte militar.

El programa surge de la necesidad de renovar las flotas de aviones C-160 Transall en Alemania y Francia y el C-130 Hercules en servicio en muchos de los países de la OTAN, en un momento en el que las características de los escenarios tradicionales comienzan a cambiar como resultado del panorama geoestratégico. La prioridad es transportar en el menor tiempo posible medios y tropas hasta el mismo centro de operaciones.

Bajo esta premisa, Airbus recibe el encargo formal en 1994 de definir y lanzar el llamado FLA (Future Large Aircraft). Dos años después, en noviembre de 1996, Alemania, Francia, Italia y Reino Unido crean la Organización para la Cooperación en Materia de Armamento (Occar).

Este consorcio de ministerio de Defensa se encargó de definir las futuras capacidades del avión y a él su sumaron, tras la salida de Italia, Bélgica, Luxemburgo, Turquía y España.

Pasaron siete años hasta el lanzamiento oficial del programa en mayo 2003 y el motor se designó un mes después con la previsión de que el primer vuelo del A400M fuese una realidad 2008 y 2009 se iniciaran las primeras entregas. Sin embargo, las complicaciones propias del desarrollo de un proyecto innovador retrasaron el primer vuelo a diciembre de 2009.

El 7 de abril de 2011 se daba el último paso para el lanzamiento de la producción en serie del Airbus A400M, con la firma del acuerdo definitivo por parte de las siete naciones cliente. Se cerraba así una página de la historia y un largo camino de problemas, sobre todo de tipo económico, que cuestionaron el programa.

Foto: Airbus

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