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La Ventana

infodefensa.com

Impulso o contención

28/11/2016 | Madrid

El nombramiento de María Dolores de Cospedal como Ministra de Defensa puede hacer de la Defensa de España un nuevo foco político como se ha señalado desde algunos medios. El poner al frente del departamento a una persona de la máxima confianza del Presidente y con un peso indudable dentro del partido, puede tener varias lecturas que sólo el tiempo desvelará. Detrás del nombramiento pudiera estar el interés de impulsar la política de defensa en un momento clave desde el punto de vista internacional y que requiere abordar medidas en diferentes ámbitos para salir de una década de estancamiento.

Otra lectura diferente sería la de mantener la contención de las inversiones y limitarlos objetivos de la política de defensa al marco financiero actual. Dos líneas contrapuestas que requieren en ambos casos de mucha labor política. En la primera lectura, el impulso requerirá ciertamente grandes dosis de diálogo con otros partidos. La segunda obligaría a poner el foco hacia las estructuras del Ministerio y de las Fuerzas Armadas. Posiblemente los esfuerzos deban realizarse en ambas direcciones.

En su toma de posesión la ministra dio algunas claves aunque de forma muy incipiente: preparación y modernización de las Fuerzas Armadas, compromiso de España con la lucha por la libertad en el mundo y desarrollo de la industria de defensa. Unas líneas que, en último extremo, deben reforzar nuestro compromiso internacional y contribuir al peso exterior de España y que requieren incidir en la modernización de las Fuerzas Armadas y su preparación operativa con el adecuado soporte industrial. En definitiva, financiación acorde con los objetivos políticos que la próxima Directiva de Defensa Nacional establezca, en el marco de los objetivos macroeconómicos generales.

En el ámbito internacional, el dilema que se presenta es el mantenimiento del limitado esfuerzo actual con el riesgo de continuar perdiendo influencia, o su incremento tal y como se nos viene demandando desde el exterior, especialmente desde algunas organizaciones europeas dónde España ocupa puestos relevantes y en las que debería relanzar su posición. Previsiblemente tras el resultado de las elecciones norteamericanas se pedirá a Europa un mayor esfuerzo en la defensa colectiva, y España no puede estar ajena a ese llamamiento. En este sentido las relaciones con Estados Unidos revisten una especial importancia en una situación política compleja.

Si se produce, una mayor demanda operativa no requerirá sólo continuar el esfuerzo en preparación de las unidades, sino además actuar en la organización interna para aprovechar al máximo los recursos disponibles. En los últimos cinco años se han abordado reformas en la estructura de la fuerza con la creación de algunos mandos conjuntos y la reorganización de unidades en los tres Ejércitos. Algunos retos pendientes podrían incidir en la potenciación de la figura del Jemad o en la reorganización del apoyo a la fuerza y de la estructura administrativa de los ejércitos y del propio Ministerio. Medidas que, de abordarse, requerirán de buenas dosis de alta política y consenso puesto que podrían obligar a realizar cambios legislativos.

En ese plano de la organización no será menor continuar avanzando en la mejora de la gestión, especialmente en materia de adquisiciones, como elemento clave para incidir en la modernización de las Fuerzas Armadas y en la política industrial de defensa. Esta última responsabilidad, heredada directamente de la legislatura 11-15, está pendiente de desarrollo efectivo, fundamentalmente por falta de capacidad para abordar nuevas inversiones. Se trataría como medida inmediata de realizar un aprovechamiento más racional y eficiente de los recursos disponibles, fundamentalmente financieros pero no sólo, y una priorización de las necesidades más exigente y coherente.Desde el nivel político requerirá un esfuerzo para conseguir más recursos que permitan impulsar a la industria y posicionarla fundamentalmente de cara al mercado europeo. Este esfuerzo para conseguir mayores recursos debe permitir afrontar las obligaciones contractuales de forma estable y además compaginarse con medidas de impulso al desarrollo industrial y creación de empleo con esfuerzo compartido de otros ministerios y administraciones, sin perder de vista las oportunidades y retos que se presentan desde la Comisión Europea para la próxima década. Posiblemente la financiación y el impulso de la política industrial de defensa sea la línea de actuación más “política” en clave nacional.

Los retos que apuntamos para nuestra política de defensa afectan tanto a las Fuerzas Armadas como a la industria de defensa. Deben partir de los objetivos políticos que se establezcan para lo que será necesario proporcionar los recursos adecuados. El impulso o la contención dependerán de si la Defensa efectivamente se considera como una política prioritaria en la nueva legislatura.

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