OPINIÓN
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Firma Invitada

Enrique Navarro

Presidente de MQGlobalNet y analista de Defensa.


¿Nos podemos permitir una industria española de defensa? (y2)

20/12/2016 | Madrid

Viene de ¿Nos podemos permitir una industria española de defensa?

Las soluciones

Teniendo en cuenta los actuales techos de gasto, los presupuestos de inversiones y los pagos pendientes de los PEAS hasta 2030, no será posible iniciar ningún nuevo programa de inversión hasta el año 2031, en el mejor de los casos de que el presupuesto no se reduzca y se paguen las cantidades previstas en cada año, que obligarán a incrementar el presupuesto de inversiones desde los 404 millones actuales a los 2.500 millones para 2017 y sobre unos 1.600 millones para los siguientes, sólo para pagar los compromisos ya adquiridos.

Si no se produce una solución parcial o completa a este problema, los programas F-110 y 8x8 ni ningún otro de cierto importe podrá iniciarse en los plazos previstos a partir de 2018.

Entre las soluciones posibles, la que a mi juicio permitiría resolver el problema de una forma casi total sin afectar al déficit y sin incrementar el presupuesto de defensa de forma significativa para atender estos pagos sería la compensación de deudas. En Defensa ya existe un antecedente en la cancelación del saldo vivo de los préstamos del Federal Financial Bank en 1991 por el cual se adquirió todo el material procedente de Estados Unidos en los años ochenta y que ascendió a 281.000 millones de pesetas de 1991, unos 4.000 millones de euros de 2016.

Teniendo en cuenta que el acreedor y deudor final es el propio Estado y que los recursos ya abonados por los programas salieron del Tesoro, sería posible compensar las deudas y créditos de manera que los 14.000 millones pendientes de devolución quedarían compensados de forma automática. Esto permitiría dejar hueco bajo los techos de gastos, a partir del 2022, para acoger nuevos programas. Sin embargo como las partidas pendientes para la cancelación de los anticipos están previstas que sean abonadas al final del periodo entre 2023 y 2030, esta acción de compensación, no solucionaría el problema a corto plazo, pero garantizaría que el ministerio pudiera comprometer créditos futuros a partir del año 2023.

Entre el primero de enero de 2017 y el 31 de diciembre de 2023 deberán abonarse con cargo al presupuesto del Ministerio de Defensa una cantidad media anual de unos 900 millones de Euros. Considero que esta cantidad sería asumible de ser engrosada en el presupuesto del Ministerio de Defensa para amortizar los programas en curso y de esta manera evitar retrasos y sobrecostes.

La otra opción es dejar la situación conforme a la reprogramación en vigor hasta 2030; pero si no hay un incremento muy sustancial del presupuesto de inversiones, no sería posible iniciar ningún programa nuevo en el ministerio de defensa hasta el año 2031.

3. Los nuevos programas.

En julio de 2015, el gobierno aprobó los programas de I+D para los proyectos de adquisición de un vehículo blindado con diversas configuraciones, 8x8, incluyendo sensores y sistemas de armas, y la fragata F-110 también con el mismo alcance. El Ministerio de Defensa decidió que las empresas Navantia e Indra se conformaran en UTE para gestionar el programa de la fragata F-110 y una UTE entre Indra, SAPA y General Dynamics Santa Bárbara, para el vehículo 8x8. Una vez más se determinó que la financiación de estos programas de Investigación y Desarrollo se acogiera al sistema de los PEAs, de manera que se autorizó un financiamiento de 174 millones de Euros para la fragata F-110 y 89 millones para el vehículo 8x8 con plazo de finalización en 2018, momento en el que Defensa deberá abonar los 263 millones de Euros prefinanciados, cantidad que supera el presupuesto de modernización para 2016, de manera que sin un incremento específico del presupuesto de modernización habrá dificultades presupuestarias para abordar dichos pagos, como ocurre con los demás programas especiales.

La situación industrial del sector en 2016 ha sido de transición, beneficiada por algunos importantes programas de exportación y con una caída de la demanda nacional consecuencia de la disminución de la cartera de pedidos. En la actualidad los únicos programas nacionales con impacto industrial que quedan en ejecución son el A-400M, NH-90 y S-80, de los que apenas quedan por ejecutarse unos 2.000 millones de Euros. Esto significa que en el año 2020, la demanda generada por el ministerio de defensa en la industria estará en el entorno de los 600 millones de Euros, frente a los dos mil millones generados en 2015 y casi cuatro mil millones de antes de la crisis, entre programas recurrentes y financiación de programas especiales.  Es difícil hacer estimaciones del impacto directo de esta disminución de la demanda en los próximos años, pero podría suponer una pérdida de empleo directo del 40% del total actual y un 50% del indirecto. Además, la pérdida de capacidades de producción e ingeniería haría muy difícil retomar un impulso modernizador transcurridos diez años sin programas.

El impulso exterior de la industria mantiene una relación directamente proporcional con el consumo doméstico de los sistemas que se pretenden exportar y con el apoyo político y financiero del gobierno del país exportador. De manera que solamente con un decidido mantenimiento de la capacidad inversora y con un denodado apoyo político, podrán mantenerse los ratios actuales de exportación que se estiman en un tercio de la producción nacional de defensa.

El amplio periodo de tiempo cubierto con los PEAS, programas iniciados a comienzos de los años noventa y que se extienden cuarenta años, obliga por una parte a suplir las deficiencias que no pudieron cubrirse con los PEAS en estos años pasados,y por otra, comenzar los nuevos programas de adquisiciones que deberán entrar en operación en la próxima década para reemplazar a los equipos de la generación anterior a los Peas, que tendránentonces una vida media de entre 35 y 50 años, superando ampliamente la vida útil para la que fueron diseñados.

Entre las primeras necesidades, lo más urgente es renovar la capacidad de entrenamiento de pilotos con el remplazo de las Tamiz y C-101; otras necesidades que deben satisfacerse son el reemplazo de la capacidad de reabastecimiento en vuelo, guerra electrónica, y sistemas de defensa antiaérea junto a los vehículos 8x8 y las fragatas F-110. Este bloque de programas permitirá mantener las capacidades actuales, especialmente algunas de ellas que son críticas para la operatividad de nuestras fuerzas armadas. Más a largo plazo deberán definirse nuevos programas en el campo de los vehículos no tripulados, nuevo avión de combate, nuevos buques para sustituir a las LPDs, patrulleros, aviación VIP, artillería autopropulsada, defensa de costas etc.

Junto a estos programas que podemos denominar estrellas, existen muchos programas de modernización y actualización de sistemas que requieren de acciones urgentes como la conversión a la versión F de los Chinook de FAMET para no perder el sostenimiento del US Army; helicópteros de la Armada, mantenimiento mayores etc. No puede olvidarse que los créditos de mantenimiento son críticos para poder mantener la capacidad operativa, utilizar los costosos sistemas adquiridos y tener la adecuada preparación. Si urgentes son los programas nuevos, la actualización de los recursos para mantenimiento son más bien críticos para incrementar la disponibilidad de los equipos en inventario, muchos de los cuales apenas son preservados esperando que haya recursos para su operación y mantenimiento.

Es decir toda una panoplia de programas que obligan a una actualización constante, pero así es la Defensa, un proceso constante de actualización, asignación de recursos etc. Los PEAS permitieron acometer programas en circunstancias excepcionales, pero se acabóconvirtiendo en ordinario el procedimiento excepcional y ahora deben coincidir en el tiempo los pagos de programas terminados con el lanzamiento de los nuevos. Recurrir a los mismos sistemas para lanzar nuevos programas ya no tiene sentido económico ni financiero, por lo que deberán convivir la asignación de recursos ordinarios presupuestarios para los nuevos programas con los presupuestos específicos para atender los pagos pendientes de los anteriores.

Un nuevo esfuerzo inversor debería ir acompañado, a mi juicio, de una serie de objetivosen los que el gobierno debe perseverar:

a) Una política industrial que prime e incentive el desarrollo tecnológico nacional y la participación de la industria española en los nuevos programas.

b) Un proceso de consolidación de la industria nacional para afrontar los retos de los nuevos mercados globales, en particular en el sector naval.

c) Selección de nuevos sistemas a adquirir en función de las prioridades de la Defensa y los recursos asignados. Es una anomalía que el país que menos dedica a Defensa de la Alianza Atlántica en relación con su riqueza, adquiera las plataformas más costosas y más avanzadas.

Pasos previos al inicio de un nuevo paquete de programas sería  presentar al Parlamento una Estrategia Global de Seguridad para la próxima década con objetivos de fuerza, equipamiento, recursos para operaciones y mantenimiento etc. como cualquiera de los documentos de estrategia de Francia, Reino Unido o Alemania, por citar algunos ejemplos.

Como una pieza subordinada de este documento, una Ley de Financiación de la Defensa que establezca los recursos asignados para la década y determine mecanismos industriales y de seguimiento de los programas para garantizar el cumplimiento de los plazos y de las prescripciones técnicas. Una Ley aprobada con el máximo consenso que garantice su continuidad con independencia de situaciones de interinidad o de cambio de gobierno.

4. Europa y Estados Unidos: el nuevo entorno.

Aunque la construcción de una defensa europea arrancó a comienzos de 1992 con la definición de las denominadas misiones Petersberg, poco se ha avanzado en esta integración, sobre todo por la coexistencia de la Alianza Atlántica como la gran organización de defensa occidental tutelada y financiada principalmente por Estados Unidos y Reino Unido; y también por las profundas divisiones que en materia de seguridad afectan a todos los países de la Unión Europea. Pero la nueva y cambiante realidad nos obligan a un gran impulso para construir una defensa europea creíble y dotada de recursos proporcionales a su peso político y económico.

La invasión de Crimea por Rusia y la intervención militar en un país soberano como Ucrania, constituyen un punto de inflexión sobre la posición de Rusia con respecto a Europa. Esta alteración del status quo, vino precedido de otros ataques a la soberanía de terceros estados como ocurrió con la invasión de Georgia y los ciberataques a los países del este de Europa, exige de una profunda reflexión sobre la estabilidad política en el este de Europa.

Con la invasión de Crimea, por primera vez desde 1945, un ejércitoinvadía ilegalmente un territorio soberano de un tercer país en Europa, a la vez que amenazaba a otros muchos países de su antigua órbita. Si a eso se unen el esfuerzo bélico de Rusia con un gasto en Defensa cercano al 6% de su PIB, las amenazas al trafico aéreo europeo y su intervención apoyando al régimen de Asad en Siria, fuera de la alianza internacional creada para acabar con el terrorismo islamista, nos encontramos en Europa con una potencia amenazante a su seguridad como no había ocurrido desde 1989.

Por otro lado, la inesperada victoria republicana en las recientes elecciones presidenciales y legislativas de Estados Unidos, abre nuevos horizontes de incertidumbre sobre la seguridad occidental. A pesar de la complejidad del mensaje del presidente electo, sí es clara en una gran parte de la sociedad americana la sensación de que Europa no contribuye a su Defensa de una manera proporcional a su riqueza y bienestar y que no debe ser el contribuyente norteamericano quien satisfaga este déficit de medios en la Defensa europea. Aunque esto no sea del todo correcto, ya que el principal beneficiador de la contribución norteamericana a la defensa de Europa es el propio Estados Unidos, sí se ha abierto un debate sobre un necesario reforzamiento de la seguridad en el marco de la Unión Europea.

El Brexit ha supuesto también que la Unión Europea haya perdido a su mayor polo de defensa. Reino Unido supone casi el 50% de la industria de defensa de la UE y un tercio de su gasto militar por encima de Francia y Alemania. Las declaraciones del gobierno de TheresaMay abogando por reforzar la colaboración bilateral con Estados Unidos,afectarán sin duda de forma profunda a la capacidad militar de la UE y obligará a un nuevo liderazgo en la Europa continental.

Todas estas circunstancias han conducido a que la principal preocupación en muchos países del Este de Europa sea su seguridad, y la justificación para su permanencia activa en la Unión Europea, es que ésta sea el suministrador de seguridad y su principal aliado frente a Rusia, a quien perciben como una amenaza real. Si la Unión Europea no satisface esta demanda, la situación podría evolucionar o bien hacia posiciones pro-rusas como ha ocurrido recientemente en Bulgaria y Moldavia o a tesis pronorteamericanas y euroescépticas como en Polonia y Hungría.

Alemania ha sido el primer país en pedir un mayor liderazgo europeo en nuestra seguridad y ha sumado a su iniciativa a las tres grandes potencias continentales, para iniciar un crecimiento sostenido del gasto en Defensa. El mayor reto para cualquier políticamultinacional es lo que el mundo anglosajón se denomina “burden sharing” cómo se comparten los costes entre los estados de la causa común de la seguridad. Las grandes disparidades existente entre los presupuestos de defensa de los países europeos, y de éstos en relación con las otras grandes potencias internacionales, constituyen sin duda el mayo reto para la existencia de la Unión Europea como una entidad política creíble en la esfera internacional.

Pero Europa sin duda también es una oportunidad para encontrar mecanismos e incentivos para incrementar el gasto en defensa. Por una parte, la utilización de mecanismos de pooling y de financiación comunitaria de operaciones de la Unión Europea, pueden coadyuvar a mejorar la situación de las fuerzas armadas europeas. Por otro lado, el convencimiento de servir a la causa europea de la seguridad e independencia, puede ser un incentivo más poderoso para explicar a la opinión pública la necesidad de incrementar los gastos en Defensa dentro de la Unión Europea.

En los próximos años, los grandes países europeos y España es un pilar esencial, deben dar pasos de gigante para devolver la seguridad perdida; disuadir a los enemigos y generar un pilar político occidental con voz propia y este reto es casi imposible de ser superado sin una política de seguridad y defensa reforzada que implicarán decisiones trascendentales en los próximos años.

Pero España tiene un largo trecho en el camino de la convergencia. Es el país europeo que menos esfuerzo realiza en Defensa, muy lejos de los siguientes como Alemania y Holanda e Italia que dedican unas cuatro décimas de PIB por encima de España. En el esfuerzo inversor y a pesar de incluir los PEAS, también somos el país que menor esfuerzo dedica a sus inversiones en Defensa, y en el gasto per cápita sólo estamos por encima de  China e India, por obvias razones. España no puede quedar por más tiempo al margen de la política internacional de la cual la Defensa y Seguridad es un elemento de creciente importancia, y sólo hay un camino que es volver a una senda de recuperación del gasto en seguridad, y de invertir en Defensa como un elemento dinamizador da la industria y las nuevas tecnologías asociadas.

 

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