Guerra Electrónica: Dimensión estratégica y retos de la industria
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Guerra Electrónica: Dimensión estratégica y retos de la industria

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La Guerra Electrónica (GE), también conocida como ElectronicWarfare, EW por sus siglas en inglés, se puede definir como la lucha por el control del campo electromagnético. Es una necesidad operativa esencial en la conducción de operaciones militares. Por sus características propias, supone una tensión entre réplica y contra-réplica, y por el elevado nivel de sofisticación, implica un esfuerzo tecnológico por llevar la delantera y mantener una posición ventajosa.

La guerra electrónica no se puede improvisar y necesita estar operativa tanto en tiempo de estabilidad como en los escenarios de conflicto, porque implica un entorno de retos constantes. En el ámbito de la inteligencia, por ejemplo, su empleo es la base de la SIGINT (inteligencia de señales) y, como sistema conjunto de obtención y elaboración de información electrónica, armoniza el funcionamiento de los diferentes ejércitos. Disponer de una buena GE significa estar en las vanguardias de las tendencias tecnológicas.

Para alcanzar la madurez, guerra electrónica implica largo plazo. Una auténtica capacidad de GE manifiesta una acertada coordinación entre cuatro elementos: las Fuerzas Armadas, los centros tecnológicos, la industria y la universidad. Históricamente, cabe destacar el impulso de la Jefatura de Apoyo Logístico de la Armada (JAL) para proyectos e inversiones nacionales, que comenzaron con fuerza en 1986. Como en otras áreas, las lecciones aprendidas han sido el motor para la innovación. En conjunto, podemos afirmar que España mantiene hoy una posición destacada en este entorno tecnológico, y que su nivel de capacidades es muy notable.

Abordar la GE necesita una perspectiva global, atendiendo a todas las disciplinas, soportes y tipos de ataque y protección. Es complejo, porque necesita estar adaptada para todas las plataformas (vehículos, blindados, aviones de caza y transporte, helicópteros, submarinos, fragatas…), y porque debe cubrir todas las áreas tecnológicas, incluyendo antenas, RF, digitalización, proceso de señal, etc. Lo más complicado es definir el ángulo de llegada, que es el quebradero de cabeza tecnológico.

El objetivo de la industria es dar respuesta a los usuarios finales, que son las unidades conjuntas, formadas por elementos terrestres, aéreos y marítimos. Los programas de I+D están sujetos al presupuesto destinado a tecnología e innovación. Del 2000 al 2016, ha pasado de 190 a 19 millones de euros, con una media aproximada de un 8% para los proyectos específicos de guerra electrónica. Sus responsables se enfrentan a dos retos: obtener nuevos conocimientos científicos y tecnológicos, e invertir esos esfuerzos para conseguir un nuevo producto mejorado o mejor adaptado a una nueva necesidad. El resultado permite desarrollo de equipos similares en exportación, lo que significa una ventaja competitiva para las empresas.

Los ojos están puestos en el Programa Coincidente, la Estrategia de Tecnología e Innovación de la Defensa (ETID) y en la Subdirección General de Planificación, Tecnología e Innovación (Sdgplatin). En la actualidad, hay más de ochenta proyectos en su mayoría en fase de desarrollo (sensores, contramedidas, sistemas, etc.). En concreto, cabe destacar el Sistema Santiago (Fase II), el mástil integrado de la F-110, la defensa de misil infrarrojo básico del A400M, el vehículo de infantería 8x8 y los sistemas para neutralizar la amenaza de los RPAS o drones.

Los proyectos del futuro deberán abordar tecnologías novedosas e imaginativas, como aquellas orientadas en pasar de la radio SW a la cognitiva, el uso de fotónica para trabajar con señales de luz, meta-materiales para lograr la invisibilidad, acústica contra los drones, mejorar los POD de reconocimiento electrónico operacional y táctico, o inhibidores contra la activación de explosivos improvisados RC-IED. La prospectiva de conflictos anuncia amenazas calificadas de “quinta generación”, lo que se traduce, en definitiva, en un espectro cada vez más denso y un nuevo reto para los actores involucrados en la guerra electrónica.



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