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OPINIÓN
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Perspectivas

Antonio Fonfría

Profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid


El nuevo paradigma del ciclo de vida

12/07/2017 | Madrid

Mucho es lo que se habla de la revolución industrial 4.0, de los retos de la producción aditiva, de la interconectividad entre sistemas, del uso debig data, de la robotización y de la capacidad de aprendizaje de los sistemas, de la biotecnología, etc. Cada sector intenta aplicar todos estos avances a su cadena de valor, desde el diseño hasta la comercialización y mantenimiento de sistemas complejos. Pero, ¿qué se está haciendo en el ámbito militar?

En términos generales, se está empezando a tomar en serio por parte de las FAS el tema del ciclo de vida, tal y como se puso de manifiesto en SYMDEX´17. Esto es debido a varios motivos. El primero de ellos tiene que ver con la escasez presupuestaria, que está obligando a alargar la vida operativa de muchos sistemas a falta de poder adquirir otros nuevos de elevado coste. En segundo lugar, se ha virado de situaciones en las que no se contemplaba más que el coste de adquisición –que supone una proporción relativamente reducida del coste total de un sistema-, frente a la actual en que se considera el conjunto de los costes hasta la retirada del activo de que se trate. En tercer lugar, las empresas presionan, comenzando a aplicar metodologías cada vez más complejas para reducir sus costes de apoyo y mantenimiento de sistemas, lo cual impulsa a las FAS a tomar decisiones que vayan en una línea similar.

Claramente, para el completo desarrollo de esta “revolución 4.0” –la cual, desde mi perspectiva no es tal, ya que es el resultado de un proceso dinámico de innovaciones incrementales y alguna que otra innovación radical que se lleva acumulando desde hace décadas-, es necesario un conjunto de cambios irrenunciables por parte, tanto de las empresas que trabajan para defensa, como de las propias FAS. Estos cambios podrían enumerarse como sigue:

1.- El cambio organizativo. Si bien cualquiera de las modificaciones que se van a mencionar sucintamente son de importante calado, ésta particularmente se constituye como condición necesaria. En el ámbito de las empresas es bastante obvio, ya que han de modificar las estructuras piramidales por otras más horizontales. En el caso del Ministerio de defensa, además de dicho cambio, habría que simplificar estructuras de toma de decisión, reducir de manera drástica las rigideces administrativas, mejorar los procesos internos de forma que se minimicen las duplicidades y que los ejércitos puedan aprovechar sinergias hasta ahora desaprovechadas y apoyarse en instituciones de investigación externas que pueden aportar un importante valor añadido.

2.- La formación. En este ámbito es necesario plantear los retos futuros desde una perspectiva muy distinta, ya que las necesidades de formación en determinadas disciplinas es fundamental para un desarrollo equilibrado de las nuevas oportunidades tecnológicas. Así, la formación universitaria –pero no sólo ella-, ha de flexibilizar el currículum en ámbitos como las ciencias aplicadas, la informática, la economía, etc. La importancia de este aspecto radica en que los equipos que se deberían formar han de poseer una amplia visión de los temas, por lo que han de ser multidisciplinares.

3.- La ciberseguridad. No parece muy complejo entender la relevancia de este aspecto,más aún cuando se trata de temas aplicados a las FAS, que requieren de unos niveles de seguridad importantes. Las inversiones en este campo han de ser acordes con la relevancia que posee, ya que el conjunto del sistema se puede venir abajo si no se cuidan las capacidades ciber. Incluso, habría que perder el miedo a compartir los problemas que una empresa o las FAS se encuentren por el camino, de manera que el proceso de aprendizaje sea cooperativo.

4.- Simulación y modelización. En términos más prácticos u operativos, la necesidad de desarrollar instrumentos de simulación y modelización se encuentra en el corazón del cambio. La toma de decisiones se basa, en una importante –y creciente-, proporción en la capacidad de adelantar acontecimientos, de conocer que comportamientos se observarían en el caso de que se actuase de determinada forma, etc. Aquí aparece de nuevo el tema de la formación, que ha de moverse de manera paralela a fin de que los equipos humanos sean capaces de responder a las demandas exigentes del nuevo escenario.

En el momento actual, sin embargo, nos encontramos aún lejos de competir en estos aspectos con industrias de otros países que los tienen más desarrollados. La necesidad de acelerar el proceso se basa en la obligatoriedad de generar capacidades competitivas que, a las puertas de un mercado de defensa cada vez más abierto y colaborativo, exige de los agentes un esfuerzo mayor.

No obstante, es necesario recordar que el objeto principal de todos estos cambios ha de ser doble: por una parte incrementar la disponibilidad operativa de los sistemas y, por otra, que dicha operatividad se obtenga a través del uso del menor volumen de recursos y de la manera más adecuada posible. Esto es, conseguir la mayor eficacia y eficiencia. Este es realmente el reto.

 

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