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OPINIÓN
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Firma Invitada

Francisco de Paula Romero Garat

El capitán de navío (R) Francisco de Paula Romero Garat es especialista en Electrónica, Guerra Electrónica y Sigint.


Competitividad y cooperación estratégica en la industria de defensa nacional

26/07/2017 | Madrid

Aunque este articulista pudiera ser catalogado como experto militar en materias de Inteligencia y Guerra Electrónica con un bagaje curricular nacional conjunto e internacional amplio, precisamente, por ello, tiene también una amplia experiencia en las relaciones de Defensa con la industria de defensa, sobre todo en el campo de la definición de capacidades y en la planificación de los recursos materiales, y por ello, como participante y observador de los procesos, se atreve humildemente a hablar y escribir sobre dos asuntos fundamentales en la industria de defensa de España, la competitividad y la cooperación estratégica.

Para ello quisiera aportar unas aclaraciones previas sacadas no solo de mi conocimiento, experiencia y formación, sino que también de información recogida de varias referencias documentales sobre grandes empresas y pymes, la mayoría de la CEOE y Cepyme, que creo que son útiles para entrar en este tema, sobre todo para lectores no familiarizados con el mundo empresarial y de la gestión de las empresas.

Se define una alianza estratégica a la unión de dos o más empresas para desarrollar conjuntamente alguna de las distintas modalidades de cooperación en los negocios, considerando un horizonte de tiempo de largo plazo. Dicho de otra manera, una alianza estratégica es una relación entre dos o más entidades que acuerdan compartir los recursos para lograr un objetivo de beneficio mutuo.

Es importante para el éxito de una alianza que exista un equilibrio de fuerzas entre las empresas, que todas den y todas reciban, la colaboración para competir a través de las alianzas estratégicas es una premisa que el mercadeo de hoy debe tener definitivamente en cuenta. Las alianzas estratégicas se conforman para lograr penetrar nuevos mercados, para desarrollar nuevos productos, para atacar zonas geográficas específicas, para optar con más solvencia a grandes contratos y para competir con las grandes empresas.

Las alianzas estratégicas son, hoy en día, una modalidad a la que recurren cada vez más empresas pyme para compartir recursos desarrollados y abundantes en una empresa, y escasos en otra; tanto en el aspecto financiero y de personal, como en las áreas comercial, técnica, tecnológica, fondos, inversiones, credibilidad, prestigio y sistemas establecidos de distribución a nivel nacional e internacional.

Esta manera de operar está adquiriendo gran importancia en el mundo de los negocios ya que la competencia global se intensifica en relación con accesos a mercados, nuevos productos, tecnología, recursos financieros, costos de fabricación o restricciones ecológicas.

Las alianzas crecen en número y en importancia. La razón de su crecimiento es que es mejor tener socios para poder competir. Se acabaron los tiempos en los que las empresas se fundaban, operaban y crecían con sus propios recursos financieros, humanos, tecnológicos y de mercado.

De entre las formas diversas de alianzas estratégicas, la Unión Temporal de Empresas (UTE) es un sistema de cooperación integrada en el grupo de consorcios, en el que las empresas participantes, cooperan por tiempo cierto, determinado o indeterminado para el desarrollo o ejecución de una obra, servicio o suministro. Son una forma de colaboración empresarial para acometer proyectos, obras o servicios de volúmenes importantes para una sola empresa, que además no tiene todas las capacidades para hacerlo individualmente y sí conjuntamente. Esta cooperación empresarial favorece el abaratamiento de costes, aprovecha sinergias comunes entre empresas y distribuye mejor los riesgos implícitos a proyectos en donde una sola empresa pueda comprometer su futuro. Es la fórmula ideal para que las pymes puedan competir con las grandes.

La responsabilidad de la unión temporal de empresas recae solidaria e ilimitadamente sobre los socios integrantes de la UTE, esto es importante, no hay trasvases de capitales, ni transferencia tecnológica, cada empresa mantiene su independencia pero compartiendo responsabilidades en este proyecto específico. Este punto es diferenciador sobre las Agrupaciones de Interés Económico (AIE), que son estructuras jurídicas similares que si gozan de personalidad jurídica propia.

El socio industrial en contraposición a socio capitalista, es el socio que aporta a la sociedad servicios y conocimientos técnicos, científicos o artísticos y que como aquél tiene derecho a participar en el reparto futuro de los beneficios.

Por otra parte, los socios tecnológicos son aquellos que se encargan de una parte crítica de una empresa, la asesoran o dotan de un valor determinado que hace a la empresa ser competitiva ahorrando costes significativos, o la dotan de otras ventajas con respecto a la competencia.

Las alianzas tecnológicas no sólo se realizan cuando una empresa cede parte de su porcentaje. Hay otras fórmulas como dejar de comercializar o desarrollar otros productos determinados, ofreciendo los que tu socio ofrece a cambio de un porcentaje de la venta o una suscripción. Otras ocasiones la empresa no dispone de equipo tecnológico y no se asocia con un sólo socio que vaya a trabajar al 100% en la empresa, sino con una agencia de desarrollo o con el propietario de la misma, que provee  a sus socios de los recursos técnicos y experiencia que dispone.

En definitiva, es socio tecnológico aquel que participa asesorando y proporcionando un valor determinado a una empresa mediante un contrato determinado sin participar en las cuentas de ella.

Valgan de recordatorio todas estas aportaciones como introducción para lo que realmente es el fundamento de este artículo, la cooperación o colaboración entre empresas para la competitividad desde la óptica de un espectador/observador sin intereses algunos en la Industria de Defensa.

Decía en anteriores artículos, tanto en este medio como en otros relacionados con la defensa, que con las restricciones económicas todavía existentes y con el monopolio práctico de los grandes, tanto tecnológicos como plataformistas, es fundamental y necesario que entre las pyme se compita colaborando y se colabore compitiendo.

Todo lo que he puesto en esta parte introductoria del presente artículo, concluye en que las alianzas estratégicas para la cooperación empresarial, son un modelo idóneo para que las pyme puedan competir o colaborar con las grandes al mismo nivel, y específicamente las UTE tienen ese propósito de facilitar la competitividad.

Hay otros muchos modelos de cooperación empresarial, empresa conjunta (joint venture), Subcontratación, Licencia, Franquicia, Externalización (spin off), Agrupación de Intereses Económicos (AIE), redes, central de compras, acuerdos de distribución, venture capital, etc, todos factibles para la Industria de Defensa nacional, pero desde mi punto de vista, en la actualidad, en el ámbito y con el panorama de la defensa, es la UTE la que representa el modelo propicio para la cooperación entre pymes y entre pymes y grandes empresas, para que puedan competir tanto nacionalmente como internacionalmente.

Hablo de competitividad auténtica, colaborando o no, de una competitividad transparente y precisa que sirva para la obtención de productos fiables y operativos.

La UTE es prácticamente la única oportunidad que pudieran tener esas pyme para participar en grandes y medianos programas y contratos, pero, paradojas del mercado, precisamente un modelo que se desarrolló con el propósito de la competitividad abierta entre grandes, medianas y pequeñas, ha sido tomado precisamente por aquellas, las grandes, en grandes programas y contratos, para establecer entre ellas un alianza estratégica para poder dominar a estas, dejando en sus manos la posible participación de las más pequeñas en otro tipo de cooperación mucho más sumisa como es la Subcontratación donde además, impone sus criterios.

Determinar en el sentido de este artículo quién es grande, mediano o pequeño es una asignatura de dimensionamiento, no de definición estricta de acuerdo con los términos generales, pues, una pyme puede ser grande ante una pequeña y pequeña ante una grande, pero es que una grande nacional, puede ser pyme en el ámbito multinacional y global, por ello, claro que es factible una UTE entre grandes para competir con más grandes, y así, sucesivamente.

Pero este artículo no quiere ser ni mucho menos una crítica a las realmente grandes y dominadoras en nuestro país que son tan necesarias como otras y que dan prestigio a España, es un artículo sobre competitividad abierta y transparente dirigido fundamentalmente a las pyme con el punto de mira puesto en su participación a través de alianzas estratégicas, no subcontratas, con las grandes en los grandes contratos y programas donde es necesario un gran músculo empresarial, pero sobre todo está dirigido a esa industria de defensa media donde no es tan necesario una fortaleza industrial, donde las pyme tienen puesto la mayoría de sus objetivos y sus esfuerzos pero que en muchas ocasiones les es difícil entrar y competir.

Pero vayamos a donde quiero llegar que no es a la queja ni la crítica, sino a lo positivo, a la que opino que sería necesaria, y yo diría, ventajosa colaboración entre pymes de la Industria de Defensa donde tenemos también empresas que juntas la pueden hacer grande: pymes plataformistas; pymes tecnológicas desarrolladoras de sistemas, equipos y componentes; y pymes integradoras con unas tecnologías innovadoras y en el estado del arte. Medianas y pequeñas empresas a las que les es difícil competir individualmente.

Un ejemplo vale más que mil palabras.

Pongamos un concurso, nacional o internacional, de nivel medio, no un gran programa, en el que se trata de dotar de una capacidad definida, a una o varias de las fuerzas armadas de un país o alianza determinada.

Supongamos que esa capacidad corresponde a una plataforma de nivel medio con unas características y capacidades específicas determinadas para cubrir una misión determinada.

Como soy marino, pongamos el ejemplo de un programa de obtención una plataforma naval media, tipo corbeta, BAM, OPV, patrullero que tenga unas capacidades de plataforma específicas, con unas ciertas capacidades conjuntas C4ISR, con capacidades específicas de Defensa Aérea y de Superficie, y con un armamento determinado.

Existen a su vez varios candidatos a los que de acuerdo con unos requerimientos de información previos se ha determinado que pueden optar a la contratación y son destinatarios de los pliegos de prescripciones técnicas detallados. Unos, los grandes hacen una oferta de plataforma y capacidades que cubren todas las necesidades, otros, las pyme, pueden ofertar sobre sistemas y capacidades específicas individualmente. Ambos ofrecen soluciones operativas viables con mayor o menor peso específico de los aspectos operativos, físicos, logísticos y técnicos vinculados a los factores definitorios del proceso de obtención como son el Material, la Infraestructura, los Recursos humanos, el Adiestramiento, la Doctrina y la Organización (Mirado). Evidentemente esos aspectos y factores tienen una gran importancia en el proceso de la decisión, y el aspecto de sostenimiento y las dimensiones y posibilidades de servicios durante el ciclo de vida, suponen una ventaja o un factor de riesgo importante a considerar.

Para poder competir en igualdad de condiciones y poder contar con tecnologías innovadoras desarrolladas por pequeñas y medianas empresas, autenticas “start-up”, las pyme podrían estudiar la posibilidad de una alianza estratégica tipo UTE que jugaría un papel fundamental en la hora de la decisión que pueda realmente y transparentemente competir en igualdad de condiciones que una grande o una alianza entre grandes. Imagínense que hay pymes plataformistas, pequeños/medianos astilleros, con la tecnología y la capacidad de llevar a cabo la construcción, montaje y armamento de esa plataforma pero sin otras posibilidades de cubrir otras capacidades, pero que hay otras que sí tienen la capacidad de desarrollarlas, por ejemplo, desarrollar y fabricar los sensores necesarios para ISR, Defensa Aérea y de Superficie, sistemas electrónicos de EW, Radar, Optrónicos y sistemas de ayuda a la navegación e identificación (GPS, IFF, AIS, etc), otras que tienen la capacidad de integración en un sistema de mando y control, otras desarrollan los sistemas de comunicaciones interiores y exteriores, y otras, desarrollan las armas y los sistemas de armas asociados. Unas cuantas pymes implicadas que primero puedan competir de verdad entre ellas, y después, las más idóneas, juntas, ahora sí, pudieran competir en igualdad de condiciones con las grandes.

En definitiva, hablamos de alianzas estratégicas y cooperación empresarial que desde mi humilde punto de vista, pienso pudiera ser la mejor forma de colaborar compitiendo y de competir colaborando, una solución para que nuestras pymes entren de verdad en la competitividad necesaria para un mejor desarrollo de la Industria de Defensa, en su beneficio, y en beneficio de la Defensa nacional.

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