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La Ventana

Análisis Infodefensa

Francia y Alemania impulsan la Europa de la Defensa

02/08/2017 | Madrid

Coincidiendo con la visita a Francia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se celebró en París el pasado 13 de julio la reunión del consejo de ministros franco-alemán. Una de sus decisiones más llamativas es el acuerdo para desarrollar un nuevo avión de combate para sustituir las actuales flotas de Rafale y EF2000. A mediados de 2018, se anunciará el calendario para desarrollar el avión de combate europeo de la segunda mitad del siglo XXI. Pero este anuncio no viene solo.

Se han planteado otras acciones a corto plazo para la siguiente fase del programa de helicópteros Tigre, el desarrollo del futuro Eurodrone o la posibilidad de iniciar proyectos colaborativos en carros de combate y artillería.

Detrás de estos proyectos se presenta la idea de reforzar la cooperación militar bilateral franco-alemana que se remonta al tratado del Elíseo firmado por De Gaulle y Adenauer en 1963 y que se potenció en la cumbre de La Rochelle entre Mitterrand y Kohl, 30 años después. Un camino largo que se ha recorrido sin prisa pero sin pausa.

La relación bilateral franco-alemana cobra mayor relevancia tras el Brexit. Francia mantiene una relación especial en materia de defensa con los británicos, iniciada en la cumbre de Saint Malo de 1998, que constituyó un hito importante para la defensa europea y que a nivel bilateral cristalizó en los acuerdos de Lancaster House firmados una década después. Se trata de una relación entre las dos potencias nucleares europeas, que sigue vigente y que tiene implicaciones en materia militar e industrial.

A través de acuerdos bilaterales con Alemania y Reino Unido, Francia se coloca en una posición privilegiada ocupando un papel central para el desarrollo de una defensa a nivel europeo manteniendo un vínculo especial con el Reino Unido, a la vez que se presenta ante EEUU como un país comprometido con la seguridad internacional porque ha sufrido, quizás como ningún otro en Europa, los efectos del extremismo yihadista. Así, las imágenes del desfile del 14 de julio que muestran una aparente buena sintonía entre Macron y Trump refuerzan la posición francesa para liderar la defensa europea con respaldo norteamericano.

Ese liderazgo deriva de una clara vocación de presencia internacional manifestada desde el advenimiento de la Quinta República allá por 1958 y que ha tenido continuidad durante 60 años. El resultado de esa política con visión a largo plazo permite que hoy Francia pueda jugar un papel activo en el desarrollo de la Europa de la Defensa y, especialmente, en la evolución de la industria del sector.

En el ámbito aeronáutico, tras una participación inicial en el embrión del programa Eurofighter, Francia lo abandonó para desarrollar en solitario el Rafale. Un programa que ha posicionado a la industria aeronáutica francesa en un lugar privilegiado, pero que no puede continuar en solitario de cara a la próxima generación de aviones de combate. Consolidada la posición francesa en el grupo Airbus, la experiencia de Dassault en el Rafale junto con la obtenida en programas de UCAS como el Neuron colocan a la industria aeronáutica francesa en una posición ventajosa para desarrollar los nuevos conceptos de combate aéreo, con sinergias importantes con la industria alemana que ofrece capacidades complementarias.

En el ámbito terrestre la fusión realizada sobre el grupo KANT necesita proyectos comunes para avanzar en la racionalización de una oferta que sigue estando muy fragmentada y que necesita ordenarse a partir del segundo tercio de este siglo. En el ámbito naval no hay competencia entre los astilleros militares franceses y alemanes que muestran también ámbitos de actuación bastante complementarios.

El acuerdo alcanzado a nivel franco-alemán plantea así una decisión estratégica con objetivos a largo plazo para potenciar la defensa europea y, en especial, proporcionar un impulso industrial mirando hacia la segunda mitad del siglo. La pregunta es: qué pasa con otros actores. Italia y España no pueden ir a remolque de lo que dicten París o Berlín y tarde o temprano tendrán que posicionarse.

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