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OPINIÓN
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Firma Invitada

Victor Iglesias

Ingeniero de Telecomunicación con 30 años de experiencia en el sector industrial de defensa.


Fuerzas Armadas y empresas: dos modelos no tan distintos

08/08/2017 | Madrid

Aunque llevo muchos años en el mundo industrial de Defensa trabajando en diversas empresas del sector, lo que me proporciona una cierta experiencia en modelos organizativos empresariales, mi primera experiencia laboral tuvo que ver con la milicia. Una vez finalizados mis estudios como ingeniero de telecomunicación hice mi servicio militar como Imecar (en la Armada como oficial de complemento). Salí de la Escuela Naval Militar como alférez de fragata del Cuerpo de Ingenieros y, parece ser que me gustó el entorno, porque estuve voluntariamente tres años adicionales a lo que representaba el servicio militar obligatorio.

Durante cuatro meses de forma acelerada los 'Imecares' recibíamos la formación militar que los profesionales de la Armada recibían durante cuatro años. Se trataba de convertir a universitarios en futuros oficiales de la Armada, por lo que la formación recibida no era técnica (se supone que de eso ya sabíamos) sino militar. Además de conocer la institución y sus reglas, una de las cosas en las que se hacía hincapié era en aprender a manejar gente. Se supone que esa es una de las cosas que no te enseñan en la universidad y que luego tiene que ir uno aprendiendo a lo largo de su carrera profesional. Y es evidente que una organización como es la Armada -las Fuerza Armadas, en general- necesita a sus oficiales, responsables de sus marineros o soldados, entrenados en labores de gestión de personas y liderazgo. En los más de cuatro años que permanecí en la Armada, aprendí mucho de gestión de personas, de liderazgo, de lealtad y de motivación.

Todas las organizaciones deben guiarse por unos principios básicos que deben ser de aplicación general, aunque siempre con sus especificidades. Las Fuerzas Armadas son una organización un poco especial: es una 'gran empresa' con una misión específica en la cual sus componentes en muchas ocasiones se juegan la vida ejecutando su labor profesional. Por ello, han de acentuar entre sus miembros algunas cualidades que también deben existir en el resto de organizaciones, pero que en su caso son pilares básicos: la obediencia, la lealtad y el liderazgo. Y es evidente que estas tres cualidades deben adornar a todos los buenos oficiales. ¿Como si no, los hombres van a seguir a su mando cuando hay que tomar una colina o defender un puente?

Y se ve que los profesores de la Escuela Naval y mis jefes militares durante mi estancia en la Armada hicieron bien su trabajo porque me inculcaron una serie de valores y de conocimientos (por cierto, sin que me diera cuenta) que yo involuntariamente debí absorber y que me han sido de gran utilidad durante mi carrera profesional en lo que respecta a la gestión de personas y el liderazgo. Eso, y lo aprendido posteriormente de mis jefes y compañeros en la vida civil, sobre todo en los primeros años laborales, han forjado mi carácter profesional.

¿Qué cosas me enseñaron en las Fuerzas Armadas? Me enseñaron a gestionar personas, formarlas profesionalmente, motivarlas, sacar lo mejor de ellas y hacerlas trabajar en equipo. Solo una muestra de lo aprendido, de una forma más o menos literal:

Todas estas afirmaciones aprendidas en la organización militar son totalmente aplicables a una empresa (otra organización semejante casi siempre menos compleja que las Fuerzas Armadas). Y de hecho, durante mis siguientes experiencias profesionales en diversas empresas del sector de Defensa, asistí a múltiples cursos impartidos por reconocidas compañías de formación que te entrenaban en el complicado mundo de la gestión de personas:liderazgo, motivación y gestión de equipos. Y el resultado era que me contaban lo mismo que ya aprendí anteriormente en las Fuerzas Armadas y que muchos años después, echando la vista atrás, comparé con las actitudes que habían tenido conmigo algunos de los jefes o compañeros que tuve, con resultados razonablemente dispares. En alguna ocasión he pensado: "Éste tenía que haber pasado por la Escuela Naval o por algunos de los destinos que yo disfruté en la Armada a ver si así aprende algo".

Parafraseando al teniente general Félix Sanz Roldán cuando era Jemad: "Nosotros (por las FAS) disponemos de un instrumento de management que, estoy prácticamente seguro, no tiene ninguna otra empresa con el mismo número de empleados. Y ese manual son las Reales Ordenanzas. Algunos de sus artículos son per se un manual de gestión y paradigma de lo que debe ser un buen jefe, y eso sirve tanto para el director general de una multinacional, como para quien dirige un equipo de tres personas en una cadena de montaje. Además, contienen un código ético, que es la clave para que funcione bien una institución".

Después de años trabajando de diversas organizaciones y en entornos laborales dispares, he elaborado una teoría propia según la cual el primer trabajo imprime un caracter imborrable que afecta al resto de tu futura trayectoria profesional. Es como el primer amor, te marca y te deja huella. Uno se pasa la primera parte de su vida estudiando todo el tiempo y solo sabe hacer eso, estudiar, porque esa es su obligación. Y luego desembarca en el mundo laboral, sin saber muy bien qué es trabajar, qué se espera de él y cómo funcionan las relaciones con sus jefes y sus compañeros en todos los ámbitos.

Dependiendo de la organización en la que caiga, ese aterrizaje puede ser motivador por dar con unos jefes y compañeros que, a pesar de exigirte, te arropen, te ayuden, te enseñen a trabajar en equipo, puedas aprender de ellos y que, en definitiva, te hagan crecer laboral y profesionalmente. O puede tener mala suerte y acabar en una organización mal estructurada y tóxica, con jefes que te oprimen, Te dejan de la mano, no te enseñan nada más que a ser un tirano y a compañeros que van a lo suyo y en donde hasta te hacen dudar de tu valía profesional. Pasado un tiempo, cada uno de ellos pensará: "¡Ah! ¡Esto es trabajar! Sabía que era estudiar y ahora sé que es trabajar". El primero lo acompañará de un "qué bien" y el segundo de un "pues no me gusta mucho". En cualquier caso ya te has puesto una referencia que te acompañará a lo largo de toda tu carrera profesional y cada vez que desembarques en una nueva organización, inconscientemente compararás lo que estés viviendo con tu referencia, con las imaginables consecuencias (positivas o negativas) dependiendo de tu experiencia inicial. Una buena referencia inicial te pondrá en el buen camino para una progresión profesional y una mala referencia te encaminará hacia la negatividad y la toxicidad laboral.

Afortunadamente en mi caso, mi primera experiencia profesional fue en la Armada Española.  

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