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OPINIÓN
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Firma Invitada

Carlos Delgado

Ingeniero técnico industrial y analista de Defensa.


Tecnología disruptiva en la industria de Defensa

27/12/2017 | Madrid

La innovación tecnológica, en el ámbito militar, es uno de los elementos clave para lograr la ventaja operacional de nuestras Fuerzas Armadas, en tanto que permite una superioridad en el enfrentamiento. Si recordamos el ciclo OSDA esto se entiende de una manera muy completa.

Los puntos básicos a los que debería atender el sistema de mando y control se podrían agrupar en:

Todos estos puntos se resumen en cuatro acciones bien delimitadas: OBSERVAR-SITUAR-DECIDIR-ACTUAR. El ciclo OSDA es como el ciclo Deming o PDCA aplicable a la industria.

Pues bien, cuanto más corto sea el tiempo en cada una de estas etapas en menos tiempo se completará el ciclo. A mayor número de ciclos OSDA completados antes que el enemigo, mayor será la ventaja de la anticipación.

Con lo dicho anteriormente se puede entender o intuir la importancia de la tecnología en la adquisición de ventaja operativa para nuestras Fuerzas Armadas, a propósito además de que la doctrina estratégica de las sociedades modernas tiende a amoldarse a la tecnología disponible, es decir, situarlas en una posición de poder frente al enemigo en función de la inversión en innovación, entre otras cosas.

Ser propietarios de la tecnología y por lo tanto de la innovación proporciona libertad de movimientos, algo que quedará patente en la interacción estratégica y en las líneas de actuación de las Políticas de Defensa.

Los sistemas tecnológicos iniciados en la década de los 70 del pasado siglo y mejorados a lo largo de todo este tiempo como es el caso de los sistemas C4ISR, es decir, proyectos de control, gestión, intercambio y cruce de datos para hacer posible una convergencia total de información (Network Centric Warfare), los sistemas GPS, tecnologías furtivas o munición de precisión, son sólo algunos ejemplos de lo que hasta ahora fue la espina dorsal de la innovación en Defensa en el mundo occidental y que están completando ya su ciclo de vida.

Esta tecnología ya no es garantía de ventaja operacional, menos aún en conflictos asimétricos o en los más recientes conflictos híbridos. Por eso la necesidad de una nueva manera de innovar. La tecnología disruptiva. Ideas diferentes generadas a partir de gente diferente: emprendedores, microempresas, liderazgo y valentía. Gente capaz de cambiar el curso de la dinámica estancada de las grandes empresas y corporaciones.

"No esperes resultados diferentes si siempre haces lo mismo", es una gran frase de Albert Einstein, fácil de entender y sin embargo tan difícil de aplicar. La inercia en una manera de actuar en una gran corporación es difícil de cambiar. Responde al criterio de que es mejor cometer errores siguiendo la filosofía empresarial, marcada por un colectivo, rémora del pasado y que a fin de cuentas es la misma que aplica a los propios competidores, que arriesgarse y tener la posibilidad de triunfar. No se busca ser el mejor, se busca mantener una cuota de mercado, mejorarla en el mejor de los casos sin arriesgar el confort adquirido, o sea, arriesgar, pero poco.

Pero a veces un único cambio es suficiente para una nueva mentalidad. Un mismo paisaje cambia por completo sus posibilidades si nos adentramos en él caminando, en bicicleta o en coche. Muchas veces en el cambio de actitud está la clave de un nuevo dinamismo.

La ministra de Defensa doña María de Cospedal ha anunciado un nuevo ciclo inversor para los nuevos Programas Especiales de Armamento. Principalmente las nuevas fragatas F-110 para la Armada; el nuevo vehículo para el Ejército de Tierra 8x8; y la sustitución de los ya veteranos F-18 del Ejército del Aire. Un nuevo ciclo inversor que sería muy bueno fuese acompañado de una nueva forma de hacer las cosas, de una innovación disruptiva.

Siempre se ha dicho que la Industria de Defensa es una fuente de primer orden en cuanto a innovación y desarrollo. Pero esto es una verdad a medias.

Sí lo es en cuanto a la fase de desarrollo de un proyecto, donde la libertad del papel facilita la imaginación, pero no lo es tanto en los procesos de gestión, donde la rigidez de normas, tiempos y actividades, en definitiva, una manera de actuar que no ha evolucionado o ha evolucionado muy poco penaliza de manera flagrante al proyecto.

Tampoco lo es en los procesos de fabricación que bien se asemejan a una producción artesanal más que industrial, impuestos sobretodo por el número de unidades de fabricación, especialmente cuando hablamos de vehículos, buques o aviones.

La innovación disruptiva no se aplica sin más. No cae del cielo y listo, sin que dé quebraderos de cabeza a todo aquel que tenga capacidad de decisión en una corporación. La innovación disruptiva hay que buscarla y trabajarla. Se necesita de talento.

Talento disruptivo, que puede llevar a una empresa al éxito. Puede que exagere, pero lo que seguro hará es proporcionar soluciones diferentes a problemas planteados y mantenidos en la Industria de Defensa actual. Por lo que la innovación disruptiva empieza por el talento disruptivo, o sea, en la adquisición de talento.

Adquirir talento es complicado, sobre todo si nunca se ha buscado. Detectarlo de manera eficiente es algo que compete a toda la corporación en su conjunto, pues es la empresa, los que tienen capacidad de decisión, los que deben liderar la dinámica y proporcionar los medios necesarios para el desarrollo de ideas. La otra opción es seguir haciendo lo mismo, es más barato y más cómodo, sin necesidad de adquirir talento, tan sólo un departamento de Recursos Humanos para reemplazar a uno u otro trabajador en función del cliché que se necesite.

Un equipo encargado de la innovación no puede nacer a partir de reglas rígidas, bien sean reglas corporativas o de otra índole y de burocracia variada. Un equipo innovador ha de ser un equipo valiente. No hay innovación disruptiva sino hay valentía.

¿Por qué es importante el equipo encargado de la innovación? Porque serán los actores principales de cambiar la empresa: disrupción empresarial. Han de convertir la innovación en una de las capacidades elementales de la empresa. No se trata ya de asociar un producto más o menos estándar con un proceso lógico de producción a una marca empresarial. La columna vertebral ahora es la innovación, que además ha de ser disruptiva y no puede haber innovación disruptiva si no hay experimentación y esto es la base con lo que todo empezó, enfrentándonos al futuro desde el pasado, volviendo a los principios científicos de la experimentación, a la iniciativa propia de experimentar sin que nadie nos lo pida, prueba y error y eso no es otra cosa que valentía.

Steve Jobs, fundador de Apple decía, o por lo menos eso se le atribuía, que no tiene sentido contratar a personas inteligentes para decirles qué han de hacer. Y es verdad, pero contratar inteligencia es contratar talento y para contratar talento y sobretodo mantenerlo la motivación debe ser diaria. Ese es el esfuerzo en el que ha de invertir la empresa. Aunque siempre está la alternativa de seguir haciendo todo igual, que desde luego requiere menos esfuerzo.

La captación de talento para desarrollar tecnología disruptiva es la base de la nueva capacidad industrial. Hoy la industria no sirve de nada si no sirve para cambiar las cosas.

Invertir en talento significa hacerlo en ideas, en procesos innovadores; significa rodearse de expertos, del ámbito científico, tecnológico, universitario, estudiantil, miembros de las Fuerzas Armadas, ingenieros… significa ampliar el campo de búsqueda de talento no acotarlo.

Hoy las corporaciones empresariales se gastan miles de millones en estrategias de marca porque entienden el poder de la marca en relación con su oferta.

¿Es mejor apostar por tu producto o por tu marca? La marca es la combinación de factores cuantificables o no, capaces de aportar la suficiente confianza en el cliente para comprar tu producto y no otro, pero ¿qué ocurre si mi producto es el resultado de una innovación tal que la propia innovación resulta por convertirse en mi producto, en qué lugar queda mi marca? En definitiva, innovación disruptiva, y tu marca estaría supeditada al talento, que no es otra cosa que valentía.

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