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Enrique Navarro

Presidente de MQGlobalNet y analista de Defensa.


Los retos más acuciantes de la nueva ministra de Defensa

07/06/2018 | Madrid

El nombramiento de Margarita Robles, quizás la mano derecha del presidente del Gobierno, como ministra de Defensa, es una extraordinaria buena noticia aunque sólo sea porque vuelve a colocar a la defensa en el eje de las políticas de Estado, como ocurrió al nombrar a la ministras anteriores y al propio José Bono y José Antonio Alonso, es decir, pesos pesados de sus partidos. A ello se añade una dilatada experiencia profesional habiendo sido secretaria de Estado de Seguridad en los años de plomo, cuando hubo que superar la trágica etapa de los GAL y la corrupción en el Ministerio del Interior de comienzos de los años noventa.

Pero también es una mala noticia que el presidente haya anunciado que es un gobierno para unos meses; lamentablemente la defensa de un país no se hace para unos meses, ni se pueden abordar cambios relevantes para unos meses ni tomar decisiones trascendentales para las próximas décadas para unos meses. La Defensa es un complejo ejercicio de planificación de riesgos, de necesidades y de decisiones sobre cómo satisfacerlas, que se hace para mañana y para el año 2050. Las inversiones que hoy está planeando el Ministerio de Defensa estarán operativas cuando la ministra y un servidor estemos criando malvas, porque España seguirá existiendo con sus necesidades y ambiciones.

Así que la primera reflexión que debe hacer la nueva ministra es definir si va a ser la ministra que gestione unos meses para mejorar la imagen electoral del partido del presidente, o si va a iniciar un camino de reformas que tengan continuidad más allá de la vida de este gobierno. Si el objetivo es el primero, lo mejor es que no toque nada de lo que ya estaba hecho, y que dé continuidad; pero sería una gran oportunidad perdida.

La defensa mantiene una estructura que se remonta a los programas del general Cuartero Larrea, 'Por tierra, mar y Aire'; apenas se ha tocado nada y hoy en día tenemos un entorno de seguridad y de amenazas que poco o nada tiene que ver con un diseño demasiado anclado en el pasado, conocedores todos los ministros que han pasado por Castellana 109, que la defensa es una estructura muy pesada, con tendencia inmovilista, lo que es absolutamente normal y esperable.

Lo fácil es pedir a la ministra y al nuevo gobierno que continúe invirtiendo más; que cumpla con los compromisos adquiridos con nuestros socios y aliados, que no detenga, sino al contrario empuje los programas de modernización, y no voy a ser yo quién no diga que se sigan estos consejos. Pero lo importante no es tanto el cuanto sino el cómo y el para qué. El tradicional ejercicio de incrementar recursos cuando sube la economía y recortarlo cuando bajan nos ha llevado a una estructura de gasto y de ministerio insostenible donde sólo crecen los gastos de personal, a costa de sacrificar modernización y sostenimiento.

Existe una estrategia de seguridad de la que no se derivan decisiones económicas ni tampoco proyecciones de compras; los objetivos a menudo van por un lado y los medios por otro. Y debemos asumir que la estructura del ministerio y de las fuerzas armadas no se ajusta a la realidad presupuestaria; y si esta no va a cambiar significativamente, entonces toca pensar en hacer como un razonable padre de familia, adaptar los gastos a la realidad.

La primera pregunta que debe hacerse cualquier gestor de la defensa es para qué queremos las fuerzas armadas, y para qué tipo de conflicto y de disuasión las necesitamos. ¿Qué nivel de contribución queremos tener en las misiones internacionales tanto cualitativa como cuantitativamente. ¿Realmente con un 0.7% del PIB podemos mantener un ejército de 110.000 hombres? ¿Podemos creernos la ilusión de que en caso de necesidad vamos a poder movilizar todos los medios que se compraron y que ahora no operan por falta de presupuestos?. ¿Vamos a comprar más sistemas para que luego no podamos operarlos?. Estas son las cuestiones que deberíamos plantearnos pensando en una estrategia a largo plazo.

En cuanto al cómo también hay mucho que hacer; ¿Qué política industrial o tecnológica se va a desarrollar? ¿Qué modificaciones en la gestión se van a poder ejecutar? ¿Qué esquema de sostenimiento queremos? ¿ Cómo queremos involucrar al sector privado en la gestión de la defensa?.

Pero también vivimos en una sociedad que ha cambiado mucho, y a mejor, y el nuevo equipo del ministerio debe trasladar a la vida interna de las unidades, de las oficinas, las mismas demandas sociales, económicas, culturales, educativas que se dan en la vida real. No puede ser un mundo ajeno a la realidad. La amplia presencia de mujeres en el gobierno, en un gesto sin precedentes en la lucha por la igualdad, nos envía un poderoso mensaje a favor de la igualdad entre géneros y en el respeto, igualdad que seguro no se ha dado con tanta intensidad en otros colectivos como desde la incorporación de la mujer a nuestras fuerzas armadas.

La atención a las peculiaridades y necesidades del personal militar y funcionarios del ministerio debe ser asimismo otra prioridad; no olvidemos que la milicia es una legión de hombres (perdonen que Calderón no sabía mucho todavía del feminismo) y mujeres honradas, y que la defensa de sus derechos, la protección de sus necesidades, la preparación para una vida civil fuera de la milicia, la asignación de medios eficaces, constituyen objetivos ineludibles.

Ahora toca ver qué decisiones se toman en los próximos meses, pero no podemos olvidar que en Defensa lo único que no vale es la improvisación. Ministra suerte y al toro.

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