OPINIÓN
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Perspectivas

Carlos E. Hernández

Caracas, 1946. Corresponsal de Infodefensa.com en Venezuela. Abogado por la Universidad Central de Venezuela (UCV). Postgrado y especialista en desarrollo económico e integración latinoamericana (UCV e Intal, Buenos Aires). Egresado del Center for Hemispheric Defense Studies de la National Defense University (Washington, D.C.). Periodista de Notitarde. Autor de libros y artículos de seguridad y defensa y miembro de Red de Seguridad y Defensa de América Latina (Resdal).


La Fuerza Armada Nacional Bolivariana ante la actual crisis venezolana

28/11/2016 | Caracas

Venezuela se encuentra inmersa en una profunda crisis política, económica y social, en la que una gran mayoría, según las más recientes muestras de opinión, reclama un cambio radical en la conducción del país, lo cual implica, entre otras cosas, la salida del actual presidente Nicolás Maduro.

La oposición formal, organizada en la denominada Mesa de la Unidad Democrática, reitera que busca una “salida pacífica y electoral” a la crisis a través de los mecanismos establecidos en la Constitución Nacional, como lo es la realización de un referendo revocatorio en contra del presidente Maduro. A su vez, el Gobierno se niega a medirse en elecciones y ha bloqueado todas las iniciativas en ese sentido, mientras insiste en imponer un modelo socialista como lo concibió el fallecido presidente Hugo Chávez Frías. Distintos factores internacionales intentan mediar para que se logre una solución consensuada, pero no se observa ningún avance importante en ese sentido.

Mientras se acentúa el enfrentamiento político, crece el desespero de una población agobiada por la crisis. Persiste la escasez de alimentos y medicinas, entre una interminable lista de productos básicos, a la vez que la inflación acumulada durante el año alcanzó el 525,4% al cierre de octubre pasado.

Uno de los actores principales en ese escenario de alta conflictividad es la institución militar venezolana, la cual, según repiten sus altos mandos, está comprometida a preservar y defender el “legado del Comandante Supremo y Eterno (Chávez)”.   

Cómo forjar una Fuerza Armada 'revolucionaria'

Hay que recordar que el actual régimen político venezolano es de origen militar. El denominado “proceso revolucionario bolivariano” comenzó a forjarse en los cuarteles y la Academia Militar a comienzos de los años ochenta, cuando su inspirador, el entonces teniente Hugo Chávez, reclutaba a compañeros de armas y subalternos para su causa. Su aparición en la escena pública se dio en febrero de 1992, cuando Chávez, ya teniente coronel, insurgió infructuosamente en contra del gobierno constitucional de su país, pero fue en diciembre de 1998 cuando finalmente alcanzó la presidencia de la República mediante elecciones.

Desde el mismo momento en que Chávez asumió el poder, en febrero de 1999, se abocó a transformar a la institución armada venezolana en el pilar fundamental de su proceso revolucionario. El primer cambio importante tuvo lugar, a finales de ese año, con la promulgación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en la que las Fuerzas Armadas Nacionales cambiaron su denominación plural por la de Fuerza Armada Nacional, mientras que las cuatro fuerzas (Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Guardia Nacional) pasaron a denominarse “componentes”. Fue, sin embargo, nueve años después cuando a todas las denominaciones se les agregó el adjetivo “bolivariano”, que oficialmente se le asocia con el Libertador Simón Bolívar, pero que generalmente se le identifica con el movimiento político liderado por Chávez.

También, desde un comienzo, Chávez fue distanciando a las Fuerzas Armadas venezolanas de las norteamericanas hasta que en 2006 rompió definitivamente los vínculos militares existentes entre Venezuela y Estados Unidos. A la vez, concretó acuerdos en materia militar con sus nuevos “aliados estratégicos”, en especial Belarús, China, Cuba, Irán y Rusia.

Ahora bien, fue a partir de 2004 cuando se aceleraron los cambios. Una vez que consolidó el poder político, Chávez formuló un nuevo concepto de defensa nacional fundamentado en tres líneas estratégicas: Fortalecimiento de la Fuerza Armada, Profundización de la unión cívico militar y Fortalecimiento y participación popular en la Defensa Nacional.

En ese orden, surgió la nueva doctrina militar venezolana, Defensa Integral de la Nación, en la que la estrategia es la defensiva, cuya hipótesis se traduce en un conflicto contra una “fuerza imperial” (léase: Estados Unidos y sus aliados), lo cual implica prepararse para liberar con éxito una Guerra Popular Prolongada. A tal efecto, se implementó un sistema defensivo territorial conformado, hasta ahora, por ocho regiones estratégicas de Defensa Integral.

Plan de reequipamiento militar

Respecto al Fortalecimiento del poder militar, entre otras cosas, se puso en marcha un importante plan de reequipamiento militar recurriendo principalmente a los nuevos “aliados estratégicos”, que reemplazaron a la mayoría de los antiguos proveedores de armamento. Del mismo modo, se incrementaron los esfuerzos para concretar la llamada “unión cívico-militar”, orientada a “garantizar la continuidad de la Revolución Bolivariana”. Finalmente, el Fortalecimiento y participación popular en la Defensa Nacional se materializó con la institucionalización de la Milicia Bolivariana como un “cuerpo especial”, conformado por voluntarios civiles, para  “complementar” a la Fuerza Armada Nacional.

Alcanzados esos objetivos, se dio inició a la etapa de ideologización política de la institución armada. A partir de entonces, el socialismo es materia de estudio en los institutos educativos de la Fuerza Armada y la palabra “socialismo” fue incluida en el saludo protocolar y consignas militares.

De esa manera, en los últimos 17 años las Fuerzas Armadas de Venezuela, más que ninguna otra en la región latinoamericana, han sufrido una profunda transformación en cuanto a doctrina, organización, despliegue y equipamiento. Y cómo resultado, Venezuela cuenta en la actualidad con una Fuerza Armada que, entre otras cosas, se declara abiertamente “Bolivariana, Revolucionaria, Antiimperialista, Socialista y Chavista”.

Ahora bien, ante la grave situación actual por la que atraviesa el país y lo que pueda suceder en el futuro inmediato surgen, para muchos, varios interrogantes: ¿Es realmente la Fuerza Armada Nacional, en su totalidad, incondicional al actual régimen político imperante en Venezuela? ¿Se puede medir el pulso interno de la institución? ¿Se puede saber que piensan la mayoría de sus integrantes?  

A juicio de quien esto escribe, no es posible responder a ninguno de esos interrogantes y solo tendrán respuesta en el eventual caso que se presente una grave coyuntura política que obligue a fijar posiciones. Por lo tanto, cualquier cosa que se diga sobre el particular cae en el campo de las especulaciones. Es de esperar, sin embargo, que la Fuerza Armada Nacional se mantenga en el marco de la Constitución Nacional.

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