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OPINIÓN
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Perspectivas

J.A. Quevedo

José Antonio Quevedo es licenciado en Contaduría por el IPN. Fotógrafo y periodista, cuenta con uno de los archivos más importantes de México, con más de 15.000 fotografías de aviones. Es autor de varios libros, como F-5 en Latinoamérica, Caballeros Águila, Fuerza Aérea Mexicana, La Aviación Militar Mexicana o Entre la modernidad y el pasado, entre otros. Analista de reconocido prestigio, ha sido ponente en semiarios de la Universidad Anáhuac y la Secretaría de la Defensa Nacional.


El crecimiento de la industria militar mexicana

11/07/2017 | Ciudad de México

Hace algunos meses se daba cuenta de un anuncio que a la larga será muy importante, en el que el general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa Nacional informaba que la industria militar empezaría a producir sus propias aeronaves. Este es un paso importantísimo, ya que por la vía gubernamental se retomaba la construcción de aviones en México. La ruta tomada tomo por sorpresa a muchos ya que contrario a como se desarrolla la industria aeroespacial en México, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) tomaba en sus manos este proyecto, vía la Industria Militar.

En otra esfera del Gobierno, la Secretaria de Economía apostaba al desarrollo de un nuevo avión hecho en México, el Learjet 85, que sería construido en Querétaro por Bombardier, pero las condiciones del mercado de aviones ejecutivos, pospusieron el proyecto. En los últimos diez años, el sector, antes casi inexistente, ha crecido a un ritmo promedio del 17% anual en términos de exportaciones y el número de empresas ha aumentado a más de 325. Entre estas empresas se encuentran subsidiarias de compañías de la talla de Bombardier Aerospace, Honeywell, GE, Safran y Airbus Helicopters.

Tercer polo de atracción de proyectos del mundo

La industria aeroespacial en México ha crecido un 14 por ciento en los últimos años, durante 2014 registró un incremento de 18 por ciento, con exportaciones arriba de los 6.400 millones de dólares, y se espera que para el 2020, las ganancias sean de 12.500 millones. México se ha posicionado como el sexto proveedor de partes aeronáuticas a Estados Unidos y en el lugar número 14º a nivel mundial además de ser el tercer destino de atracción de proyectos de Inversión Extranjera Directa aeroespacial tan solo por debajo de Estados Unidos y el Reino Unido.

México cuenta con más de 300 empresas en el ramo ubicadas en 18 estados del país. Destacan los clústeres aeronáuticos de Baja California, Chihuahua, Nuevo León, Querétaro y Sonora, dando una nueva vocación al norte y centro del país, además de darle prestigio a todo México, el sector aeroespacial se ha convertido en uno de los más dinámicos y estratégicos ya que es una es una industria que genera más de 50.000 empleos de calidad y bien remunerados.

En Tierra también se dieron pasos

Al igual que la Secretaria de Marina que está consolidando su industria naval con la construcción de  buques, como las patrullas oceánicas clase Durango, por dar un ejemplo, la industria militar mexicana, a partir de los años ochenta, comenzó un proceso de modernización con proyectos nuevos como los vehículos blindados de reconocimiento DN-IV y DN-V Toro, entre otros, además de desarrollar ente otros muchos proyectos unos cohetes tierra-aire llamados Quetzalcóatl, para el nuevo siglo la industria militar desarrollaría proyectos de mayor alcance tecnológico y en mayor numero, luego de que el alto mando de la Sedena definiera ya no comprar vehículos tácticos blindados en el extranjero y optara por el desarrollo de los propios lo que representaba un ahorro de aproximadamente el 35 por ciento en la inversión total.

Los últimos vehículos comprados fueron los SandCat, de diseño israelí y fabricados en los Estados Unidos. La Sedena invirtió inicialmente 60 millones de pesos para la fabricación de un primer lote de vehículos blindados DN-XI a través de su línea de ensamble. Se trata de un vehículo blindado similar al SandCat diseñado por los ingenieros sobre la base del chasis de la camioneta Ford 350. El sucesor del DN-XI es el Kitam, aunque el diseño y construcción del prototipo alcanzó los diez millones de pesos, su eventual manufactura en serie rondaría los cinco millones de pesos por unidad. Se trata del transporte con nombre código Kitam (Jabalí en maya), es un vehículo táctico cuatro por cuatro, de más de tonelada y media de peso y con doble capa de blindaje para resistir disparos de granadas y misiles ligeros y de cualquier tipo de munición perforante. La unidad fue diseñada por ingenieros militares y construida por completo en la ensambladora de la Dirección General de Industria Militar (DGIM). Su chasis está inspirado en el de los camiones  Dodge Ram 3500/5500, con las modificaciones necesarias para adaptarlo a su uso castrense.

Uno de los proyectos estrella habla náhuatl

Otro de los  proyectos de la industria militar es sustituir 121 mil fusiles de guerra alemanes G3 H&K cuyo diseño data de la mitad del siglo pasado y asignados aun a la mayoría de las tropas del Ejército mexicano, por el fusil  FX-05 Xiuhcóatl. El FX-05 Xiuhcóatl  (serpiente de fuego en lengua náhuatl), no es un rifle secundario o alternativo, es nada más y nada menos que el arma reglamentaria de toda la tropa y la que usarán los soldados mexicanos en las eventuales misiones de cascos azules de la ONU.

Con todo lo comentado anteriormente, el impacto tanto de la Industria aeroespacial mexicana y la industria naval y militar se ha notado en el seno de las fuerzas armadas mexicanas, por ejemplo en la renovación de las flotas aéreas, que han podido acceder a mejores aeronaves, en mejores condiciones de precio y de entrega.  La Sedena y Semar en los últimos seis años destinaron un presupuesto promedio anual de 1.490 millones de pesos a sus compras de aeronaves, señalando que el gasto de defensa de México comparado contra su presupuesto es uno de los más bajos a nivel mundial, fluctuando en 0,5% del PIB, muy por debajo de la mayoría de países de América Latina, que oscila alrededor del 1,31%.  Al respecto, los planes sectoriales y de trabajo de la Fuerza Aérea Mexicana,se enfocan en ese sentido, definiendo metas a corto y largo plazo respecto a doctrina aérea, adiestramiento y adquisición de aeronaves.

La reconfiguración administrativa

Con esos antecedentes la Sedena tuvo la visión de incorporar a su industria militar la Subdirección General de Industria Aeronáutica Militar, que fue creada el 12 de noviembre de 2014, misma que se encarga de realizar  las siguientes funciones.

A. Realizar estudios tendientes a determinar los requerimientos industriales de la Fuerza Aérea, así como las áreas de oportunidad para el desarrollo de proyectos de investigación y desarrollo tecnológico en aeronáutica.

B. Realizar estudios tendientes a optimizar los medios industriales de la Dirección General de Industria Militar, para apoyar logísticamente a la Fuerza Aérea Mexicana.

C. Coordinar con el Complejo Logístico de la Fuerza Aérea Mexicana los trabajos de investigación, desarrollo y mejoras susceptibles de aplicar al mantenimiento de aeronaves militares, con el fin de disminuir la dependencia del extranjero en materia de aeronáutica militar.

D. Ejecutar los planes y programas que se autoricen en materia de desarrollo industrial aeronáutico militar.

E. Planear, administrar y explotar el instrumento de comercio internacional de Compensaciones de Defensa u Offset (por sus siglas en ingles).

F. Proponer y coordinar los cursos de capacitación y actualización que requieran ser realizados en la Dirección General de Industria Militar, Centros de Investigación e Instituciones de Educación Superior afines al medio aeronáutico, con el objetivo de reforzar el perfil técnico profesional del personal de la Fuerza Aérea Mexicana.

G. Proporcionar asesoría en la planeación y coordinación de trabajos relacionados con la adquisición del material aéreo a las dependencias encargadas de dichas responsabilidades.

Una producción en escala

De acuerdo con información de la industria militar, inicialmente se producirán tres aviones de adiestramiento de dos plazas para 2018, a partir de 2019 se espera empezar la línea de producción y en 2020 contar con 35 aeronaves de hélice para adiestramiento en el Colegio del Aire; posteriormente, escalar a una nave de cuatro plazas para transporte de mandos y así sucesivamente hasta llegar a una aeronave de reacción con capacidades similares a los que existan en ese momento en el mundo, en el 2036.

Independientemente de los distintos proyectos que en materia aeronáutica se desarrollen, hablando en específico de los aviones jet, la Subdirección General de Industria Aeronáutica Militar deberá ser una pieza importantísima en la evaluación para la adquisición de los nuevos interceptores de la FAM hacia el 2024, ya que de esta compra podría derivarse la tecnología con la cual se ensamblara el nuevo caza mexicano, lo ideal sería contar con un esquema similar al que desarrolla actualmente Brasil con el Gripen.  

Es importante que todas estas iniciativas sigan adelante interrelacionándose con  las distintas empresas establecidas en México para la proveeduría de los componentes de los aviones y también con los centros de educación profesional para el desarrollo de tecnología propia, como lo informo INFODEFENSA.COM, la Sedena ya firmó un convenio con el Consejo Nacional de Ciencia y tecnología (Conacyt) y con la Universidad Nacional Aeronáutica de Querétaro, además de la empresa Oaxaca Aeroespace, de esa manera se podrá de una manera acelerada incorporar a México a una industria que genera tecnología, grandes ingresos y lo más importante empleos de alta especialización para las futuras generaciones  de mexicanos.

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