LIBROS

De París a Monastir, 1915 (Gaziel, Ed. Libros del Asteroide)

18/05/2014

Gaziel

ISBN: 9788415625728
Año de publicación: 2014
Introducción del libro:

Hoy la imagen de la guerra que tenemos está dominada por la televisión con poco espacio para la imaginación y el razonamiento pausado. Nuestra interpretación está influida por las imágenes que entran por nuestros ojos. Pero no siempre ha sido así. La Primera Guerra Mundial es el mejor ejemplo. Entonces no había televisión, las fotografías eran escasas, y, como mucho, uno podía sentarse frente a la radio para escuchar las crónicas que leían los locutores. Por eso es especialmente relevante recuperar el trabajo de los verdaderos cronistas.

Aquellos periodistas que, arriesgándose, decidían recorrer como podían los frentes de batalla para describir lo que allí ocurría, sus horrores, sus protagonistas… Son los pioneros de las coberturas modernas de los conflictos armados. Enfatizando las consecuencias de la guerra, sus víctimas… no exclusivamente el relato oficial. 

Uno de los maestros de ese arte y, por tanto, referencia indiscutible fue un joven catalán. En octubre de 1915 Agustí Calvet «Gaziel», un aprendiz de filósofo que se había convertido por casualidad en corresponsal de guerra, emprendió un viaje desde París que culminaría en la ciudad serbia de Monastir. Su propósito era escribir un reportaje sobre la situación bélica en el sur de Europa.

Grecia era por entonces uno de los epicentros del conflicto, permanecía todavía neutral, pero su reacción ante las recién estrenadas hostilidades entre sus dos vecinos, Bulgaria y Serbia, podría condicionar el desarrollo de la guerra decisivamente.

Gaziel alargó el viaje hasta Serbia y allí contempló, conmovido y desolado, el espectáculo dantesco de los refugiados.

Gaziel reunió y pulió algo más de la mitad de sus colaboraciones bélicas con La Vanguardia y las publicó en varios libros. De todos ellos el más impactante y logrado, seguramente, es De París a Monastir. Publicado por primera vez en 1917, considerado como un libro fundamental del periodismo español del siglo XX. Por eso hay que destacar la puesta de la editorial, Libros de Asteroide, por recuperar estas crónicas que marcaron historia y deben servir para reafirma la necesidad –más que nunca- de que sigan existiendo cronistas de guerra. Y que ellos sean conscientes, asimismo, que esa profesión-obligación no fue necesariamente más fácil en el pasado.

Como muestra, este párrafo de Gaziel escrito en una perdida localidad llamada Vódena que a pesar de ser griega, es completamente musulmana, en plenos Balcanes:


 “Apenas he pegado los ojos en toda la noche. La inquietud del porvenir y la austeridad del lecho que quitaban el sueño. Cada vez que iba a dormirme, abrumado de cansancio, me despertaba con un gran sobresalto ensordecido por el retumbante fragor de las cataratas vecinas, y anegado por la secreta nostalgia de sentirme perdido en uno de los más tenebrosos rincones del mundo” (Pág.248)

Las crónicas de guerra de Gaziel tuvieron gran repercusión y marcaron un punto y aparte en la historia del reporterismo español. Desde un primer momento las concibió más como narraciones que como artículos. Como sostiene Jordi Amat en el prólogo, «Gaziel escribió reportajes cuya factura tenía un aire inequívocamente novelesco. Los lectores, más que información sobre el conflicto bélico, leían una aventura por entregas basada en hechos reales».
Como muestra su excelente descripción de los refugiados que se encuentra en una posada donde encuentra refugio cuando su maltrecho coche le deja tirado en la mitad de la sierra y que nos recuerda que los horrores del pasado son similares a los del presente:

“Los nuevos fugitivos serbios brotaban a oleadas. Los que venían delante eran en su mayoría hombres de aspecto montaraz, demacrados, barbudos, descalzos, armados algunos con largas picas de boyero, como las de los dos fantasmas que se nos aparecieron en la soledad de la sierra, antes de llegar a la venta, y que Triantaphyllakos tomara por comitadjis [insurgentes nacionalistas en Bulgaria y Macedonia]. Después, vimos  acercarse una caterva de ancianos y mujeres, cargados de chiquillos que se les agarraban a los brazos y al cuello o se mantenían encaramados a racimos sobre sus espaldas todos sucios, famélicos, abrumados de sueño o tiritando de hambre y de frío. En último término, las tinieblas del monte palpitaron como agitadas por un resplandor de fuego. Y detrás de un recodo aparecieron las más fantásticas y destartaladas carretas que he visto ni veré en mi vida” (Pág. 277).

Una magnifica crónica de la guerra llena de autenticidad y digna del del mejor reporterismo de todos los tiempos.

 

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