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J. A. Del Castillo

Teniente general (R) del Ejército del Aire. Su último puesto en activo fue el de jefe del Mando de Apoyo Logístico (Malog). Posteriormente ha sido presidente del consejo de administración de Hisdesat.


En el mercado aeroespacial no existen los 'islotes'

09/07/2018 | Madrid

El dictamen de la Organización Mundial de Comercio (OMC) dando la razón a Boeing en su litigio con la europea Airbus, ha traído de nuevo a primer plano el debate sobre los apoyos que "todos" los gobiernos aplican a sus empresas para facilitar sus actividades económicas en las relaciones con el exterior.

Los apoyos son tan diversos como en ocasiones ingeniosos, aunque las reglas del comercio internacional inducen a dar preferencia a los indirectos. En algunos casos se trata de ventajas arancelarias, ayudas a la financiación, facilidades para el uso de instalaciones, o incluso el más extendido del apoyo institucional; pero en general la prioridad se orienta hacia las ayudas al desarrollo.

Las reglas del juego que imponen los grandes conglomerados requieren consolidación y apoyo público para asumir los enormes riesgos que supone el desarrollo de un nuevo programa, en caso de interrupción quien se va al garete no es la industria, sino un componente nacional que a su vez, por vía de impuestos directos e indirectos, revierte en el Tesoro una tajada sustanciosa.

La competición es muy dura, y lo que está en juego es la cuota de participación en un mercado caracterizado por la pugna entre los grandes emporios tecnológicos y las nuevas potencias emergentes, que luchan por hacerse un lugar con sus mejores armas que se encuentran en el aporte de masas de productores de bajo coste, y en la mejora escalonada de su capacidad tecnológica.

Las capacidades que un país pierde por falta de apoyos equivalentes a los de los competidores se transfieren rápidamente a otro u otros que baten palmas por ello, al tiempo que desaparecen unos puestos de trabajo de alta cualificación que ocupan todos los niveles de la pirámide industrial y tecnológica.

La trazabilidad de una catástrofe de tal nivel, con su pérdida de efecto tractor sobre el resto de la cadena productiva, se puede seguir hasta las Universidades e incluso las Escuelas, donde las vocaciones técnicas se tendrían que transferir a las bandejas y servilletas.

En fin, todo es cuestión de visión estratégica sobre el modelo de país y de nivel de vida que se aspira a tener.

 

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