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La Ventana

Análisis Infodefensa

Aramco

30/09/2019 | Madrid

El ataque del pasado 14 de septiembre a los complejos de Aramco en Khurais y Abqaiq pone de manifiesto las posibilidades que actualmente ofrece la tecnología en acciones bélicas. Se actuó de forma selectiva sobre 17 objetivos específicos cuya destrucción produjo la parálisis de la actividad de las plantas. Una verdadera lección de estrategia contra valor.

Sea quien sea el agresor, el ataque ha demostrado que cuenta con capacidades importantes en diferentes ámbitos y que sabe integrarlas. Entre otros, sistemas de inteligencia y observación precisos, capacidad de identificación y asignación de objetivos eficaz, y posibilidad de actuar con enjambres de drones y armas inteligentes de forma selectiva. En definitiva, se ha empleado un conjunto de sistemas muy sofisticado de forma coordinada y con alto grado de eficacia.

Desde un punto de vista exclusivamente técnico, el ataque nos puede hacer reflexionar sobre cómo estamos en occidente integrando la nueva tecnología en las capacidades operativas, para hacer frente a las nuevas amenazas o para disponer de capacidades equivalentes a las de los potenciales agresores. La rápida evolución de la amenaza, que parece capaz de aprovechar la tecnología para conseguir sus fines, requiere respuestas rápidas.

Se trata de una cuestión que no es nueva pero que recientemente está planteándose en diferentes países. Hace unos meses el Jefe de Estado Mayor de la Defensa israelí, Aviv Kochavi, decidió crear un organismo específico para acelerar la entrada en ,servicio de nuevos sistemas de armas, estrechamente ligado al organismo responsable del desarrollo de conceptos operativos. La secretaria de Estado para Adquisiciones del Pentágono, Ellen Lord, ha manifestado en diferentes ocasiones su preocupación por que no percibe que se esté integrando la tecnología en los procesos de obtención de capacidades de manera suficientemente rápida.

Por su parte y para responder a ese problema, el US Army Futures Command ha creado una oficina para impulsar la innovación en las unidades, enlazando a los operativos con las empresas que pueden proporcionar soluciones, con especial atención a las capacidades de las pymes. Su actuación debe permitir canalizar la relación entre empresas y usuarios para acelerar procesos de equipamiento.

Curiosamente esta iniciativa fue sugerida desde el Congreso norteamericano por la General Accounting Office en un informe en el que recomendaba al Pentágono mejorar la capacidad de integración de tecnologías innovadoras. También en Estados Unidos se ha creado la llamada Middle Tier Acquisition Authority como responsable de un fondo para adquirir series limitadas de prototipos e irlos evolucionando directamente en las unidades operativas en colaboración con los fabricantes.

La necesidad de acelerar procesos de integración de nueva tecnología en capacidades operativas lleva a la necesidad de reforzar el diálogo y los contactos entre usuarios, organismos de adquisiciones e industria. Es una aspiración antigua que se va materializando con cada vez más claridad y donde en España en los últimos años se ha avanzado de forma considerable.

La cuestión debe abordarse en dos planos: hay que resolver problemas operativos de forma urgente, y al mismo tiempo la industria necesita obtener beneficios. Se trata de un dilema que no nos parece contradictorio. El contacto permite experimentar con nuevos desarrollos y perfilar estos para evolucionarlos de acuerdo con los requisitos operativos. Ante esto, la administración desde su posición central puede favorecer mecanismos para facilitar la relación, favorecer el desarrollo de tecnología y sistemas y buscar mecanismos financieros para materializar las adquisiciones.

Un paso importante podría ser la búsqueda de fórmulas que permitan aprovechar el talento del personal de las Fuerzas Armadas, que tiene ideas nuevas y claras para introducir innovaciones sobre los sistemas, pero que no consigue dar con la clave que permita desarrollar sus ideas. Las preocupaciones de los últimos escalones operativos no llegan, salvo en contadas excepciones, a la industria que podría darles respuesta.

No se trata tanto de un problema de volumen de financiación sino de favorecer los contactos entre industria y usuarios a diferentes niveles, agilizar los procedimientos y establecer los mecanismos que permitan integrar los avances tecnológicos en capacidades militares. Como hacen nuestros potenciales adversarios.

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