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OPINIÓN
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Firma Invitada

Enrique Navarro

Presidente Ícaro Aerospace & Engineering


España en funciones

07/11/2019 | Madrid

El 26 de diciembre de 2014 fue la última vez que se aprobaron en España unos presupuestos generales conforme al calendario legislativo que prevé la Constitución; es decir hace cinco años; los presupuestos en vigor fueron aprobados el 27 de junio de 2017 y no sabemos a ciencia cierta hasta cuando perdurarán.

El debate de presupuestos tiene una cobertura constitucional dada la trascendencia; las cuentas públicas indican las prioridades y necesidades de una nación, sus retos y sus amenazas. La ausencia continuada de este debate en tiempo y en forma no puede ser inocua para la marcha política y económica de nuestro país.

Las condiciones económicas internacionales, la caída creación de empleo, las amenazas a la seguridad, la crisis de orden público en Cataluña, el Brexit, son retos contra los que debemos luchar con unas armas obsoletas, y, sin embargo, continuamos sin el principal instrumento que tiene un gobierno para actuar: los presupuestos generales del estado.

En este año que llevamos de gobierno provisional, nacido de una moción de censura, y que ha sido incapaz de articular hasta ahora una mayoría estable, se han aprobado importantes programas de adquisiciones y se han tomado decisiones industriales, pero existe la percepción de que estos programas y acciones podrían quedar en agua de borrajas si una mayoría diferente se configurara, o si las circunstancias macroeconómicas variasen. Es decir, todo lo que se ha ejecutado en este periodo está en riesgo si no se conforma una mayoría que respalde de forma clara estas decisiones; y por las declaraciones de las últimas semanas, sólo parece interesar a los dos grandes partidos la necesaria estabilidad que implica validar y respaldar las decisiones adoptadas.

Desde el mes de junio de 2018, el gobierno ha aprobado programas que suponen una inversión total que asciende a casi 13.000 millones de Euros; se ha decidido la participación en el programa del futuro avión de combare europeo junto a Francia y Alemania que supondrá para España una inversión hasta 2040 de 25.000 millones de Euros, y todo esto mientras que la cantidad pendiente de pago de los programas especiales, la mayoría ya están terminados hace años, sigue siendo muy significativa. Estamos pensando qué vamos a pagar en 2040 y estamos abonando costes derivados de principios de siglo.

Asimismo, se han tomado decisiones industriales muy notables como la nominación de Indra como la empresa líder en la industria española para nuestra participación en el programa de New Generation Weapon System, en detrimento teóricamente de Airbus, ya que el grupo europeo ya lidera el programa junto a Dassault para los tres países. El empeño en diluir la seña de identidad española en Airbus, por parte del grupo, ha llevado al gobierno a optar por Indra; en cualquier caso Airbus ya es parte del programa como prime contractor, por lo que la decisión adoptada va en línea con la política de consolidación industrial a nivel transnacional del grupo Airbus de crear una sola gran empresa con presencia en los territorios de casi todos sus principales clientes y accionistas. Si el programa se configura como parece probable con una sola FAL en Dassault, la decisión española parece acertada. No creo que vayamos a repetir los errores de Eurofighter que han generado tremendos extracostes para los países lanzadores del programa con una política de justo retorno y de cuatro líneas finales de ensamblaje.

En cuanto a las decisiones adoptadas, podemos afirmar que el gobierno ha apostado claramente por invertir en Defensa; con inteligencia ha decidido no retrasar programas que hubieran afectado muy negativamente a nuestra seguridad; sin embargo, si no se formara un nuevo gobierno y se aprobaran unos nuevos presupuestos, la continuidad de los programas lanzados estaría en entredicho, ya que sus consignaciones económicas no pueden mantenerse con presupuestos prorrogados permanentemente.

La posibilidad de articular grandes consensos en torno a la política de Defensa está muy lejana como para pensar en una Ley de financiación o en una Ley programa; es más una discusión de nivel sobre estas cuestiones acabaría por arruinar a la defensa y a su industria; a la que le ha venido mucho mejor la discreción, el ocultismo, el maquillaje presupuestario y hasta los gobiernos en funciones. Pero todo esto es una anomalía de un país al que le cuesta hablar abiertamente de su seguridad y de las grandes políticas de estado.

Pero si bien a nivel doméstico podemos sobrevivir con este folclore político y presupuestario hispánico, a largo plazo nos arruinará, porque vivimos en un mundo, especialmente en Europa, sometido a una tremenda transformación en el campo de la defensa.

El Brexit supone un golpe casi mortal a la Defensa Europea. La marcha del Reino Unido dejará a Europa, a través de Francia, con un solo puesto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas; una muestra más de la pérdida paulatina de influencia de Europa en el mundo. El Reino Unido es el único país que gasta por encima del 2% del PIB que nos demanda la OTAN, acumula el 40% de la industria de defensa europea, y una cuarta parte del presupuesto de defensa; y un tercio de las inversiones militares de la actual Unión Europea. El Brexit afectará de forma muy negativa a las compañías británicas instaladas en nuestro país como Babcock y Rolls que emplean a más de dos mil personas y realizan centenares de transacciones intracompañías anuales que ahora deberán pasar por la aduana.

El Brexit no sólo dinamita una gran parte de las capacidades militares de la Unión Europea, sino que ha regenerado nuevas tensiones en la defensa europea. La periferia europea apuesta por fortalecer sus relaciones industriales y tecnológicas. La fuerte presencia italiana en el Reino Unido con sus programas en común, y las excelentes relaciones entre los países nórdicos y el Reino Unido amenazan con partir las capacidades militares, industriales y tecnológicas de Europa, esfuerzo de fragmentación al que podrían sumarse muchos países de Europa del Este que recelan de la alianza francoalemana.

El lanzamiento del programa de nueva plataforma aérea de combate entre Francia, Alemania y España, coincide con el del programa Tempest; que supone partir a los cuatro países eurofighter en dos partes muy diferenciadas, España y Alemania unidas a Dassault, verdadero líder aeronáutico del programa; e Italia y Reino Unido lanzando su programa propio. En definitiva; un programa que apuesta por un gran polo aeronáutico europeo militar que se estructurará alrededor de Dassault, y la alianza italo-británica que contaría con el inestimable soporte de la administración republicana de Estados Unidos. Otra estocada casi mortal a la consolidación de la industria aeroespacial europea.

A su vez, nuestros socios de referencia en la seguridad europea están inmersos en un proceso de incremento del gasto militar, al que España no ha podido sumarse por la ausencia de presupuestos, lo que amenaza nuestra solidaria aportación en la defensa común.

Francia y Alemania han realizado los mayores incrementos de sus presupuestos militares desde 1945. Francia dedicará a inversiones e I+D casi 13 billones de euros y su gasto alcanzará en 2020 el 1,86% del PIB; Alemania, por su parte, tendrá en 2020 un presupuesto de defensa de 45 billones de Euros y unas inversiones que superarán los 10 billones de euros y su participación en el PIB llegará al 1,37% del PIB. Mientras España apenas supera el 0,9% del PIB y dedica el 80% de sus créditos de inversiones a pagar programas terminados, Es decir España dedicará a nuevas inversiones en 2020 unos 600 millones de euros, una cantidad que es un 6% de lo que dedicará Alemania y un 5% de lo de Francia, siendo la economía española más de la mitad de la francesa.

En estas condiciones poner a España a participar en la defensa europea y en sus programas industriales parece una quimera. Sin un incremento presupuestario aprobado en el Congreso ¿De dónde saldrán los recursos para pagar los 13.000 millones de euros en contratos aprobados en el último año, que exigirán un incrementar de forma muy sustancial los presupuestos actuales?

En definitiva; un gobierno puede estar en funciones algún tiempo; incluso un país, pero la defensa no puede seguir en este estado sin afrontar los retos y amenazas, y al parecer sólo un acuerdo de los grandes partidos permitiría salir de esta inanición y de los riesgos que comporta para nuestra nación la ausencia de una dirección sólida y con amplio respaldo en algo tan esencial a su naturaleza como su defensa.

 

 

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