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La Ventana

Análisis Infodefensa

La modernización de Pizarro, Leopardo y Centauro, una necesidad

03/05/2021 | Madrid

Al inicio de la década de 1990 la entonces Empresa Nacional Santa Bárbara, en colaboración con el Ejército de Tierra, presentó el concepto Ascod para desarrollar un vehículo de combate de Infantería/Caballería del que se carecía en ese momento. Pocos años después, el Ejército de Tierra abordó, en el marco del programa Coraza, la modernización de sus flotas de sistemas acorazados y mecanizados que llevó a los programas Pizarro, Leopardo y Centauro. Cada uno de ellos, con sus peculiaridades específicas, se abordaba desde una óptica global para potenciar la capacidad acorazada y mecanizada, junto con la intención de promover el soporte industrial necesario.

Actualmente el Ejército de Tierra español está inmerso en un proceso de definición de la futura Fuerza 2035, que en buena medida se basa en la muy necesaria entrada en servicio del VCR 8x8 Dragón. Sin embargo, no parece que se estén abordando iniciativas operativas ni industriales para actuar en paralelo sobre la modernización de unas flotas de Leopardo, Centauro y Pizarro que tienen ya entre 15 y 20 años de vida. Sin entrar en consideraciones económicas sobre la financiación de estos programas, merece la pena recordar que las últimas reprogramaciones aprobadas en Consejo de Ministros se justificaban, entre otras razones, por obsolescencias detectadas en los vehículos de las primeras series y que solo se han resuelto de forma parcial.

Las flotas de Pizarro, Leopardo y Centauro necesitan a día de hoy una modernización que permita actualizar sus capacidades y garantizar su sostenimiento en servicio. Al igual que se hace en programas aeronáuticos, los programas terrestres, abordados desde una óptica de capacidades globales, requieren modernizaciones de vida media, similares a la realizada en su momento para la flota de F18, o actuaciones para garantizar su sostenimiento, como se ha hecho en el caso de la flota de EF2000 con la aprobación de una importante elevación de techos el pasado 13 de abril. Una decisión que, por otra parte, no debería ir en detrimento de los exiguos créditos para apoyo logístico del conjunto de las Fuerzas Armadas.

La aproximación que planteamos se está realizando en otros países. El US Army ha lanzado recientemente la enésima iniciativa para actualizar capacidades del Bradley, a la vez que ha establecido una aproximación para su relevo a medio plazo sobre la base de nuevas “características de necesidad” que piden soluciones a la industria huyendo de documentos de requisitos muy detallados establecidos por el cliente.

Por su parte, el Reino Unido tiene establecido un programa permanente de mejora continua de capacidades de la flota de Warrior con la idea de integrar mejoras tecnológicas, mientras se fija en soluciones de sustitución a largo plazo. En cuanto a carros de combate están planteando, al mismo tiempo y con esa óptica global de capacidad acorazada/mecanizada, el relevo de su flota de Challenger y se mantienen como observadores en el programa MGCS franco alemán. Una iniciativa en la que no participa España.

La vía europea

 

Desde el ámbito multilateral, la EDA contempla los sistemas acorazados como una de las áreas de colaboración prioritarias y espina dorsal de las operaciones terrestres. Otra es la de buques patrulleros donde la actividad operativa e industrial española es muy relevante. A nivel Pesco, Italia lidera una iniciativa para futuros vehículos de combate y participa también en la iniciativa Euroartillery, otra de las capacidades que también necesitan abordarse con visión transversal en España, para la que hay planteadas iniciativas en la llamada de EDIDP 2020, y donde se está actuando siguiendo una idea de mantenimiento sobre componentes específicos que puede resultar poco eficiente. Por otra parte, y por lo que ha trascendido, la primera llamada de fondos del Fondo Europeo de Defensa podría también contemplar financiación para futuros vehículos de combate.

España no puede ni debe ser ajena a estas iniciativas que pueden condicionar nuestra posición operativa e industrial. El sector de industria terrestre ha sido “la hermana pobre” en el conjunto de los programas especiales de armamento españoles. No por falta de capacidad industrial ni por que las necesidades estén satisfactoriamente cubiertas.

Quizás sea el momento de abordar conjuntamente desde industria y cliente políticas de cooperación globales y presentar programas de obtención, modernización y sostenimiento de capacidades, así como estrategias futuras para posicionar también al sector terrestre español en el panorama europeo y permitir que nuestro Ejército mantenga su capacidad de disuasión y acción con tecnologías de vanguardia.

 

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