Afganistán: revés geopolítico de Occidente
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Afganistán: revés geopolítico de Occidente

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Con la conquista de Kabul por los talibanes el pasado domingo, día 15 - el mismo día en que el presidente afgano, Ashraf Ghani, abandonaba el país - la milicia fundamentalista ha vuelto a tomar el poder en Afganistán, 20 años después de que la invasión del Ejército de Estados Unidos expulsara del gobierno del país asiático al régimen de terror que habían establecido los talibanes entre 1996 y 2001.

Es cierto que ha existido un error de cálculo respecto a la rapidez con que la milicia ha recuperado el poder en todo el territorio afgano - hace apenas tres semanas, la inteligencia estadounidense pronosticaba que los talibanes tardarían, al menos tres meses en llegar a Kabul - pero también es verdad que ya se había asumido por Occidente que la milicia fundamentalista volvería a gobernar en Afganistán.

La situación actual es muy compleja e incierta ya que los talibanes están actuando con una ambigüedad calculada. Por un lado, intentan proyectar una imagen moderada, especialmente en Kabul, alejada del pánico que se implantó durante su régimen anterior y, por otro, las fuerzas de sus milicias responden con violencia letal a las protestas que se originan en las calles en varias ciudades del país al mismo tiempo que van buscando casa por casa a los excolaboradores de las fuerzas internacionales y a los miembros del antiguo Gobierno para castigarlos.

En especial, lo que peor puede ocurrir es que se violen los derechos de las mujeres en los que se había avanzado sustancialmente, a lo largo de los últimos 20 años. A pesar de que su portavoz ha declarado hace unos días que “garantizaremos los derechos de las mujeres dentro de la ley islámica”, hay sospechas de que con esta manifestación los talibanes solo traten de evitar la condena internacional.

Las causas por las que se ha llegado a esta situación son varias. En primer lugar, la actitud de Pakistán que siempre ha respaldado y respalda a los talibanes. Para Pakistán el territorio afgano constituye su retaguardia estratégica frente a India, su eterno rival, y su control es de interés vital para su seguridad.

Otra causa ha sido el enfrentamiento que ha existido entre el gobierno de Ghani y los líderes de las milicias que mandan en el país. De hecho, el depuesto gobierno afgano siempre se ha destacado por su falta de liderazgo en sus Fuerzas Armadas. Por otra parte, nunca tuvo el control de los territorios occidentales bajo la férula de Ismail Kan ni de las regiones del noreste, fronterizas con Pakistán, en la que la red Haqqani ostentaba su poder ni tampoco de las provincias septentrionales donde los uzbekos y tayikos mantenían su autonomía.

Una tercera causa, y no menos importante, lo conforma la estrategia de Estados Unidos que se ha centrado en operaciones contraterroristas y contrainsurgentes con el objeto de derrotar militarmente a los talibanes, grupos yihadistas de Al Qaeda y del Estado Islámico (ISIS), prestando menos atención a la dimensión humana y social del pueblo afgano, integrado por diferentes etnias y pugnas ancestrales tribales y religiosas, con una tradicional fragmentación del país dirigida por clanes enfrentados entre sí, que dificultan una gobernanza nacional.

¿Y ahora qué?


Con mucha probabilidad China y Pakistán, estrechos aliados, reconocerán al nuevo régimen de la milicia fundamentalista, denominado por ellos mismos Emirato Islámico de Afganistán, junto a Rusia e Irán que, a pesar de ser adversarios históricos de los talibanes, han brindado apoyo al grupo en los últimos años estableciendo lazos más estrechos con sus dirigentes. A estos reconocimientos se añade el previsible apoyo de Arabia Saudí - sus sectores conservadores - de los Emiratos Árabes Unidos y de Qatar.

En este entorno, China tiene dos prioridades respecto a Afganistán. Por un lado, busca la estabilidad del país evitando cualquier repercusión en la provincia de Sinkiang, hogar de la minoría étnica musulmana uigur, en la que parte de sus componentes forman parte del separatista y terrorista Movimiento Islámico de Turkestán Oriental. Por otro lado, pretende asegurar el acceso a los recursos naturales del país afgano, principalmente a las tierras raras, y que Kabul participe en su Iniciativa estratégica de la Franja y la Ruta (BRI).

La caótica retirada de Afganistán ha sido la peor operación militar de la OTAN en toda su historia. A pesar de cumplir sus objetivos de disminuir sustancialmente la capacidad operativa de Al Qaeda y de garantizar que no se ha organizado ningún atentado contra los aliados desde el territorio afgano, su eficiencia y prestigio ha quedado cuestionado.

Para Occidente, y particularmente para Estados Unidos, el abandono de Afganistán supone un desastre geopolítico y estratégico después de los fracasos de las intervenciones en Irak, en Libia y en Siria. La credibilidad del liderazgo mundial estadounidense, así como su prestigio, ha sufrido un enorme daño mientras que la política occidental de intentar llevar la democracia a determinados países donde impera otro tipo de cultura y civilización se ha demostrado equivocada.

El fracaso de los poderes marítimos, Estados Unidos y la Unión Europea, en Afganistán significa un triunfo para los poderes terrestres, China y Rusia. El Gran Juego del siglo XIX entre el Reino Unido y Rusia por el dominio de Asia Central con sus enormes recursos vuelve en el siglo XXI, esta vez dentro del contexto geopolítico de la bipolaridad dual. Estados Unidos y la Unión Europea dentro del vínculo transatlántico frente a China y Rusia en el marco de la asociación estratégica chino-rusa.

Ante la principal prioridad de los talibanes de ganar la legitimación internacional para obtener acceso al comercio, infraestructura y asistencia para el desarrollo, es preciso que la comunidad internacional, sabiendo que el nuevo gobierno talibán establecerá el Emirato Islámico de Afganistán con implantación de la sharía como guía política nacional, les exija, fundamentalmente, dos compromisos: a) que respeten los derechos de las mujeres; b) que impidan a los terroristas transnacionales, en particular a los militantes de Al Qaeda y del ISIS, que utilicen Afganistán como base de operaciones.

En cuanto a la oleada de refugiados que está provocando la llegada del régimen talibán, Occidente, tanto los países de la Unión Europea como Estados Unidos, debe dar ejemplo y hacer todo lo posible para darles cobijo y alojamiento, dando prioridad a todos aquellos que han colaborado con las fuerzas e instituciones internacionales.

En definitiva, el abandono occidental de Afganistán ha producido un cambio radical en el panorama geopolítico regional e internacional, ha debilitado los valores occidentales, ha ocasionado una pérdida de credibilidad y confianza de Estados Unidos ante sus socios, aliados y resto del mundo, en tanto que la nueva situación beneficia a China, Rusia e Irán, es decir, al bloque de adversarios geoestratégicos de Estados Unidos y la Unión Europea. Los esfuerzos de Occidente en recuperar su liderazgo en la defensa y la promoción de sus tradicionales valores de la democracia, los derechos humanos y la libertad, serán un elemento capital que distinguirá la geopolítica planetaria de los próximos años.





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