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OPINIÓN
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Perspectivas

Carlos E. Hernández

Caracas, 1946. Corresponsal de Infodefensa.com en Venezuela. Abogado por la Universidad Central de Venezuela (UCV). Postgrado y especialista en desarrollo económico e integración latinoamericana (UCV e Intal, Buenos Aires). Egresado del Center for Hemispheric Defense Studies de la National Defense University (Washington, D.C.). Periodista de Notitarde. Autor de libros y artículos de seguridad y defensa y miembro de Red de Seguridad y Defensa de América Latina (Resdal).


La cuenca del Caribe, un escenario emergente de la Segunda Guerra Fría

02/03/2015 | Caracas

En octubre de 1962, el Caribe fue el epicentro del más grave enfrentamiento entre el Este y el Oeste ocurrido durante la llamada Guerra Fría (1947-1991). Fue la llamada crisis de los misiles, que se generó cuando Estados Unidos detectó el emplazamiento de armas nucleares soviéticas en territorio cubano y la cual estuvo a punto de desencadenar en una conflagración nuclear.

Hoy, más de medio siglo después, la cuenca del Caribe vuelve a ser uno de los escenarios de enfrentamiento entre las principales potencias mundiales pero en el marco de un nuevo proceso que algunos calificados analistas, desde distintas perspectivas, han denominado la Segunda Guerra Fría. Sin embargo, no se trata en esta ocasión de la confrontación de dos bloques definidos, sino de potencias que se enfrentan por imponer sus intereses políticos, militares, culturales y económicos en una región determinada, pero, con la particularidad, que en otras áreas de conflictividad pueden llegar a coincidir en objetivos específicos como es el caso, por ejemplo, el de destruir al denominado Estado Islámico.  

En ese orden de cosas, Rusia emerge en el Caribe en el contexto del proyecto expansionista de Vladimir Putin, que incluye la extensión de la influencia de la nación euroasiática a otras latitudes. Parten los rusos bajo la idea de que América Latina ha dejado de ser el  “patio trasero” de Estados Unidos y buscan, según su discurso, establecer vínculos con países de la región y  convertirlos en “aliados estratégicos” para “conseguir y mantener la multipolaridad del mundo”. Esto ha dado inicio a un juego geopolítico en el que intervienen distintos factores y con repercusiones en todo el continente americano.

Las fichas en el tablero

Las fichas comenzaron a moverse a comienzos de la década pasada, específicamente en mayo de 2001, cuando los presidentes Vladimir Putin y Hugo Chávez, quien tenía su propio proyecto político regional, formalizaron en Moscú el primer convenio de cooperación técnico-militar entre Rusia y Venezuela.

Con base a estos acuerdos, en septiembre de 2008 arribó a una base aérea venezolana una escuadrilla de bombarderos estratégicos Tu-160 de la Fuerza Aérea rusa, desde donde realizaron vuelos sobre el Caribe y el Atlántico, incluyendo la costa sudamericana bordeando al Brasil. Dos meses después, coincidiendo con la visita a Venezuela del entonces presidente de la Federación de Rusia, Dmitri Medvédev, recaló en el puerto de La Guaira un escuadrón naval de ese país encabezado por el crucero nuclear Pedro el Grande, que, tras realizar ejercicios con la Armada de Venezuela, continuó rumbo a Cuba, siendo la primera vez que buques de esa nacionalidad visitaban la isla caribeña desde el desmembramiento de la Unión Soviética.    

En 2013, reaparecieron los buques de guerra rusos en aguas del Caribe, pero esta vez, además de Cuba y Venezuela, incluyeron a Nicaragua en sus travesías. Desde entonces, esas visitas navales se han hecho más frecuentes, en especial a Cuba. La última registrada, en febrero de 2015, fue la del buque de inteligencia Viktor Leonov, que zarpó del puerto de La Habana, precisamente, en el momento que llegaba a la isla la primera delegación oficial norteamericana para discutir con el Gobierno cubano lo referente al restablecimiento de las relaciones bilaterales.

En octubre de 2013, nuevamente aterrizaron en Venezuela los bombarderos Tu-160, pero en esa ocasión los ejercicios comprendieron, además, un vuelo ida y vuelta a Managua. Posteriormente, en 2014, las más altas autoridades militares rusas anunciaron que estaban negociando con Cuba; Nicaragua y Venezuela, la concesión de facilidades para que sus buques y aviones militares reciban apoyo logístico en puertos y bases aéreas de esos países, durante sus despliegues en la región. Esto se concretó, al menos el aspecto naval, durante la visita realizada en febrero de 2015, por el ministro de Defensa ruso, general de ejército Serguei Shoigu, a Caracas, Managua y La Habana, lo cual constituye un paso muy importante.

Nicaragua, “amenaza militar”

Nicaragua, una ficha fundamental de Rusia en este juego, representa para algunos de sus vecinos la principal amenaza militar en centroamérica. Es el caso particular de Costa Rica, que se siente afectada directamente por la ayuda militar que reciben las Fuerzas Armadas nicaragüenses de Rusia. Las relaciones entre los dos países se han venido deteriorando desde 2010, por la disputa del río San Juan, que bordea parte de la frontera común. Se suma a esta incidencia, las pretensiones de Nicaragua de “recuperar” la provincia costarricense de Guanacaste.

En cuanto a los equipos militares rusos recibidos recientemente por Nicaragua, destacan camiones tácticos y una docena de transportes blindados de tropa BMP-1, que datan de finales de los años sesenta. El resto incluye material de campaña e ingeniería, simuladores de vuelo para helicópteros Mi-17, así como, la recuperación de sistemas de armas y de comunicaciones de procedencia soviética, suministrados en la década de los ochenta. Esto es lo que se ha podido evidenciar.

Pero también el Gobierno nicaragüense ha expresado su interés en adquirir en Rusia buques  patrulleros y lanzamisiles, así como, aviones de combate habiéndose mencionado el caza MiG-29. Sobre esto último, resulta difícil suponer cómo una minúscula Fuerza Aérea, que opera en total una veintena de aviones de transporte y helicópteros, se capaz de operar, a corto plazo, un escuadrón de MiG-29, a menos que, el verdadero operador sea un tercero. En todo caso, un alto jefe militar negó esa posibilidad señalando, a la vez, que la verdadera intención es adquirir “cazas interceptores”, no de “ataque”, para “evitar el tráfico de aviones del narcotráfico”.

Colombia, que mantiene fronteras marítimas comunes con Nicaragua, es otro de los países que se mantiene en estado de alerta ante las intenciones de Managua de recuperar el archipiélago caribeño de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Recientemente, un fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, dictado ante una acción judicial emprendida por Nicaragua, confirmó la soberanía de Colombia sobre las islas, pero se la restó sobre el territorio marítimo otorgándosela al demandante. Colombia ha respondido incrementado su fuerza naval en el Caribe y ha establecido intercambios en materia militar y seguridad con Costa Rica y Honduras, Asimismo, ha reactivado el proyecto de adquisición de nuevos aviones de caza; sin embargo, aparentemente, la razón principal no es la eventual compra de MiG-29 por parte de Nicaragua, sino a la violación del espacio aéreo colombiano por los bombarderos rusos Tu-160, en ruta de Venezuela a Managua, en 2013, lo cual originó una protesta formal ante el Kremlin. Los bombarderos fueron detectados por los radares de la Defensa Aérea colombiana pero, se ha comentado por vía no oficial, los cazas Kfir C10 no fueron capaces de interceptarlos.     

El futuro inmediato

A juicio de algunos expertos, en 2015 Moscú intentará consolidar vínculos con sus aliados estratégicos en esta parte del mundo. Si bien el primer paso ya se ha dado con la concesión de facilidades navales, falta por ver la continuidad de esas acciones por parte de una Rusia que no las tiene todas consigo en el año que está comenzando.

En su frontera oeste, en Ucrania, se desarrolla el más grave conflicto bélico que se ha librado en Europa después de la guerra de los Balcanes, en los años noventa, y en el que Rusia está interviniendo directamente. Esto ha generado que Estados Unidos y la Unión Europea le hayan impuesto severas sanciones, lo cual, junto a la caída de los precios del petróleo a nivel mundial y otros factores, han contribuido al colapso financiero y decrecimiento de su economía.

En tal circunstancia, es difícil suponer que Rusia pueda acelerar sus planes de expansión en otros lugares del planeta. Además, hay que considerar actual situación de sus tres principales  “aliados estratégicos” en la cuenca del Caribe.   

Venezuela, su aliada “más importante”, está inmersa en una profunda crisis política, social y financiera, agudizada por el desplome de los precios del petróleo. En consecuencia, es lógico pensar que no podrá continuar apoyando financieramente a otras naciones de la subregión y en particular a Cuba y Nicaragua, así como, seguir suministrándoles petróleo subsidiado a través de la alianza Petrocaribe.

Cuba, por su parte, que mantiene vínculos históricos con Rusia, heredados de la extinta Unión Soviética, ante el empeoramiento de la situación de Venezuela está buscando en Estados Unidos una alternativa inmediata como fuente de ingresos económicos, y, por lo tanto, mantiene una actitud muy prudente frente a los hechos que acontecen en la subregión, para no generar suspicacias entre los factores de poder norteamericanos.

Mientras, Nicaragua, el segundo país más pobre de América Latina, según las Naciones Unidas, es muy poco lo que puede aportar en la actualidad en este juego geopolítico, salvo prestar su territorio. Además, al igual que Cuba, depende sustancialmente de la ayuda financiera y petrolera de Venezuela.

China figura también en este reparto como primer actor, restándole protagonismo a Rusia. Sucede que los chinos tienen un arma más convincente que los MiG, el dólar. El gigante asiático tiene previsto invertir 250 mil millones de dólares en diez años en Latinoamérica y el Caribe. Actualmente es el principal prestamista del gobierno de Venezuela, mientras que sus  ventas de armamento y tecnología militar a ese país se han incrementando significativamente, en detrimento de Rusia. Respecto a centroamérica, la firma china HKND es la encargada de la construcción del Gran Canal Interoceánico que atravesará el territorio de Nicaragua. Tampoco hay que olvidar que  China mantiene una presencia muy activa en las naciones insulares angloparlantes del Caribe y presta ayuda constante a sus fuerzas de defensa y seguridad.

Finalmente, hay que referirse a Estados Unidos y a las acciones que está ejecutando para neutralizar la arremetida rusa y también la china, en lo que considera su “mare nostrum”. En su política exterior para centroamérica y el Caribe, Washington, mantiene sus instrumentos de presión y de incentivos. Es el caso, por ejemplo, de la Iniciativa Mérida, mediante la cual le suministra recursos y equipos a las fuerzas armadas y cuerpos policiales de los países centroamericanos, además de México, e incluyendo a Nicaragua a pesar del discurso antinorteamericano de su presidente. En materia energética, Estados Unidos está construyendo su propia alianza del Caribe con el propósito de romper la dependencia que las islas han mantenido del petróleo, en particular del venezolano. Sin embargo, hasta ahora, el paso más audaz ha sido el acercamiento con Cuba y el que, probablemente, a la larga le resulte el más eficaz.

A manera de conclusión, cabe decir que la actual estrategia norteamericana para la cuenca del Caribe, dista mucho de la que se practicó en el transcurso la Guerra Fría, en especial en los años ochenta para enfrentar el expansionismo soviético a través de Cuba. Se recuerda la invasión a la isla de Granada en 1983. También el apoyo a la “Contra”, grupo guerrillero nicaragüense que buscaba derrocar al régimen sandinista de entonces, así como, la amenaza, entre otras, a la Fuerza Aérea Sandinista de destruirle cualquier avión de combate que recibiera, en particular el MiG-21. Ojalá, en beneficio de la paz, que esos episodios no se repitan, pero todo es posible.

 

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