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Análisis Infodefensa.com

Erich Saumeth

Corresponsal de Infodefensa.com en Colombia. Consultor e investigador colombiano en temas y asuntos de Defensa, Seguridad Nacional, Geopolítica y Políticas de Gobierno. Magister en Estudios Políticos con énfasis en Políticas de Defensa y Seguridad, especialista en Estudios Político-Económicos, diplomado en Estudios Geopoliticos, diplomado en Desarrollo Humano y Abogado.


El Sikorsky AH-60L Arpía IV de la Fuerza Aérea colombiana: ¿Pasos hacia la disuasión efectiva?

09/03/2015 | Cartagena de Indias

Luego de su presentación, la pasada última semana de febrero, la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) ha comenzado el despliegue operativo de su nueva plataforma aérea de combate, el Sikorsky AH-60L, en su versión Arpía IV, precisamente, el cuarto desarrollo local que de esta aeronave se realiza en Colombia.

Cabe en este aparte recordar que Colombia a la fecha posee un total aproximado de 101 unidades en diferentes versiones, de 103 adquiridas, de este helicóptero, encontrándose 66 de ellas en servicio en la División de Aviación Asalto Aéreo del Ejército (DAVAA), diez más en la Policía y las restantes 25 en la FAC, de las cuales dos (los FAC 4124 y 4125) son ya Arpía IV. A estos se sumaran diez aeronaves más en un período aproximado de tres años.

La intención de la Fuerza Aérea, en principio, sería la de construir tres escuadrones, cada uno de ellos conformado por cuatro aeronaves, con el fin de desplegarlos en diferentes puntos fronterizos de este país, teniendo en cuenta que, según las palabras del Ministro de la Defensa, los nuevos helicópteros tendrían como una de sus misiones principales la salvaguarda de la soberanía de esta nación.

Es evidente entonces que el diseño del Arpía responde a necesidades específicas de las Fuerzas Armadas colombianas que, por un lado, no disponen (ni dispondrán a largo plazo) de plataformas o helicópteros de ataque pero que, por otro lado, y ad portas de una inminente etapa de postconflicto, se encuentran con un inventario elevado de plataforma que, como en el caso de los Sikorsky UH-60 Black Hawk, pueden ser convertidos localmente gracias al conocimiento, la experiencia y la transferencia de tecnología que posee en estos momentos la FAC en helicópteros de “asalto”, como es el caso de la familia “Arpía”, que ha evolucionado al punto de constituirse en un vector con capacidades anti-tanque y anti-estructura con un poder de fuego por demás considerable.

De hecho, su configuración lo demuestra al ser presentado como un vector con la posibilidad de entregar desde sus semiplanos laterales hasta ocho misiles guiados antitanque, cuatro de ellos Rafael Advanced Defense Systems Spike NLOS, dos ER y dos LR, con alcances desde los cuatro hasta los 20 kilómetros (en teoría) tal como lo anticipo en su momento infodefensa.com.

Sin embargo, esta configuración podría cambiarse rápidamente y sin ninguna dificultad de acuerdo a las necesidades de la misión e incluso a la evolución de las maniobras en un teatro de operaciones (TO), dándole una versatilidad aún mayor a esta aeronave, que además puede disponer de tanques extras de combustible (de 460 o hasta de 1360 galones), aumentando notablemente con ello su autonomía y rango de acción. También puede emplazar un cañón Nexter NC-621 de 20 milímetros (dispuesto en uno de los semiplanos), así como sistemas dobles LAU-19 para el lanzamiento múltiple de cohetes de 70 mm. (2.75 pulgadas) de los tipos SkyFire-70 M1 y M2 o FAT EMA-66.

Todos estos sistemas y armas convierten pues al Arpía IV en una solución cuyos resultados operacionales en posibles teatros convencionales podrían brindar los resultados esperados, particularmente, como lo hemos venido reiterando, si es empleado contra formaciones blindadas y unidades de artillería autopropulsadas, así como contra centros de comando y control, sistemas de defensa antiaérea e incluso contra fortificaciones, estructuras, locaciones o depósitos reforzados.

Sin embargo, como solución definitiva no es la ideal, pues el Sikorsky UH-60L Black Hawk del cual se deriva el Arpía ha sido concebido, diseñado y desarrollado como una aeronave utilitaria y no de ataque, teniendo por ello una sección transversal y planos más grandes y siendo menos aerodinámico y veloz que los modelos de ataque puro, características que, ante la falta de medios de superioridad aérea que le puedan brindar cobertura y de sistemas de defensa antiaérea que protejan su retirada hacia espacio amigo, podrían sin duda no solo dificultar, sino condicionar el desempeño operativo de este vector –Arpía-, que debe ser entendido como un medio para la entrega efectiva de armas dentro de un completo sistema de defensa disuasivo que este compuesto y complementado por los equipos necesarios para cumplir con su rol principal, que no es otro que la disuasión o la defensa efectiva, misiones que el Arpía IV, por sí solo, no puede en estos momentos cumplir.

Las intenciones materializadas en esta cuarta versión son por demás ejemplarizantes y, a pesar de las dificultades técnicas, muestran el profundo interés de la Fuerza Aérea de avanzar en el desarrollo de tecnologías que le permitan contar con nuevas capacidades operacionales y que, de paso, impulsan y potencializan la industria de defensa aérea nacional en sintonía con la políticas que en este sentido viene promoviendo el Ministerio de la Defensa colombiano.

Estos diseños podrán, además, ser aprovechados en su momento por el Ejército (e incluso la Policía), si desean modernizar más adelante sus inventarios de manera similar o igual a como lo ha hecho la Fuerza Aérea, e incluso le servirán como nortea la Armada, desde el punto de vista operativo y tecnológico, cuando, en un futuro cercano, adquiera la versión navalizada de esta aeronave, es decir, el Sea Hawk (Sikorsky S70B/MH-60), para sus OPV-80 y sus PES, estandarizando así la flota de helicópteros colombianos.

Faltaría entonces realizar las proyecciones presupuestales para incrementar el número de Arpías IV de 12 unidades originales a números mayores, aprovechando la disponibilidad de aparatos y aumentando el efecto disuasivo que los mismos puedan eventualmente comenzar a generar (y evaluando también las respuestas a esto último).

El nuevo Arpía IV es, pues, un nuevo sistema con el cual el Ministerio de la Defensa colombiano espera poder fortalecer las escasas capacidades disuasivas de esta nación, particularmente en lo referente a sistemas y equipos antitanques (o que desplieguen los mismos) y dada la falta de los suficientes medios idóneos (por ejemplo MBT, entre muchos otros) en los inventarios actuales del conjunto de las Fuerzas Armadas de este país. Ojalá no sea la excepción.

Fotos: Fuerza Aérea Colombiana.

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