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Iván Witker

Politólogo, periodista por la Universidad de Chile, PhD por la Universidad Carlos IV, Praga. Graduado del CHDS de la National Defense University, Washington DC. Fue director de la mención Relaciones Internacionales del doctorado en Estudios Americanos, Universidad de Santiago, y de la Cátedra de Estudios Internacionales de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos de Chile (Anepe). 


Cgwic, punta de lanza de los programas satelitales chinos en América Latina

13/05/2019 | Santiago de Chile

Los espectaculares avances de la RP China en materia espacial tienen un claro trasfondo político-estratégico. El ascenso del tianxia a primera potencia mundial pasa por tres aspectos que deberían ser considerados proyecciones de poder duro. Uno, la obtención de helio-3 y otros minerales en la Luna, lo que explica las fuertes inversiones en exploración del satélite natural de la Tierra. Dos, la construcción de la red de satélites de comunicaciones y georeferenciación, Beidou. Tres, la construcción de una base antisatelital en Xianjiang dotada de equipos láser con neodimio que permite degradar o dañar capacidades ofensivas de otras potencias. Son facetas que le permitirán independencia de otras potencias y transformarse de manera definitiva en referencia tecnológica y científica mundial; civil y militar.

Pero también le interesa proyectar una faceta blanda. Aquí, América Latina pasa a formar parte relevante del ajedrez global y de la disputa que tiene con EEUU, Rusia, la Unión Europea e India.

En efecto, desde hace algunos años, Beijing viene tejiendo una red no menor de convenios con países latinoamericanos en materia de cooperación espacial.

Con Argentina consiguió de manera muy reservada con la administración K un acuerdo extraordinariamente ventajoso, que le permitió construir una gran base de observación y monitoreo (en Bajada del Agrio, provincia de Neuquén) pese a las reservas estadounidenses y extrañezas de muchos otros por estar, tanto su construcción como operación, bajo directa jurisdicción militar.

Con Argentina ha lanzado varios nanosatélites con cohetes chinos. Lo mismo Brasil con la serie Cbers (China Brazil Earth Resources Satellites) desde 1988. Con Bolivia, alentó la creación de la Agencia Boliviana del Espacio y lanzó en 2013 el primer satélite de comunicaciones y observación (Tupac Katari), que dada las precarias condiciones del país altiplánico se diseñó y es operado casi en su totalidad por personal chino desde la base en Xichang, aún cuando formalmente se hace desde dos pequeñas unidades rastreo (Amachuma en El Alto y La Guardia, Sta. Cruz). Un segundo satélite será lanzado en 2021 para mejorar los servicios de telefonía e internet. Con Venezuela ha lanzado tres satélites (Bolívar, Miranda y Sucre) y si el colapso del régimen en el país sudamericano no hubiera ocurrido, se estaría preparando un cuarto (Guaicaipuru).

Lo que más llama la atención por sus proyecciones es la empresa China Great Wall (Cgwic) creada en 1980 y subsidiaria de la China Aerospace Science and Technology Corporation. Esta suscribió a inicios de 2019 un interesante acuerdo con Satellogic, de origen argentino, con oficinas comerciales e instalaciones para el diseño de satélites en Buenos Aires y de ensamblaje en Montevideo. Es un Acuerdo para el Servicio de Lanzamientos Múltiples, el cual, entre otros, prevé lanzar 90 satélites desde el centro espacial de Taiyuan (provincia de Shanxi). Aunque Cgwic es la responsable de los satélites venezolanos y del boliviano, este acuerdo con Satellogic pondrá a Argentina en la vanguardia de la observación terrestre entre los países latinoamericanos.

Poder blando de la mano de CGWIC y una labor más bien silente en América Latina.

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