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Observatorio CEEAG

El Centro de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra de Chile tiene como misión generar conocimiento en apoyo de la Academia de Guerra y, como visión, ser un referente en materias de investigación relacionadas con las Ciencias Militares.


Turquía en el panorama estratégico regional

20/01/2020 | Santiago de Chile

(Especial CEEAG para Infodefensa) Turquía es una república de 80 millones de habitantes que históricamente ha sido el puente entre occidente y oriente. En 2.000 años de historia cristiana, la península del Anatolia ha sido, exceptuando el siglo XX, sede y protagonista de dos grandes imperios de la humanidad: imperio Bizantino (S.IV–S.XV) e imperio Otomano (S.XV–S.XX).

Turquía posee un legado cultural e histórico que la hace mantener una influencia natural en Medio Oriente, el Cáucaso, los Balcanes y el Mar Negro. Geográficamente posee una centralidad estratégica entre Europa y Asia, controlando el Bósforo y Dardanelos que permiten al acceso marítimo al Mar Negro, conexión de occidente con Rusia. Los siglos de ocupación otomana en Medio Oriente (por Oriente Próximo) y países del norte de África han permitido a la Turquía actual ir generando lazos con territorios que habían formado parte del imperio.

Para efectos de este informe, es necesario recordar las circunstancias del fin del Imperio y la creación de la Turquía moderna para poder proyectarlo. La era de los imperialismos y nacionalismos de fines del siglo XIX y principios del XX, encontrarían un Imperio Otomano debilitado y humillado militarmente tras el fracaso en la Guerra Ruso-Turca (1877-1878) que desmembraría de sus territorios Rumanía, Serbia, Bulgaria y Bosnia. El imperio Británico había ocupado Chipre en 1878 y entregando su protección a Egipto, con lo que perdían el control del Canal de Suez.

En 1912 perderían Libia a manos de los italianos, le seguiría Albania. En pocos años el Imperio Otomano, dejaba de tener presencia tanto en Balcanes como el norte de África. La Primera Guerra Mundial y su fatal alianza con la las potencias centrales culminaría en el fin del Imperio, el exilio y abolición del sultanato, la dinastía otomana y el califato. Turquía se vería envuelta en una guerra “de independencia”, que culminaría con el triunfo de los seguidores del militar Mustafa Kemal Ataturk (héroe de la I GM donde derrotó a los aliados en los Dardanelos), fundador del movimiento kemalista e impulsor de la modernización y fundación de la República Turca actual.

Europeísmo vs islamodemocracia

 

El kemalismo siguió una campaña de secularismo y nacionalismo turco que buscó modernizar una sociedad donde muchas de sus organizaciones eran de carácter semi- feudal. Rescató la identidad turca pre- islamista, con lo cual se enfrentó a minorías étnicas como los armenios y kurdos que habitan en la península. Instauró una Constitución siguiendo los principios del liberalismo revolucionario del siglo XIX e incorporó de manera integral como ciudadana política y social a la mujer. La Turquía de Ataturk buscó europeizarse, proceso que lo mantuvo durante gran parte del siglo XX ajeno al mundo árabe musulmán, que había sido su ámbito natural. Recip Tayip Erdogan, actual presidente de Turquía, es el fundador y presidente del Partido de la Justicia y Desarrollo (AKP por sus siglas en turco). De tendencias socialdemócratas (conservador en lo valórico pero liberal en lo económico), ha llegado a declararse como un “islamodemócrata” y ha impulsado términos como “neootomanismo” y como tal aspira a retomar un rol protagónico en la región.

Es importante recordar que el AKP se ha enfrentado con los partidos políticos que se consideran kemalistas, lo que es un foco de permanente tensión en la política interna turca. Hoy, la necesidad europea de acelerar el paso de su matriz energética desde combustibles fósiles a energías limpias, ha abierto un abanico de oportunidades económicas que están siendo monitoreadas por las potencias, toda vez que configurará el mapa energético europeo del futuro. Erdogan aspira a convertir a Turquía en el principal corredor energético y con ello sostenedor estratégico de una Europa que no los reconoce como europeos. Hoy existen dos grandes proyectos en desarrollo: Turkstream y el proyecto recientemente creado East Med.

East Med busca llevar gas natural desde el mediterráneo oriental por un gaseoducto submarino (mediterráneo) a Europa. Es un proyecto fruto de una alianza israelí, chipriota, egipcia y griega. East Med es un proyecto que permitiría alejar a Rusia de la matriz energética europea y en consecuencia posee todo el apoyo norteamericano. Turquía, por su parte, ha manifestado su molestia por no haber sido consultado y sostienen que se utilizaría mar territorial turco (amparado en el control de la República Turca del norte de Chipre).

Turkstream, por su parte, es fruto de una alianza turca-rusa que busca llevar gas natural ruso a Turquía y Europa del Este: Bulgaria, Serbia y Hungría. Turkstream es un gaseoducto desde Anapa hasta Estambul por las profundidades del Mar Negro. Esta alianza ruso-turca es beneficiosa para ambos, Rusia por su parte logra evadir el paso y las negociaciones con la siempre conflictiva relación que mantiene con Ucrania y Turquía por otra parte, consolida sus intereses con la Unión Europea. Es importante recordar que ya se encuentra operativo Nord Stream, el gaseoducto fruto de la alianza ruso-alemana que envía gas natural a través del Mar Báltico a Alemania y el norte de Europa.

Occidente mira con preocupación el poder estratégico que ha acumulado Rusia en Europa y en lo inmediato es clave para los intereses norteamericanos evitar que la Turquía de Erdogan, que gobernará hasta el 2023, gravite hacia una potencial alianza rusoiraní. Pero la situación se complica aún más, recientemente Erdogan ha recibido la autorización del Congreso para el envío de tropas a Libia.

Libia hoy se encuentra en una guerra civil y existe una dualidad de poderes. Por una parte el Gobierno de Acuerdo Nacional presidido por Fayez al Sarraj y apoyado por las Naciones Unidas, frente al Ejército Nacional Libio liderado por el General Jalifa Hifter y apoyado abiertamente por Vladimir Putin. Erdogan ha decidido apoyar enviando tropas al Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN) para, según ellos: “fortalecer al gobierno legítimo”. Todo lo anterior antecedido por la firma de un polémico tratado entre Ankara y Trípoli estableciendo límites marítimos en el mediterráneo oriental, zona rica tanto en petróleo como en gas natural.

Los intereses

 

Esta alianza le permitiría tener control sobre el paso marino del gaseoducto East Med, complicando la posición norteamericana (estadounidense) en su afán de frenar el avance ruso en la región. Con todo, la apuesta de Erdogan es altísima. Un triunfo de Trípoli por sobre las fuerzas del Ejército Nacional Libio hoy son remotas e improbables. Está por verse el rol y magnitud que tendrán las tropas turcas en Libia y monitorear la reacción de Moscú. Debido a los intereses económicos rusos en la zona, a menos que el Trípoli genere nuevas condiciones, lo más probable es que Rusia mantenga su apoyo a Hifter. Argumentando estos mismos intereses en la región, junto con otros, fue que el Reporte por país de la Comunidad Europea 2019 aseguró que Turquía continúa alejándose de la comunidad y enlista una serie de áreas que deben sufrir aún más reformas como la judicial, política, universitaria etc.

Pareciese que hoy podemos afirmar que es muy poco probable que Turquía alguna vez logre salir de la lista de país aspirante y se convierta en miembro pleno de la Unión Europea. Sin la UE, solo queda la OTAN y aun ahí existen problemas. Como es sabido, Turquía desoyendo a sus históricos socios de la OTAN y a EE.UU. ejecutó la compra del sistema ruso de defensa antiaérea S-400. Ankara hoy debe pagar esos costos. Si bien oficialmente han argumentado que acudieron a los rusos frente a la negativa americana de venderles el sistema Patriot (competencia del S-400 ruso), poco se ha investigado sobre este punto y es poco lo que se sabe.

Lo que sí se puede afirmar es que Turquía al tomar la decisión de comprarlos entendía que quedaría excluido del sistema antiaéreo integrado de la OTAN y que recibiría sanciones por parte de EE.UU. Aun así Ankara mantuvo su decisión. El año 2017 en EE.UU., se aprobó una ley llamada Combatiendo a los enemigos de EE.UU mediante sanciones. (CAATSA por sus siglas en inglés) la que busca evitar el acercamiento y compras de material de defensa ruso en el marco de las represalias de la intervención en las elecciones presidenciales americanas del 2016. En Junio del 2019 Turquía fue excluida del programa multinacional F-35 que no tan solo les vendería, sino que además entrenaba sus pilotos de guerra en lo que prometen ser la tecnología más avanzada en aviones cazas. Lo anterior en el entendido que los F-35 y el S- 400 ruso, son absolutamente incompatibles desde el punto de vista estratégico.

Fabricación de cazas propios

 

Turquía ha declarado recientemente que elaborará sus propios aviones cazas los que llamará TAI TF-X y estarían siendo elaborados por la empresa estatal turca Turkish Aerospace y apoyados por industrias privadas británicas y francesas. Asumiendo que poseen la capacidad tecnológica de construirlos, esta decisión le entregaría aún más autonomía al segundo ejército de la OTAN.

El 11 de diciembre pasado, el Comité de RR.II. del Senado norteamericano voto a favor de un paquete de nuevas sanciones económicas para Turquía por la compa del S-400 y su intervención en el norte de Siria. La ratificación y aplicación de dichas sanciones, solo complicarían y alejarían las posiciones entre Washington y Ankara. En caso Sirio, EE.UU debería ver el problema kurdo desde la perspectiva turca, como una amenaza separatista que utiliza métodos terroristas no muy distintos a como se catalogó desde los análisis de defensa al grupo ETA o el IRA.

El momento de que Turquía se arrepintiera de la compra de S400 ya pasó y hoy debe generar las condiciones para que la autonomía que está generando no consolide su partida de la OTAN. Dicho ese escenario sería muy peligroso para la región y el mundo. Así las cosas, y frente a un potencial acercamiento a la alianza rusoiraní, es necesario recordar que Turquía es un aliado estratégico histórico de occidente. La permanencia de Turquía es clave desde un punto de vista geopolítico pero para lograrlo se necesitará de una nueva estrategia por parte de EE.UU. Trump deberá entender el rol que Turquía ya se encuentra jugando en la matriz energética y evaluar su posición desde ahí.

¿Por qué podría preocuparle a EE.UU. una Turquía poderosa? sobre todo si hablamos de aliados.

 

Esta nueva estrategia, deberá cautelar el tono paternalista y confrontacional, ya que ambos han dado pésimos resultados con el ya autoritario presidente Erdogan. Las sanciones que se ratifiquen en el senado bajo el CAATSA, deberán cautelar que se limiten al mínimo e idealmente se ajusten a lo que ya ocurrió (exclusión del programa F-35). Dado lo anterior resulta apropiado que la política norteamericana actúe con prudencia en tratar tanto el tema kurdo como el problema chipriota, en cuanto son altamente sensibles para los turcos y particularmente su política interna. Rusia, por su lado, muy probablemente, continuará acercando las posiciones para una eventual alianza, basado en una estrategia eficiente donde Putin, se relaciona con Erdogan buscando un él un socio y un igual. No olvidemos que tanto en Turquía como en Rusia, hay más de diez siglos de diplomacia activa. Hoy Moscú, está jugando sus cartas de una forma mucho más sofisticada de lo que Washington está entendiendo.

© CEEAG Todos los derechos reservados. Este artículo no puede ser fotocopiado ni reproducido por cualquier otro medio sin licencia otorgada por la empresa editora. Queda prohibida la reproducción pública de este artículo, en todo o en parte, por cualquier medio, sin permiso expreso y por escrito de la empresa editora.

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