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AMÉRICA | Defensa
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Entrevista Infodefensa.com

Mayor Busca (Argentina): "Un casco azul representa a su país y a la ONU, pero primero a su país"

Wenceslao Busca en Haití. Foto: Wenceslao Busca.

Wenceslao Busca en Haití. Foto: Wenceslao Busca.

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10/07/2020 | Buenos Aires

Gonzalo Mary

El Centro Argentino de Entrenamiento Conjunto para Operaciones de Paz (Caecopaz), ubicado en la Guarnición Militar de Campo de Mayo, celebró su 25º aniversario el pasado 27 de junio. Este centro fue fundado en 1995 para la capacitación del personal argentino que fuese designado para participar en una operación de paz. El centro, según el propio ministro de Defensa, Agustín Rossi, "es un símbolo del compromiso que tiene nuestro país y nuestras fuerzas armadas en las misiones de paz de las Naciones Unidas. Y se ha convertido en un punto de referencia para América Latina y para gran parte del mundo por la excelencia de la capacitación allí brindada”.

Con motivo de este aniversario, Infodefensa.com dialogó con Wenceslao Busca, mayor retirado del Ejército Argentino del arma de caballería, quien estuvo desplegado con los Cascos Azules en Haití después del terremoto, como segundo jefe de una compañía de tiradores, y como observador militar en medio oriente en 2014/15.

¿Cómo fue su paso por Caecopaz?

Fue muy bueno, porque mucho de lo que nos enseñaron, nos explicaron y practicamos lo aplicamos en el destino. Una de las cualidades que tiene Caecopaz es que prepara a la dotación con personal que ya estuvo en los diferentes destinos. Si bien uno sabe que una misión no es igual a la otra, por más que sea el mismo lugar, el ambiente operacional cambia rápidamente. Los problemas que tiene la población, el país o el gobierno son totalmente distintos. En cuanto a la preparación, se sale desde acá con una muy buena base. Todo eso, más el bagaje que uno trae en su mochila, sirve para estar a la altura de las circunstancias.

¿Cómo fue en el caso de Haití?

En el caso de Haití, pasamos por Caecopaz prácticamente un mes antes del despliegue. Durante ese mes en Caecopaz se hizo mucho trabajo con apoyo de la División Operaciones Urbanas de Contención de Actividades Deportivas (Doucad) y la guardia de infantería de Policía Federal. Tuvimos muchas clases con oficiales y suboficiales que habían estado anteriormente desplegados en Haití y después, mucho trabajo de campo en el centro de entrenamiento, a lo que se sumaban todas las clases pertinentes a ética, género, protección y las cuestiones médicas que incluía a las enfermedades que nos podíamos encontrar allá.

¿Fue un aprendizaje duro?

Fue un mes de muchísimo trabajo preparando todo lo que necesitábamos para el despliegue. Nosotros íbamos a relevar a un batallón que llevaba ocho meses desplegados, por lo que no sabíamos si íbamos a estar seis meses o más, para lo que había que estar preparado.

¿Y en Medio Oriente?

En el caso de medio oriente, aplique en el Ejército. Una vez que tenés el visto bueno, rendís unos exámenes, hay un proceso de selección, en este caso había tres puestos como observadores para los 17 que nos presentamos a rendir. A partir de ahí se realizan varios cursos online, lleve a cabo el curso de observador militar en Caecopaz, que fue realmente espectacular. Al llegar allá hicimos un curso de inducción en Jerusalén y después fuimos desplegados

¿Cómo fueron sus despliegues?

En los dos despliegues que realicé salí con la misma mentalidad: 'Nosotros vamos a representar al país y a la ONU, pero primero al país'. Porque si bien uno es representante de Naciones Unidas como casco azul, junto al escudo de la ONU llevas la bandera argentina. Y lo primero que te preguntan es: '¿De qué país sos?'.

Al final es una gran responsabilidad.

Es una doble responsabilidad con la ONU y con el país. Pero si uno hace algo mal el que queda mal es el contingente argentino, y una mancha por hacer algo mal el país no se la saca más. La ONU va a seguir estando, los países y los contingentes van a seguir rotando, pero si se hace algo mal, o hay algún problema con su gente, ya sea abusos, violaciones, robo, queda manchado el país y todos los contingentes que vienen atrás.

¿Cómo se transmite eso al equipo?

Tuve muchas charlas con mi gente y los mandos medios en lo referente a la responsabilidad individual y la responsabilidad colectiva que tenían los jefes de sección en cuanto a lo que haga o deje de hacer su personal. Me tome el trabajo de prepararlos mucho a los responsables, al más antiguo que iba a cargo de alguna operación, y en esa persona recaía el peso de todo. Los involucraba mucho en el planeamiento, la preparación de los elementos, el traslado, la actividad y el repliegue. Eso nos dio un muy buen estándar de trabajo y no tuvimos un solo problema.

¿El recuerdo del Caecopaz es bueno entonces?

A mí me gustó mucho lo que fue Caecopaz en cuanto a despliegue de contingente. Todo lo que nos enseñaron, todo lo que practicamos, todo lo que vimos allá, más el ejercicio del mando y del comando fue para mí lo que marcó el éxito de la misión. Cuando volvimos estuvimos dos días en Caecopaz y después, el personal se fue replegando a cada uno de sus destinos. Esa fue mi primera imagen de Caecopaz.

¿Y la misión de Medio Oriente?

En medio oriente estuve en 2014-2015, en el Observer Group Lebanon (OGL), que trabaja junto al Unifil (United Nations Interim Force in Lebanon) en el sur del Líbano, y en el Observer Group Golan (OGG), que se abocaba a lo que es Siria e Israel, trabajando en conjunto con Undof (United Nations Disengagement Observer Force). Son misiones completamente distintas una de otra. En el Líbano eran patrullas móviles y en Siria eran puestos observatorios y patrullas. Cuando empiezo a prepararme en Caecopaz hablaba con personas que habían estado en una misión o en la otra. Antes de salir, tenía la idea de aplicar para los dos lugares, porque es muy difícil que un oficial argentino pueda volver al mismo lugar.

¿Cómo fue poner el pie en la zona?

Al llegar al OGL tuve la suerte de quedar en el Team Sierra que estaba cerca del punto tripartito. Fue una muy linda tarea, mucho trabajo de campo. Cuando hablo con mi jefe, que era un teniente coronel holandés, para aplicar para el OGG, me dice que no se podía, pero que, por buen desempeño y desenvolvimiento, lo iba a autorizar; y a la mitad de la misión crucé a Israel donde pasé los otros seis meses de misión en el Observer Group Golan – Tiberias (OGG-T), donde llegué a ser segundo jefe del equipo de observadores.

Una misión así será una experiencia única.

Me tocó vivir situaciones como el lanzamiento de cohetes de Hezbolá a Israel, el ataque a un convoy israelí con misiles antitanque, la represalia del IDF (Fuerzas de Defensa de Israel) con artillería donde muere un soldado español, el cabo Francisco Javier Soria Toledo. Este despliegue fue una experiencia espectacular con 16 observadores de distintos países. Ahí me di cuenta de la profesionalidad que tiene el militar argentino y lo bien valorado que está afuera. Uno se encuentra con personal de ejércitos que considera del primer mundo y se da cuenta que el soldado argentino está a la altura.

¿Qué le inspiró a unirte a las fuerzas de paz?

Había tenido la oportunidad de ir a una misión en Kuwait que se frustró por el estallido de la guerra en 2003. Pero me quedó picando ese gustito de 'tengo que servir en Naciones Unidas, tengo que compararme con oficiales de otros países, con un ejército distinto'. Y otra cosa que también me motivó fue que cuando ingresé en el ejército en el año '95, había mucha gente que había vuelto de participar con los Cascos Azules en Yugoslavia, escucharlos hablar realmente me llenaba, y pensaba 'qué lindo seria poder participar en una de estas misiones de paz'. Cuando me postulo, mucha gente iba a Chipre, y mucha menos a Haití. Después de haber vuelto de la Antártida me dijeron que había una posibilidad para ir a Haití, que estaban buscando un teniente primero que ascendiera a capitán para ser segundo jefe de una compañía y dije es la mía. Creo que fue una de las mejores decisiones que tomé. Me abrió muchas puertas y me abrió mucho la cabeza.

¿Dónde te sentiste más útil?

En las dos, realmente. Es muy gratificante ver el agradecimiento de la gente por el trabajo que uno está haciendo, es increíble. En perspectiva uno ve su trabajo y le parece algo muy pequeño, pero para la gente que recibe ese granito de arena la ayuda es gigante.

¿Qué fue lo que más le impactó de estas ocasiones?

Cuando uno despliega por Naciones Unidas va a lugares donde normalmente se ve la miseria humana, la escasez, la falta de insumos para satisfacer las necesidades básicas, mucha corrupción, violaciones de derechos humanos. Al ser padre, con hijos chicos, te das cuenta de todo lo que tenemos en nuestro país y no se valora. Cuando vamos a lugares con tantas necesidades se le da otro valor a la familia, a los amigos y te das cuenta lo mucho que ellos valorarían vivir como vivimos nosotros. En Haití, se veía violencia generalizada para obtener agua u otros suministros. Por otro lado, marcaban con la mano un metro de altura, más o menos, y decían que si un nene pasaba esa altura tenía posibilidades de vivir, si se moría antes era que no tenía que vivir. Teniendo hijos de esa edad eso te pega fuerte. En Medio Oriente era duro ver un granjero con ovejas en un lugar donde habían quedado rezagos de la guerra en las Alturas del Golán y que pise una mina. Se ve de todo y te impacta mucho .

De los lugares donde estuvo desplegado ¿A cuál volvería?

Es muy difícil elegir, de las dos rescato cosas muy importantes, de satisfacción personal y profesional. En lo profesional al mando de tropas desplegadas en el exterior elegiría Haití por lo que significó. En la parte profesional individual, te diría Medio Oriente porque fui desplegado sólo con observadores de otros países y fue muy gratificante.

¿Cuál recomendaría?

Son dos misiones totalmente distintas. Lo que yo le recomendaría a cualquiera, es que antes de servir como observador militar participe de un despliegue de contingente por la experiencia y después lo va aprovechar como observador, porque en los lugares donde están los observadores hay contingentes de Naciones Unidas, entonces ya se tiene un panorama distinto para interactuar con ellos.

¿Y en cuál le hubiera gustado estar?

Me hubiese encantado ir a Kuwait, pero con la guerra, la misión fue levantada del lugar. Otro lugar donde me hubiera encantado ir hubiera sido al Sahara.

Después de haber pasado por las fuerzas de paz, ¿Cómo ve los 25 años de la institución y su reconocimiento internacional?

Es un orgullo muy grande el haber participado como alumno e instructor en Caecopaz por el prestigio que tiene. Recuerdo las marchas de cadete cuando Caecopaz recién se estaba iniciando, y pensaba que era un sueño, era como hablar de la elite en el Ejército. Realmente a mí me encantó haber ido, participar de un despliegue, volver y dar instrucción, y que se siga manteniendo ese espíritu que tiene Caecopaz es un orgullo muy grande.

 

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