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OPINIÓN
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Firma Invitada

Loreto Correa Vera

Investigadora de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (Anepe). Doctora en Historia de las Relaciones Internacionales, Universidad San Pablo CEU, Madri. Magíster en Historia de América, Universidad de Chile. Magíster en Historia Latinoamericana, Universidad Internacional de Andalucía. Licenciada en Humanidades con mención en Historia, Universidad de Chile. Integrante del Grupo de Reflexión Relación Chile-Bolivia Ministerio de Relaciones Exteriores.


Las FFAA chilenas y el retorno de los bolivianos

15/07/2020 | Santiago de Chile

La pandemia ha movilizado más de 30.000 efectivos de las Fuerzas Armadas en Chile. Una buena parte, destinada a patrullaje, a apoyar en labores de emergencia, entregar alimentos, trasladar ventiladores e insumos de higiene, como también al control de personas que se encuentran circulando, vigilancia, e incluso llevando atención hospitalaria a lugares remotos del territorio nacional.

Entre las cosas que han cambiado con la pandemia y en medio de tanta mala noticia, hay pocas oportunidades para destacar la realidad de algunas situaciones inesperadas: la preocupación de las Fuerzas Armadas chilenas por los bolivianos que quedaron varados en Chile, y que salieron por la I Región de Tarapacá entre marzo y junio de 2020.

El tema no solo es de importancia, diremos, operativa. El tema es de importancia política, y en este caso, política internacional. En Chile es importante, porque existe una corriente de pensamiento que habla de “tragedia humanitaria” con relación a los bolivianos y que describe en términos de “aporofobia”3 la contribución, coordinación de autoridades, decisiones y medidas hacia este contingente de retornados. En Bolivia, porque la política de la presidente Añez ha sido catalogada como racista en materia de retorno y discriminadora hacia los diversos grupos que han demandado volver al país. Por ello, “deconstruyendo” los hechos y no el discurso, esta columna da cuenta de la otra vertiente: las acciones realizadas y sus protagonistas.

En Chile, la última cuenta de bolivianos realizada por las estadísticas nacionales arroja un número aproximado de 120.000 migrantes (8% del total y por encima de los argentinos), la mayor parte localizados en el centro del país. Por migrantes, debe entenderse personas que van a desarrollar su vida en otro país porque no pueden o no quieren realizarla en el propio. Son migrantes los que cruzaron para quedarse por un tiempo relativo, aquellos que decidieron dejarlo todo, casa, familia, redes, trabajo, estudios, la vida entera, para lograr un mejor bienestar. Algunos hablan de migración circular, cuando periódicamente la gente va y viene de un país a otro. Lo real, es que difícilmente se puede tener familia, relaciones y trabajos estables con esta condición. Así las cosas, la migración circular es una categoría analítica con consecuencias de todo tipo4, pero no una variable reconocida en las políticas públicas, ni en Chile o Bolivia. Pues bien, los migrantes regulares no son los bolivianos que se quedaron necesariamente varados en Chile.

Los que se quedaron varados, fueron aquellos que no podían optar a un subsidio, un número de identificación nacional, un puesto de trabajo amparado bajo leyes sociales y condiciones dignas para la residencia permanente o proseguir viviendo en Chile. No son migrantes, ni los turistas, ni los becarios, ni las personas que vienen a curarse en las clínicas5.

La condición para hablar de migración es que el sujeto busque insertarse en la sociedad de acogida. Tema aparte si se trata o hace de manera regular, acorde con las leyes o fuera del marco legal. Sin embargo, en todos los casos, cuando un individuo opta por el retorno, se trata de momentos en los que su situación adquiere una condición especial. Si se trata de un acto voluntario, retorno; si es obligado, se está frente a cuestiones tales como el refugio6 o el desplazamiento forzado. Las aclaraciones son fundamentales para esclarecer los procesos en curso y no hablar de migrantes, cuando categóricamente no los son.

De acuerdo con cifras del Comando Conjunto Norte (CCN), la atención de las autoridades chilenas ha permitido un retorno, sin distinciones de ninguna especie, de 2.602 bolivianos entre el 4 de abril y el 17 de junio de 2020 a través de la frontera de la Primera Región, esto es vía terrestre por Colchane y de acuerdo con fuentes consulares bolivianas, de cerca de 1.400 a través de la salida por Ollagüe en la II Región.

Fuente: Ejército de Chile.


El comandante del Comando Conjunto Norte, general de División Guillermo Paiva Hernández, recibiendo un obsequio de la población albergada en Iquique. Durante 14 días el Ejército de Chile apoyó a los ciudadanos bolivianos albergados en el liceo Bernardo O’Higgins de Iquique, quienes tras el cierre de fronteras de Bolivia quedaron varados en nuestro país. En la parte posterior de la foto, alcaldes y autoridades de Carabineros.

Para estos bolivianos, la situación ha supuesto extraordinarias complicaciones sanitarias. Cabe recordar que la primera oleada, llegó a la zona norte y se instaló primero en el Huara y desde allí subieron a Colchane, a más de 3.600 metros de altitud. De acuerdo con el CCN, una primera oleada encuarentenada llegó a tener 451 personas y salió a Bolivia el 4 de abril; las siguientes agrupaciones han sido de 192, 45, 447, 446, 391, 219, 131, 107,22, 34 y 117 personas. Un último contingente de 353 personas salió por Ollagüe este 7 de julio desde dos escuelas con cuarentena en la comuna de Recoleta.

En Bolivia se afirmó que eran masistas, desacreditando al gobierno boliviano que, con prudente celeridad común a toda la región, cerró sus fronteras. Con plena toma de conciencia de un sistema sanitario arruinado por el gobierno anterior, el Ejecutivo advirtió que el contagio ingresaría a una Bolivia frágil en materia sanitaria. A este cierre, se le ha imputado el calificativo de inhumano.

Por cierto, también se ha hecho un emplazamiento la eficiencia consular de Bolivia en Chile y respecto a que parte de sus decisiones habrían tenido como telón de fondo resquemores respecto del MAS, el partido del renunciado presidente Morales, insistiéndose en que parte de los bolivianos que querían irse rápido a su país eran masistas. También, se ha reclamado asimismo el cierre de los consulados. Lo sensato, en Santiago, fue mantener un consulado cerrado por razones sanitarias. Respecto de lo primero, claramente no se trataba de un conflicto armado de los años 70 en el contexto de asilo. Sobre lo segundo, ¿qué hubieran hecho el cónsul general o el de Iquique con cientos de bolivianos al interior de una casa y expuestos al Covid 19? El tiempo, le ha dado la razón a la coordinación entre Estados, pero también ha expuesto el mal gasto y la falta de recursos –por más de una década– en el país en materia de salud pública y también en materia de gestión consular, no solo con escaso personal, sino desconectado de la realidad por la mala relación con Chile.

Sin embargo, la urgencia de retorno superó la política gubernamental. La presión chilena local, aunque no fue determinante, sí contribuyó a una organización expedita. El Comando Conjunto Norte de Chile, ha calculado que en estos meses los alcaldes de Colchane e Iquique, el gobernador de Iquique, el Intendente y un número aproximado de 400 efectivos militares, de Policía de Investigaciones y Carabineros, han ayudado permanentemente en el retorno de los bolivianos. El elevado número de militares se debió a la necesidad de cumplir diversos roles, desde el levantamiento de albergues, entrega de alimentación, carguío de pertenencias, escolta de buses y cadena de custodia de estos, traslado de personas, atención sanitaria, vacunación contra la influenza, y coordinación interagencial.

Y en esto, no hay que engañarse, el movimiento de personas fue sorpresivo. Y dadas las cifras, difícilmente podemos afirmar que haya sido masivo, aunque ya se vea un número de 5.000 bolivianos en el retorno al país.


Inicialmente, esta ayuda fue coordinada en medio de un multilateralismo regional silente, obsoleto, y hasta turbio. Hubo aportes municipales, de la Iglesia y hasta de la OIM, pero quienes custodiaron salidas, traslados y lo que fue necesario, han sido las Fuerzas Armadas, quienes haciendo uso de toda su experiencia se han sumado. También se ha contado con dos cancillerías dialogantes y con voluntad política de resolver la crisis, no en forma “perfecta” y de “manual teórico postmoderno”, sino con el firme propósito de mostrar humanidad en condiciones de vulnerabilidad extrema. Prueba lo dicho, que el propio Ministro de Defensa de Bolivia asistiera a la frontera binacional el 3 de abril, donde se entrevistó con el General Guillermo Paiva, cuando se realizó el cruce de los primeros bolivianos.

Con todo, desde la “teoría crítica”, y desde la tribuna local, se ha hablado de abandono. El sociólogo boliviano Alfonso Hinojosa (UMSA) invitado por el INTE/UNAP de Iquique este 26 de junio, ha dicho que se trataba de un “accionar nefasto del gobierno boliviano”. Por su parte la academia iquiqueña, tomando como base un reporte de un periodista de la alcaldía de Colchane, ha descrito la situación dentro de un marco de freno, control, estigmatización y xenofobia al migrante. Estas opiniones están lejos de constituir un balance razonable. Las crisis en Huara, Colchane e Iquique no han sido motivo de tragedia, sino una odisea que sigue y que no puede imputarse sino a las condiciones de movilidad humana de poblaciones en extremo desamparadas desde su origen.

Efectivamente, hubo y hay personas pasando penurias tremendas. Una pandemia no es un tablero de juego de guerra, o un ensayo de laboratorio. No se resuelve desde un gabinete, tampoco hablando caso a caso. Se requieren lineamientos y esos no surgen de forma inmediata. La crisis sanitaria ha llevado a medidas de excepción constitucional y, en Chile, a la declaración de Estado de Emergencia desde marzo, con lo cual ninguna autoridad chilena debiera esperar tratos especiales. El gasto que supone tener albergues, trasladar personas, autorizar procedimientos, ocuparse de las personas, ha sido enorme e imperfecto, pero no mal intencionado.Tampoco es gratis.

Con todo, ha habido aprendizajes. Hoy con funcionarios binacionales comunicados, con fluidez de contacto de Estado a Estado y poblaciones más conscientes del esfuerzo, las imágenes de cuidado y atención de las autoridades y de las Fuerzas Armadas, más allá de la desesperación de muchos bolivianos los primeros días, dan cuenta de una voluntad de trabajo mancomunado. Sí, ha habido errores, como el grupo que llegó desde la comuna de Providencia directamente a Iquique, sin aviso a las autoridades locales, o parte de un contingente que, por falta de espacio en el albergue boliviano, tuvo que retornar. A pesar de todo, haciendo un balance, las imágenes que van al final de esta columna hablan por sí solas del sentir de los bolivianos que vivieron la odisea inicial y de lo valioso que es superar voces que, con un fuerte sesgo político aquí y allá, más que dar soluciones a la crisis, se han dedicado a hacer campaña local, descalificar, o bien a insistir en un relato donde los conceptos se confunden dolosamente.

 

1 Agradecemos la colaboración, datos y fotografías proporcionadas por el Comando Conjunto Norte en la elaboración de este trabajo. Esta investigación forma parte de los resultados del Proyecto ANEPE 202001, “Restablecimiento de las confianzas: Chile y Bolivia hacia la tercera década del siglo XXI”.
2 Dra. en Relaciones Internacionales. Investigadora CIEE/ANEPE. Integrante del Grupo de Reflexión Relación Chile-Bolivia Ministerio de Relaciones Exteriores
3 Según la RAE: Aporofobia es “fobia a las personas pobres o desfavorecidas”. Este juicio ha sido vertido por el Dr. Pablo Mardones, Doctor en Antropología de Universidad de Buenos Aires e integrante del INTE/UNAP en dos webinar. Uno correspondiente al 19 de mayo de 2020. Conversatorio Virtual: Migración transnacional boliviana en tiempos de Pandemia, ver en https://www.youtube.com/watch?v=GdRmTZp5CF8&fbclid=IwAR3O_9Y5S4gef7gslxXLbZlSyoq-tUMWDiyt1mGSHF0Lsd7t0OMUnQH5arY y en un segundo, denominado “Ley de migraciones en tiempos de COVID” y “Centralismo y Aporofobia. Fronteras cerradas en el norte de Chile”, webinar el 24 de junio de 2020. Ver en https://www.facebook.com/INTE.UNAP/videos/868113580343825.
4LEIVA Gómez, Sandra, & Ross Orellana, César. (2016). Migración circular y trabajo de cuidado: Fragmentación de trayectorias laborales de migrantes bolivianas en Tarapacá. Psicoperspectivas, 15(3), 56-66. https://dx.doi.org/10.5027/psicoperspectivas-Vol15-Issue3-fulltext-766
5 El ingreso a Chile a través de Aduanas, exige declarar la categoría de ingreso. Desde abril de 2019, cada persona que ingresa al país debe declarar sus motivos al ingresar ya sea como viajero, turista o persona que ingresa a trabajar Ver: https://www.aduana.cl/preguntas-frecuentes/aduana/2011-06-21/152845.html
6 Decreto N° 837, 2011, arts. 26 y 37.

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