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Balance 2018

Termina el año en que Europa puso recursos a su defensa

Banderas de los países de la UE. Foto: Consejo Europeo

Banderas de los países de la UE. Foto: Consejo Europeo

31/12/2018 | Madrid

G. S. Forte

La alta representante de la Unión Europea para asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini, cerró a finales de 2017 la Conferencia Anual de la Agencia Europea de Defensa (EDA) afirmando que éste es “el momento más importante para la Defensa europea en décadas”. Las iniciativas que han arrancado 2018 avalan esa afirmación.

Este ha sido el año de arranque de la Estructura de Cooperación Permanente (Pesco), un compromiso de colaboración en el desarrollo de capacidades europeas de defensa contemplado desde el tratado de Roma, y que fue refrendado hace doce meses por 25 países (todos los de la UE excepto Reino Unido, Dinamarca y Malta) y ya da amparo a 34 proyectos industriales: los 17 primeros aprobados en marzo, y otros tantos en noviembre. A la vez también se ha puesto en marcha el primer gran proyecto del Fondo Europeo de Defensa, que se enmarca en la llamada Acción Preparatoria para la Investigación en Defensa (PADR), e incluso se ha previsto un mayor presupuesto para este fondo para el periodo 2021-2027, hasta alcanzar los 13.000 millones de euros. Pero sobre todo es el año en el que la Unión Europea aprobó por primera vez dedicar fondos a defensa, en concreto para el periodo 2019-2020, en los que se podrán asignar 500 millones para cofinanciar el desarrollo conjunto de nuevas tecnologías de defensa y apoyar la compra de equipos.

Europa, sobre todo desde la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos el año anterior, siente que debe ganar fuerza e independencia en defensa, hasta el punto de plantear iniciativas como las que Francia está promoviendo al margen de la Unión Europea y la OTAN.

Como contrapartida a la configuración de un continente más implicado en su defensa ha saltado el reto del Brexit. La salida del Reino Unido de la UE tiene sus consecuencias en proyectos comprometidos con sus, hasta el momento, socios europeos. Es el cado del desarrollo de un dron de combate iniciado años antes por británicos y franceses, sobre el que este 2018 han aflorado los temores de que acabe sin concluir.

También se sospecha que la separación británica de sus socios europeos ha influido en la ofensiva comercial emprendida por el país para encontrar en la Commonwealth un sustituto. Sea o no por este motivo, el caso es que la principal industria militar de Reino Unido, BAE Systems se ha hecho con dos contratos en este ámbito para los que no era la favorita. Se trata de la construcción de nueve fragatas para Asutralia, y de otras 15 para Canadá. En ambos casos el modelo ganador es el Tipo 26, una clase que aún no está en uso, al contrario de los barcos ofertados por otros competidores, lo que ha llevado incluso a un tribunal canadiense a parar recientemente el programa de este país.

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