La transferencia de material a Uruguay o la política de mendigar
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La transferencia de material a Uruguay o la política de mendigar

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La reciente confirmación de la transferencia de una partida de 21 vehículos blindados, diez obuses autopropulsados M-108 y once Engesa EE-11 Urutu, desde Brasil a Uruguay, que se suman a dos docenas de tanques ligeros M41C transferidos en 2018, confirma la tendencia de estrechar los vínculos militares entre ambos países. Si bien el material es obsoleto en todos los sentidos de la palabra, la gran pérdida de capacidades sufrida por las Fuerzas Armadas de Uruguay en las ultimas décadas, hacen que la recepción de cualquier tipo de material, inclusive totalmente obsoleto, le permita mantener un cierto grado de operatividad, aunque solo sea para mantener a sus efectivos entrenados.

Uruguay históricamente fue un cliente de material de producción brasileña, incluyendo vehículos de todo tipo, aviones y blindados, compras que tras el retorno a la democracia decrecieron sensiblemente hasta ser prácticamente nulas. Mientras tanto, la línea de donaciones de Brasil iba a orientada hacia países con menores recursos que Uruguay, particularmente Paraguay, hacia donde se transfirieron equipos durante varias décadas de apoyo militar entre ambos países. 

La decadencia militar uruguaya implicó que, de ser un cliente de material militar, Uruguay pasase a ser un solicitante de asistencia, particularmente en los últimos años, buscando obtener material de todo tipo a precio de "amigo" lo que muchas veces se traduce como simplemente solicitar donaciones sin costo sobre la base, cuestionable, de que no existen recursos financieros para equipar apropiadamente a las Fuerzas Armadas uruguayas. 

Sin embargo, un análisis de los gastos del Estado uruguayo, más allá de quien gobierna, demuestra que en realidad los recursos están disponibles, porque se gastan en otras áreas y que simplemente es un tema de que a los diferentes gobiernos uruguayos no les ha interesado invertir en la defensa del país. Durante el presente gobierno, el actual ministro de Defensa, Javier Garcia, ha insistido continuamente en que su gestión se concentraría en obtener material casi exclusivamente mediante la negociacion gobierno a gobierno y a precios beneficiosos para el pais, particularmente a precios de 'amigos' lo que se puede leer como una donación o transferencia altamente subsidiada de material. 

La política de mendigar

Esta política de buscar compras a precios generosos a su vez lleva a que oportunidades de reconstruir algunas de las capacidades de las Fuerzas Armadas uruguayas se pierdan por falta de voluntad de inversión. Un buen ejemplo de esto es la reciente negociación por una docena de aviones Embraer EMB-314 Super Tucano que la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) tiene disponibles para la venta, que no habría prosperado debido a que Uruguay aspiraba, nuevamente, a una transferencia a precios muy bajos, al contrario de Portugal que también manifestó su interés por las mismas unidades ofreciendo pagar lo que se debe por ellas.

Si bien Brasil busca establecer una fluida relación de apoyo militar con los países de la región, particularmente con aquellos que más lo necesitan, no es viable esperar que se transfiera material moderno que potencialmente puede ser vendido a precios de mercado a países interesados en su adquisición. Sin embargo, la mentalidad de muchos políticos uruguayos, particularmente aquellos que quieren hacer gala de un uso "eficiente" de los recursos del Estado pero sin mucho criterio sobre qué es lo que realmente precisan las Fuerzas Armadas, terminan negociando la recepción de material obsoleto que es presentado al público como un excelente negocio para el país, pero que no aportan capacidades reales de defensa y que, a su vez, sirven para justificar la no adquisición del equipo que realmente se necesita.

Negociaciones de este tipo, como la que se está llevando a cabo para la compra/donación de blindados para ser utilizados en Misiones Operativas de Paz, lleva a que se vaya pasando por una variopinta variedad de vehículos, basados en lo que potencialmente los donantes tienen para ofrecer, siempre y cuando no exista un comprador para ellos. Es así que se ha pasado por vehículos MRAP RG-31, M-1117 y otras opciones siempre condicionadas a que la transferencia se haga con el menor desembolso posible para el país. Esto condiciona seriamente la cantidad, calidad y capacidades del equipo a recibir, pues no es Uruguay o su Ejército quien determina estos factores, sino el país donante. Paralelamente, Uruguay busca la recepción de dicho material sin un compromiso político a cambio, manteniendo una política internacional de no alineación, que de alguna manera molesta a los gobernantes de aquellos países a los que Uruguay acude pidiendo ayuda militar.

Donaciones vs. compras independientes

Otra demostración de esta dicotomía se encuentra en la potencial compra de dos buques OPV a China, según recomendó el último informe técnico presentado por la Armada, que calificó a CSTC como ganador entre los únicos tres astilleros que se presentaron al dilatado proceso de compra. Mientras la Armada Uruguaya se deshace rápidamente, perdiendo buques y capacidades a un ritmo insostenible, desde el gobierno solo se atina a decir que se encuentran en negociaciones para recuperar algunas de esas capacidades, concediendo que la Armada ya no será de guerra y que será restructurada con un perfil más policial acorde a las amenazas actuales. 

Sin embargo, mientras afirma su independencia al momento de elegir proveedores, por otro lado, intenta negociar con Estados Unidos potenciales donaciones de buques para que sustituyan a los que han sido dados de baja recientemente. El referido acercamiento, que se consolidó con la recepción de tres lanchas de patrulla costera clase Marine Protector, se habría ‘enfriado’ ante la potencial compra de material chino, en lo que sería la mayor inversión realizada por la Armada Uruguaya en su historia.

Este enfriamiento no deja de ser lógico si uno analiza que mientras se solicita apoyo de material para ser transferido a precio de amigo, por otro lado, se dispone de fondos que han ido variando en el tiempo en cuanto a la cantidad exacta, para la adquisición de material mayor a otro país. Si bien se puede esgrimir que China también ha realizado donaciones a Uruguay, en forma anual y consistente desde hace bastantes años, las relaciones militares entre Estados Unidos y Uruguay se remontan a la guerra por la independencia uruguaya e históricamente Uruguay ha sido operador de material de ese origen, que siempre fue cedido al país. 

Ahora Uruguay se encuentra atrapado entre continuar hacia adelante con la compra de material chino, principal socio comercial del país y ganador de la presentación técnica, o buscar alguna alternativa que no afecte a las relaciones tanto con China ni con Estados Unidos. Este paradigma, del cual únicamente el poder político uruguayo es responsable, no es de fácil solución y lo más  probable es que termine afectando directamente a la Armada, que acaba siendo rehén del manejo de esta adquisición por fuerzas más allá de su control.

En definitiva, cuando las necesidades para la defensa de un país, en lo que se refiere a equipamiento y recuperación de capacidades, queda entreverada con campañas políticas y necesidades personales de demostrar un uso eficiente de los recursos, el resultado será funesto para las Fuerzas Armadas. Las últimas adquisiciones realizadas para el Ejército uruguayo son prueba de esto: tanques ligeros M41C, obuses M108 y vehículos blindados Urutu que solo aportaran capacidades nominales y de entrenamiento a las fuerzas sin cambiar en lo absoluto su poder bélico. Sin embargo, desde el poder político, se presenta la transferencia como una gestión extremadamente beneficiosa para el país.  



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