Más penas que glorias para las Fuerzas Armadas de Uruguay en 2022
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Más penas que glorias para las Fuerzas Armadas de Uruguay en 2022

Este año no dejó ningún aspecto positivo resaltable para las fuerzas, salvo la recepción de 11 blindados y tres lanchas patrulleras de segunda mano
205º Aniversario Armada de Uruguay   Foto Armada Uruguay (20)
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El año 2022 termina para las Fuerzas Armadas de Uruguay con más penas que glorias. La gran mayoría de las expectativas que se tenían para el recambio de material y mejora salarial de las fuerzas se esfumaron y nuevamente quedaron postergados para, tal vez, el año entrante. Con medio periodo de gobierno transcurrido, los grandes proyectos de reequipamiento para la Fuerza Aérea y la Armada, hasta ahora no han fructificado y desde el Ministerio de Defensa se mantiene un hermetismo total con respecto a lo que se estaría negociando.

A lo largo del año fueron aumentando las tareas accesorias de las Fuerzas Armadas, pero la recuperación salarial fue casi inexistente, apenas con algunas partidas complementaria y pequeños incrementos salariales. Este aumento de tareas también ha generado un desgaste extra del material sin el recambio adecuado. 

Adicionalmente, la administración liderada por el presidente Luis Lacalle Pou, continúa planeando nuevas modificaciones a la ley de retiro militar que afectan negativamente a los militares, lo que ha generado una gran cantidad de solicitudes de pase a retiro anticipado sumado a un gran malestar en la interna militar. El retiro a una edad relativamente joven y con una jubilación razonablemente buena era uno de los pocos alicientes que tenían los militares uruguayos para mantenerse en servicio con salarios comparativamente bajos con respecto al resto de los empleados del Estado. El riesgo y sacrificio asociado con la profesión, que no es contemplado salarialmente, se veía remunerado aunque sea parcialmente con ciertos beneficios jubilatorios que ahora probablemente sean modificados por el gobierno. Ya durante la pasada gestión de centro izquierda se habían realizado modificaciones y ahora, en este gobierno de centro derecha, se van a profundizar dichos cambios.

Ejército

El Ejército recibió un pequeño refuerzo para sus fuerzas en la forma de 11 blindados Engesa EE-11 Urutu, que fueron donados por el Ejército de Brasil, junto a diez obuses autopropulsados M-108. Si bien este material es totalmente obsoleto, dadas las grandes carencias y falta de equipamiento que sufre el Ejército, la recepción de cualquier material, por más antiguo que sea, es bienvenida.

Fuera de eso no se han realizado mayores inversiones, más allá de las necesarias para mantener la operatividad y equipar a las tropas desplegadas en Misiones de Paz. Existen planes para la adquisición de nuevo material blindado rodante, pero hasta ahora nada se ha confirmado. Una oferta para la transferencia de blindados M1117 desde Estados Unidos quedo trunca luego de que se decidiera enviar esas unidades a Ucrania.

Armada

La Armada Nacional recibió tres patrulleras clase Marine Protector, transferidas desde la Guardia Costera de Estados Unidos, luego de ser reacondicionadas en sus astilleros. La transferencia insumió un desembolso de cinco millones por parte de Uruguay y los buques arribaron al país a mediados de noviembre. El otro aspecto positivo del año fue el retorno al servicio activo del buque logístico ROU 4 Artigas, el de mayor desplazamiento de la fuerza, luego de su remotorización. 

Fuera de esto, el resto de las noticias son notoriamente negativas. La pérdida total de las escasas capacidades bélicas que poseía la fuerza en la forma de una fragata clase Joao Belo que fue dada de baja, sumada a la desafectación del buque oceanográfico ROU 22 Oyarvide y una patrullera clase Cape, marcaron el año 2022. 

La supuesta compra de nuevo material para la fuerza, con astilleros chinos siendo seleccionados con la mayor calificación técnica, aparentemente ha quedado en foja cero: un nuevo intento fallido para la adquisición de los preciados OPV para la fuerza. La falta de decisión política nuevamente dejó a la Armada sin un buque que tenga la capacidad de cumplir tanto con el mandato constitucional como con las obligaciones internacionales que tiene el país en lo que se refiere a la protección y salvaguarda de la vida en el mar. Adicionalmente, el comienzo de prospecciones en el mar uruguayo en busca de hidrocarburos con buques y equipos de alto costo utilizados por multinacionales no contará básicamente con protección alguna ni capacidades de apoyo en casos de emergencia.

Fuerza Aérea

La Fuerza Aérea Uruguaya básicamente no tuvo novedades positivas en el correr del año excepto que se mantienen las negociaciones para la entrega de un segundo Bell 212 Twin Huey donado por Estados Unidos. La pérdida del último Embraer C-95 Bandeirante que estaba en servicio activo marco el fin de la utilización de este venerable avión en la FAU sin que se haya concretado reemplazo alguno. La posibilidad de que se adquieran aviones Beechcraft B-200 Super King Air en Estados Unidos está latente, pero sin confirmación aún. 

Con respecto a aviones de caza o ataque, años de negociaciones, visitas para ver modelos, reuniones con altos dignatarios de países y miles de horas del ministro de Defensa en todos los medios diciendo que se iba a concretar algo terminaron nuevamente en la nada. De una lista corta de tres o cuatro posibles aviones nuevos que incluía al L-15 chino, el M-346 italiano, el L-159 ALCA, el L-39NG o el TA-50 coreano todo quedó en la nada. Adicionalmente, un potencial negocio con Brasil para la transferencia de una decena de Embraer 314 Super Tucano también se enfría profundamente luego de que Uruguay aspirase, en un nuevo movimiento político fallido, a una cuasi donación por parte de Brasil.

Hueco generacional

En resumen, este 2022 no dejó ningún aspecto positivo resaltable para las fuerzas, apenas con algunas excepciones mínimas como la recepción de algunos antiguos blindados para el Ejército y de tres lanchas patrulleras costeras para la Armada. El resto fue una sumatoria de novedades negativas, promesas políticas incumplidas y un descontento generalizado en el personal militar. Este descontento, que no se refleja en su actividad diaria, afecta, sin embargo, las capacidades de reclutamiento de las fuerzas, donde cada vez menos jóvenes buscan la carrera militar mientras que los oficiales en actividad pasan a retiro o simplemente se van de baja en masa. 

Este hueco generacional va a ser muy difícil de recomponer al punto de que tanto la Armada como la Fuerza Aérea están en problemas para encontrar personal técnico calificado para mantener sus flotas y en un futuro no muy lejano inclusive para operarlas. La inexistencia de medios para operar hace que la vocación, el único motivo por el que un joven quisiese seguir la carrera militar, desaparezca. Sin aviones para volar o barcos para navegar, es muy difícil que algún joven sacrifique su futuro financiero para seguir una carrera llena de sacrificios y que, hoy por hoy, da muy pocas recompensas. A esto hay que sumarle que el beneficio del retiro a una relativa joven edad, diferencial que era muy importante al momento de decidir tomar la carrera de las armas, también desaparecerá pronto. 



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