Los ministros de Defensa de Uruguay, cargos políticos sin especialización
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Los ministros de Defensa de Uruguay, cargos políticos sin especialización

Mindef nuevo uruguay
Armando Castaingdebat Firma: Gobierno de Uruguay
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El ministro de Defensa de Uruguay, Javier Garcia, anunció que dejaría su cargo actual para volver a su banca en el Senado de la República, desde donde militará políticamente de cara a las próximas elecciones. Su reemplazo, el médico veterinario Armando Castaingdebat, asumirá en marzo de 2024 para culminar el último año de gestión del actual Gobierno.

Castaingdebat carece de formación o conocimiento de la cartera de Defensa. Su nombramiento forma parte de la asignación de cuotas políticas que le corresponden a cada partido, y subraya la poca importancia que le han dado históricamente los Gobiernos uruguayos a la posición de Ministro de Defensa. 

Este puesto, que por su importancia estratégica y hasta financiera debería ser ocupado por funcionarios especializados, es ocupado en general por cuotas políticas sin experiencia, algo que sería impensable en otras áreas públicas, como lo demuestra la selección de, por ejemplo, los ministros de Salud Pública, Economía o inclusive de Educación y Cultura. 

En todos estos casos, históricamente, se han seleccionado a doctores en medicina para Salud Publica, contadores y/o economistas para Economía y educadores o profesores para Educación y Cultura. Sería un error político y estratégico impensable poner a alguien sin la formación idónea en alguna de esas posiciones.

Sin embargo, en el Ministerio de Defensa simplemente se coloca a quien le toque por su afiliación política, siendo ese el único requisito. Analizando los últimos ministros de Defensa, incluyendo el que asumirá en marzo, sus profesiones son (o eran) veterinario, doctores en medicina, odontólogo, periodista exguerrillero y un panadero devenido en guerrillero y luego político. Las consecuencias de estas decisiones han sido el desmoronamiento de casi todas las capacidades militares que en algún momento poseyó el país, la pérdida de oficiales y personal subalterno, sobre todo a nivel técnico y la pérdida de beneficios jubilatorios con mínimas mejoras salariales.

Crisis de equipamiento

A nivel de equipamiento la Fuerza Aérea ha perdido toda capacidad de combate y apenas mantiene una capacidad marginal de transporte y helicópteros. La Armada, que apenas tenía alguna capacidad bélica hoy ya no la posee, aunque en este Gobierno ha sido la más beneficiada con respecto a material. Por su parte, el Ejército, que tal vez por su naturaleza sea la Fuerza más fácil de mantener con un mínimo de capacidades bélicas, no ha comprado equipo mayor desde hace unos 40 años y continua utilizando material de combate obsoleto. Esto, simplemente para mantener al personal entrenado en la doctrina de su utilización habiendo perdido sus capacidades misilisticas antitanque y manteniendo una capacidad mínima antiaérea. Apenas se han recibido algunas donaciones de blindados y tanques ligeros totalmente obsoletos que lo único que lograron fue que algún político hiciera prensa resaltando los acuerdos logrados por material fuera de uso.

Estas consecuencias, casi imposibles de revertir al menos en el corto o mediano plazo, si se hubiesen dado en cualquier otro sector del Gobierno, serían causales de paros nacionales, manifestaciones, cuestionamientos políticos y hasta pérdida de elecciones. Sin embargo, la poca trascendencia histórica que le dan los políticos uruguayos de todos los partidos a la Defensa de la Nación y al personal abocado a ella, que casi bordea el desprecio, ha generado esta debacle en uno de los pilares que sostienen a cualquier nación y al que se recurre insistentemente y sin ningún tipo de reconocimiento, ante la más mínima necesidad de ayuda.

La crisis de la Defensa nacional uruguaya, que empezó hace varias décadas y nunca cesó, parece acentuarse año a año, con la total desidia del poder político, que no sólo no intenta detenerla, sino que colabora con su aceleramiento. 



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