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OPINIÓN
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Firma Invitada

Carlos Calvo González-Regueral

Coronel (reserva). Diplomado de Estado Mayor.


Estados Unidos y Europa

24/06/2019 | Madrid

Desde hace unos años las instituciones comunitarias están dedicando una mayor atención a la política de defensa. Fruto de este renovado interés los europeos nos estamos moviendo en un marco en el que la cooperación tiene una importancia creciente. Dese Bruselas se apela a diferentes razones para plantear un futuro más colaborativo y se incentivan medidas en los ámbitos operativo, tecnológico, industrial y financiero.

Desde diciembre de 2013, se han realizado acciones que han culminado en la promulgación del plan europeo de la defensa que incluye un fondo específico para financiar proyectos asociados a las prioridades estratégicas establecidas en el marco de la política exterior, de seguridad y defensa común.

Unas prioridades que están dirigidas por un lado a propiciar el desarrollo de capacidades militares y por otro al fortalecimiento de un tejido industrial potente a nivel europeo. Todo ello con la finalidad última de que Europa pueda jugar un papel de relevancia en la esfera internacional con la autonomía estratégica suficiente para garantizar nuestra libertad de acción. Algo que está siendo visto con recelos desde Washington.

El marco europeo de seguridad

Las principales instituciones que a nivel europeo tienen responsabilidades en materia de seguridad y defensa son el Consejo y la Comisión a nivel político, la Agencia Europea de Defensa (EDA) para asuntos de política de defensa y el Estado Mayor de la Unión Europea (EUMS) como órgano técnico militar.

El Consejo Europeo es el órgano político de máximo nivel, formado por los jefes de Estado y de Gobierno, que fijan directrices generales y prioridades políticas. Del consejo dependen:

La Comisión es responsable legislar y de gestionar el presupuesto de la Unión. La alta representante para asuntos de seguridad y defensa es vicepresidente de la Comisión y al mismo tiempo directora de la EDA. Esta agencia es responsable de elaborar el plan de desarrollo de capacidades y de fomentar el desarrollo de actividades en cooperación. Su papel es importante a la hora de analizar y potenciar las soluciones tecnológicas e industriales que pueden apoyar las capacidades militares.

El EUMS es responsable de supervisar el desarrollo de las operaciones de la Unión. Como órgano técnico desarrolla conceptos, doctrina y capacidades. En concreto elabora los catálogos de requisitos (necesidades), fuerzas (capacidades puestas a disposición por los países) y carencias.

En los últimos años tanto desde el ámbito de la Comisión como del Consejo se ha impulsado el desarrollo de la política común de seguridad y defensa promoviendo una mayor cooperación entre los estados miembros.

Las razones de la cooperación no están solo en las presiones por incrementar el esfuerzo en defensa. Hay otras razones internas que llevan a la conclusión de que Europa debe invertir más en su seguridad, y además hacerlo de forma más eficiente. La situación de seguridad global, la reducción de presupuestos de defensa experimentada durante la década de crisis, la necesidad de racionalizar oferta y demanda y de desarrollar tecnologías y capacidades industriales propias son algunas de las razones que están detrás de la mayor concienciación política y social sobre la necesidad de reforzar nuestra seguridad e impulsar nuestra autonomía.

Los problemas que hemos tenido que afrontar, especialmente en la última década y en relación con las crisis de inmigración, ataques terroristas en suelo europeo o las intervenciones en África, han puesto de manifiesto  las discrepancias políticas entre los miembros de la Unión para abordar problemas que afectan a seguridad y sobre todo algunas de las debilidades entre las que citaremos la falta de resiliencia social, la limitada capacidad operativa y el escaso margen de maniobra de la Unión en materia de seguridad y defensa.

El plan europeo de defensa

En junio de 2016 se  promulgó la estrategia de seguridad de la Unión, titulada “Visión compartida, acción común: una Europa más fuerte”. El documento hace referencia a una mayor colaboración entre los miembros para afrontar los desafíos del futuro. La estrategia plantea la necesidad de dedicar un “nivel suficiente” de inversiones en defensa y que estas se realicen de forma eficiente, de tal manera que se fomente la investigación y la tecnología para reducir la dependencia del exterior, y favorecer el desarrollo industrial como elemento sustentador de capacidades militares.

En ese sentido se plantea que la cooperación entre miembros debe ser la norma y no la excepción para lo que debe potenciarse el papel de la EDA y en concreto del plan de desarrollo de capacidades que en último extremo debe centrarse en proporcionar herramientas que posibiliten una respuesta militar más coordinada, ágil y eficaz.

Como consecuencia directa de la Estrategia, la Comisión desarrolló en noviembre de 2016 el plan de acción europeo de la defensa (EDAP) sobre cuatro ejes de actuación:

En paralelo en septiembre de 2016 se recupera la idea de la  cooperación estructurada permanente (PESCO) para Defensa. Una idea que ya estaba planteada en el Tratado de la Unión pero que había quedado dormida. La PESCO incluye compromisos en cuanto a incremento de presupuestos, armonización de requisitos, uso compartido de las capacidades disponibles y desarrollo coordinado de nuevas capacidades en el marco del proceso CARD (Coordinated Annual Review on Defence) bajo responsabilidad de la EDA.

El enlace entre los diferentes actores, iniciativas políticas y mecanismos está en proceso de desarrollo pero se busca una coherencia entre fines políticos, necesidades militares y capacidades tecnológicas e industriales para contribuir al gran objetivo de disponer de mayor autonomía a través de la colaboración.

La respuesta norteamericana

La declaración de la cumbre de la OTAN celebrada en Gales en 2014 reclamaba un mayor esfuerzo en defensa a los países europeos, tanto en volumen global como en cuanto a inversiones reales. Desde ese año los países europeos han iniciado progresivamente, y de acuerdo a sus situaciones específicas, el camino del incremento de las partidas dedicadas a defensa.

Tras la declaración de Gales estaba la insistencia norteamericana que reclamaba, y no sin cierta justicia, un reparto de las cargas en el seno de la Alianza Atlántica. Un debate que por otra parte, es tan viejo como la propia OTAN. Cuando en 2017 el presidente Trump asume su cargo incide en la necesidad de que los europeos asumamos mayores responsabilidades en materia de defensa y seguridad.

Durante el último año hemos visto una cierta ambivalencia en el discurso norteamericano. Desde Washington se ha aplaudido el “brexit” y se ha animado a los británicos a reforzar su papel en la OTAN tras su desenganche de Europa. Una desvinculación británica que en el ámbito industrial preocupa, puesto  que tiene repercusiones evidentes sobre algunas empresas que pueden estar buscando vías alternativas para no quedar fuera del marco EDAP cuando el “brexit” se materialice.

De forma mucho más directa se han formulado críticas e incluso amenazas al desarrollo del EDAP. La Subsecretaria Lord remitió a primeros de mayo una carta a Mogherini amenazando con represalias si se limitaba la participación norteamericana en el mercado europeo. Durante la visita de los miembros del COPS a Washington a finales de ese mismo mes se reiteraron esas advertencias. El propio Trump durante la conmemoración del 75 aniversario del Día D fue abiertamente hostil a las iniciativas para impulsar la defensa europea.

La ambivalencia norteamericana, curiosamente coincidente con la postura rusa aunque desde planteamientos evidentemente  diferentes, reclama un mayor esfuerzo de los países europeos pero con menor protagonismo de Europa. Un matiz significativo.

En conjunto los países europeos importan más de la mitad de sus sistemas de armas de los Estados Unidos. Este factor es importante. Una industria de defensa europea más fuerte será a largo plazo una competencia para el sector americano. En 2018 las industrias de defensa norteamericanas facturaron 150 mil millones de dólares, casi un 6% más que en 2017. Su contribución al PIB de Estados Unidos supone 375 mil millones de dólares, con 2,5 millones de puestos de trabajo que representan el 20% del empleo industrial norteamericano. Una mayor coordinación general en materia de defensa europea podría suponer un riesgo para esas cifras puesto que afectaría a uno de los mercados preferentes para las empresas de nuestro aliado.  Algo que no encaja en el discurso de “America first”.

¿Un futuro incierto?

El resultado de las pasadas elecciones europeas ha producido una ligera caída en escaños de los partidos más decididos a impulsar el desarrollo de la política de seguridad y defensa común europea. No parece que el desarrollo del EDAP esté en riesgo de cambiar drásticamente, aunque no es descartable que se produzcan cambios de enfoque o incluso una ralentización de la iniciativa.

Las amenazas que llegan desde el otro lado del Atlántico pueden resultar un elemento incentivador de las políticas comunitarias como reacción a una postura ciertamente agresiva de nuestro aliado preferencial. Los riesgos vendrán de las actuaciones de las naciones individuales para impulsar las medidas del plan o continuar siendo compradores preferenciales de sistemas norteamericanos.

La disponibilidad de fondos comunitarios, el planeamiento de capacidades de forma cooperativa y el establecimiento de requisitos operativos lo más comunes posibles permitirán alcanzar mayor eficiencia en los mecanismos de defensa europeos. En este juego tanto la voluntad de los estados, como de las instituciones comunitarias serán esenciales.

La mayor preocupación a nivel global en Europa por una situación estratégica ciertamente inestable que se ha venido afrontando con limitación de recursos y de forma poco coordinada, requiere de liderazgo político para que Europa actúe conforme a su peso global. Esto no implica la ruptura del vínculo transatlántico pero tampoco jugar un papel de mero cliente.

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