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Firma Invitada

Ramón Liaño Núñez

Capitán de navio. Analista de la División de Coordinación de Estudios de Seguridad y Defensa del Ministerio de Defensa


Marruecos, una visión africana

16/07/2020 | Madrid

Resumen

En la última década, Marruecos se ha consolidado como un país cohesionado, estable y un referente y ejemplo a seguir para muchos países de la región. Mohamed VI se ha marcado objetivos cada vez más ambiciosos en todos los ámbitos y pone ahora su foco geopolítico en África. Internamente, la política económica y social de los últimos años ha modernizado considerablemente el país, aunque con un desigual reparto territorial y, aunque ha sufrido crisis locales puntuales, ha sorteado exitosamente las Primaveras Árabes que afectaron a casi todos sus vecinos.

Geopolíticamente, el Reino alauí encara grandes desafíos. A su posicionamiento estratégico para jugar un papel relevante en el continente africano -especialmente en unas ambivalentes relaciones con sus vecinos más próximos- suma la enquistada cuestión sobre la soberanía del Sahara Occidental y una reciente reclamación de la ampliación de los espacios marítimos de su frente atlántico. Consecuencia de esta mayor implicación, Marruecos lleva a cabo un importante proceso de modernización de sus fuerzas armadas que implica también la redefinición de sus planteamientos en materia de Defensa y una mayor presencia internacional para respaldar sus aspiraciones en materia de política exterior.

La política exterior marroquí ha destacado en la última década por sus esfuerzos en proyectar su influencia y presencia en el continente africano, especialmente en su vecindad inmediata. Su neo-vocación africana quedó plasmada en el anuario estratégico de 2018 “Hacia un desarrollo autónomo de África”, confeccionado por el Institut Royal des Études Strategiques[1], que sitúa al continente en el núcleo de las prioridades marroquíes y promueve un desarrollo autónomo africano sin injerencias externas. En enero de 2017, los jefes de Estado de la Unión Africana aprobaron finalmente su ingreso en la organización, lo que constituyó una auténtica victoria diplomática para Rabat. Simultáneamente, y en una actividad diplomática sin precedentes, el reino alauí suscribió acuerdos bilaterales con numerosos países africanos, y negocia ahora su posible integración en la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (Ceeao), consolidando su ascenso como potencia regional.

Marruecos promueve un marco especial de relaciones con los países vecinos, particularmente con Mauritania, Argelia y España.[2] Sin embargo, mantiene al mismo tiempo potenciales espacios de fricción con todos ellos. En el caso de Mauritania, y aunque Nuakchot renunció hace tiempo a sus reclamaciones sobre el Sahara Occidental, Marruecos considera un desafío afrontar su ambivalencia respecto al futuro de dicho territorio, así como sus reticencias a consolidar una aproximación común a la seguridad regional. Argelia parece materializar una cierta voluntad de cooperación en temas como la gestión de fronteras comunes y en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado[3], sin embargo, mantiene una postura mucho más rígida y contraria a los intereses de Rabat en lo que al Sahara se refiere.

En el caso de España, Marruecos busca activamente su postura favorable con respecto a su reclamación de la soberanía del territorio saharaui y, en tono cooperativo, identifica prioridades estratégicas comunes que enfrentar de modo conjunto, tales como la seguridad en el estrecho de Gibraltar, las migraciones clandestinas o la lucha contra el terrorismo y crimen organizado, entre otros. Sin embargo, enfatiza también la necesidad de resolver sus reclamaciones sobre Ceuta, Melilla, las Islas Chafarinas y los Peñones de Alhucemas y de Vélez de la Gomera, y ahora suma un potencial nuevo contencioso: la reciente reclamación sobre delimitación de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) en su frente Atlántico, que colisiona frontalmente con la reclamación española.

La cuestión del Sahara preside la acción diplomática alauí y constituye su más importante quebradero de cabeza. A día de hoy, las posturas de las partes siguen siendo irreconciliables. Rabat no parece ceder ni un milímetro en su propuesta de 2007 que dotaría de una amplia autonomía a la región, aunque sin renunciar a la plena soberanía marroquí sobre el territorio. Así, Rabat se empeña en retrasar sine die el referéndum y obstaculiza la acción de la Minurso lo que, unido a la falta de interés efectivo de la comunidad internacional, condena al fracaso una posible solución pacífica.

El Polisario por su parte permanece también inamovible en la necesidad de un referéndum de autodeterminación que permitiría al pueblo saharaui decidir su propio destino. El reciente 15º congreso del Frente Polisario ha ratificado una línea más dura y, ahora forma explícita, los dirigentes saharauis hablan de volver a las armas. A priori, en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU (CSNU), la postura marroquí contaría con el apoyo de Estados Unidos, aunque no con la unanimidad de sus miembros[4]. El pasado mes de octubre, dicho Consejo de Seguridad prorrogó por un año el mandato de su misión en el Sáhara Occidental (Minurso), al tiempo que enviaba a las partes un mensaje rotundo de que debían acabar cuanto antes con el actual bloqueo y avanzar decididamente en las negociaciones.

A los frentes abiertos, Rabat suma ahora su reciente solicitud ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental[5], de ampliar hasta las 350 millas náuticas su ZEE en la fachada atlántica, probablemente buscando ejercer el control efectivo de importantes yacimientos submarinos de hidrocarburos y minerales[6]. La reclamación marroquí supondría un nuevo punto de fricción con España al entrar en conflicto con una reclamación española previa sobre la ZEE del archipiélago canario[7]. Además, Rabat no ha limitado esta reclamación a su ZEE, sino que pretende que la delimitación -en el caso del continente africano y las Islas Canarias- abandone el habitual criterio de equidistancia en favor de un 'principio de equidad' que valore la extensión y población relativa de ambas partes, buscando desplazar a su favor dichos límites, e incluyendo además como propia la ZEE del Sáhara Occidental[8].

Una defensa acorde sus nuevas aspiraciones

 

En línea con sus aspiraciones de convertirse en una potencia regional en el continente africano, su mayor implicación geopolítica y la carrera de armamentos de los diversos países del Magreb, en los últimos años las Fuerzas Armadas Reales de Marruecos han sufrido un importante proceso de modernización acompañado de una mayor inversión. Así, en 2018, su gasto de Defensa se situaba en torno a los 3.100 millones de euros, en 3.300 millones de euros en 2019 y en 2020 se calcula que alcanzará los 4.270 millones de euros. Este sustancial aumento (de entorno al 30%) se destinará en una importante partida al crecimiento del gasto derivado del aumento de personal[9], previéndose además un aumento de sus salarios.

Otra parte sustancial del presupuesto se dedicará a la adquisición de nuevos materiales y está prevista la firma de importantes contratos de armamento adicionales[10]. En este sentido son destacables los fuertes vínculos que mantiene con Estados Unidos, su principal proveedor de armamento y con quien además lleva a cabo numerosas actividades de cooperación. En la esfera europea, Marruecos mantiene unas amplias relaciones con Francia, con la que mantiene importantes programas de armamento, sobre todo en el ámbito naval y con el Reino Unido, con quien firmó en 2018 un acuerdo de diálogo estratégico.

En cuanto a las relaciones bilaterales entre España y Marruecos en materia de Defensa, éstas son sólidas y están reguladas por un tratado de cooperación de 1989, al que se le han ido sumando otros acuerdos específicos. En la actualidad, una comisión militar mixta de alto nivel se reúne bienalmente, y los programas de cooperación contemplan numerosas actividades anuales conjuntas en todos los ámbitos de Defensa, incidiendo especialmente en materia de enseñanza y formación, ciberdefensa, gestión de desastres y catástrofes naturales, etc.

Marruecos también despliega una intensa actividad exterior implicándose activamente en organizaciones internacionales de seguridad y defensa como la Iniciativa 5+5 Defensa y la OTAN[11]. También destaca su historial de contribuciones a operaciones y misiones en el exterior como IFOR/SFOR en Bosnia (1995-2004), KFOR en Kosovo (1999-2014) o Active Endeavour en el Mediterráneo y Unified Protector en Libia. Regionalmente, Rabat mantiene un despliegue exterior en apoyo de las misiones de Naciones Unidas en Costa de Marfil y la República Democrática del Congo.

Además, la capacidad militar con avanzados sistemas de armas de la que pretende dotarse obligará a Rabat a incrementar la formación de su personal tanto en el empleo como en el mantenimiento de estos sofisticados sistemas, a dotarse de infraestructuras adecuadas para acoger el nuevo armamento y de la logística necesaria, a dotarse también de un tejido industrial y tecnológico -del que carece- que permita sus mantenimientos y dotarse de sistemas de comunicaciones, mando y control que permitan su adecuado empleo.

Como consecuencia, no es descartable una creciente aproximación marroquí a la OTAN e individualmente a países aliados de su esfera más próxima que le permitan cubrir dichas necesidades, así como una creciente implicación en ejercicios y operaciones para adquirir el conocimiento, la formación y el adiestramiento necesarios.

A modo de conclusión, el escenario descrito dibuja un panorama con diversos desafíos para Rabat. Las perpetuas obstrucciones y retrasos del referéndum y el ninguneo de la misión de la Minurso unido a la falta de acción internacional parecen estar obligando al Frente Polisario a un endurecimiento de su postura que podría derivar en un conflicto armado, aunque no dispongan de fuerza suficiente para plantear un desafío militar serio al reino alauí.

A ello se ha de sumar la inestabilidad regional en la que Rabat tendrá que posicionarse. Además, el reino alauí juega ya un papel en lo que respecta a la seguridad y estabilidad regional, papel que se verá reforzado tras la integración en la Unión Africana y su previsible ingreso en la Comunidad Económica de Estados de África Occidental. Por último y más allá de las puntuales fricciones que puedan mantener, los comunes intereses entre España y Marruecos en el ámbito de la seguridad y defensa habrán de prevalecer, y es muy probable un incremento de la cooperación bilateral en un futuro próximo para hacer frente a los desafíos que comparten.

 

[3] Conviene recordar que la frontera con Argelia continúa cerrada desde 1994 y hay un despliegue militar a ambos lados.

[4] Francia apoya plenamente la postura marroquí, mientras que algunos miembros no permanentes, reconocen oficialmente a la República Saharaui. España, por su parte, apoya una solución política, justa, duradera y mutuamente aceptable que prevea la libre determinación de los saharauis en el marco de los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas.

[5] La Comisión es el órgano creado por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar para examinar los datos presentados por los Estados ribereños sobre la determinación de los límites exteriores de la plataforma continental, cuando ésta se extiende más allá de las 200 millas marinas, así como de hacer las recomendaciones pertinentes.

[6] En 2011 se descubrieron importantes yacimientos minerales en una serie de montes submarinos que forman parte de la cadena volcánica de las Islas Canarias, que no de la plataforma continental africana, aspecto muy relevante desde el punto de vista jurídico. El principal yacimiento se encontraría en el “monte” Tropic, único situado más allá del límite de las 200 millas tanto de Canarias como de Marruecos.

[7] En 2015, España presentó una solicitud de ampliación de su ZEE sobre la línea de base de las Islas Canarias que aún no ha sido resuelta.

[8] En principio, el hecho de que el estatus del Sahara sea el de territorio a descolonizar debería invalidar per se la solicitud marroquí, al carecer Marruecos de base legal para ejercer la soberanía sobre dicho territorio.

[9] De acuerdo con fuentes abiertas, Marruecos posee unas fuerzas armadas constituidas por unos 196.000 efectivos. Además, a principios de 2019, reintrodujo el servicio militar obligatorio y lo extendió -voluntariamente- a las mujeres, quizá buscando modernizar el país, una mayor cohesión social o incluso reducir del paro juvenil, pero en definitiva incrementando el número de reservistas.

[10] Entre ellas cabe destacar la posible adquisición de 24 helicópteros Apache, 12 helicópteros de transporte ligero, 24 helicópteros de transporte táctico, un avión de guerra electrónica, una batería de misiles Patriot y 25 cazas F-16. Así mismo se prevé renovar la flota de patrulleros de la Marina real y las estaciones radares costeras y la modernización de los medios de detección aérea.

[11] Conviene recordar que Marruecos fue el primer país del Mediterranean Dialogue que suscribió con la organización el correspondiente programa individual de cooperación. Desde 2016, Marruecos participa en las iniciativas Interoperability Platform y Defense Capacity Building, lanzadas en la Cumbre de Gales.

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