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OPINIÓN
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Firma Invitada

Gustavo E. Andrés Saralegui

Buenos Aires - Argentina, 1956. Ingeniero por la Universidad Nacional de Buenos Aires, UBA. Magister en Defensa, FADENA, Univ. de la Defensa. Graduado del CHDS W.J.Perry Center, U.S. DoD. Sector privado: Urbaser del Grupo ACS y Gaseba del grupo Gaz de France. Actividad pública: Ex­asesor AH del subsecretario de Planeamiento Estratégico y Asuntos Militares, MinDef Argentina.


¿Está equivocado el presidente Trump en sus exigencias a la OTAN? (II)

04/03/2020 | Madrid

Previamente se intentó demostrar que el presupuesto de defensa es el resultado de una reacción en cadena, (efecto dominó), la cual comienza a partir de la directiva estratégica, que define las misiones a llevar a cabo, da origen a una planificación militar y un diseño de fuerza para cumplir ese cometido, pero a la vez origina un requerimiento que es el gasto militar. También se mencionó que comparar los PBI permite contrastar la relativa carga económica que representa para cada país el gasto militar. Verbigracia el PBI conjunto de los aliados no estadounidenses de la OTAN, supera al de los Estados Unidos, a pesar de que, ellos gastan menos de la mitad que EE.UU en defensa. Además, se deslizó que la medición del gasto militar como un porcentaje del PBI puede ser altamente erróneo.

¿Porque esas exigencias?

Las exigencias del presidente Trump a la OTAN tienen como referencia el compromiso asumido en 2006 por los ministros de Defensa de los países miembros, que acordaron comprometerse a un mínimo del 2% de su PIB para gastos de defensa. Esta guía principalmente sirve como un indicador político de la voluntad de un país, de contribuir a los esfuerzos de defensa común de la alianza, pero analizándolo desde la economía de defensa no tiene demasiado sustento.

La razón primordial es que es un Índice y no el resultado de una decisión política o un modelo económico. Tiene una relación directamente proporcional al gasto de defensa, por una parte, por lo tanto, si aumenta o disminuye el gasto crece o baja el índice y es inversamente proporcional al PBI por otro, lo cual significa que si crece el denominador (PBI) a igual cifra en el numerador (gasto de defensa), baja el índice y viceversa, si el denominador baja a igual numerador aumenta el índice. Debido a lo cual da como resultado un número relativo que en ocasiones es difícil de explicar. Por caso como producto del análisis de la información del siguiente cuadro surge:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nota: información de https://www.nato.int/cps/en/natohq/topics . Los números de 2019 son estimados.

Entre el 2018 y 2019 Canadá y España mantuvieron el mismo Índice gasto de defensa: PBI, no obstante, aumentaron sus gastos de defensa en 265 y 252 millones de dólares (constantes de 2015) consecuencia del aumento de sus respectivos PBI. También Estados Unidos entre 2017 y 2018 disminuyó en forma porcentual la ratio en este caso producto del crecimiento de su PBI en 540.446 millones de dólares y su gasto militar 15.632 millones de dólares. Son evidencias de la información errónea que puede arrojar la ratio y que el presupuesto de defensa debe estar atado a las misiones y no a las intenciones de gastar.

Cuando en 1949 con el objetivo de evitar el expansionismo soviético se firmó el tratado de Washington para la defensa común de los firmantes, los europeos sellaron con Estados Unidos un pacto de defensa mutua, que siempre gozó del importante caudal de divisas de América y el paraguas militar de los americanos. Ellos precisaban fomentar la integración política de Europa y evitar que surgieran nuevos nacionalismos militares mediante una fuerte presencia militar norteamericana en el continente. A través de los años el sistema demostró muchos problemas de sustentabilidad por la falta de logística básicamente escasez y carencia de normalización de acopios como así también baja interoperabilidad de equipos. Sin embargo, las tropas americanas junto a unidades militares inglesas y canadienses estaban asentadas en territorio alemán y con este apoyo a partir de 1955, serían la contención inicial para un posterior despliegue en capas del resto de los ejércitos aliados con la masiva ayuda americana. A pesar de las falencias la disuasión estaba en la capacidad nuclear de Estados Unidos.

Con la disolución del Pacto de Varsovia, se esfumó la amenaza al continente, se reordena la geopolítica de un entorno bipolar (Occidente y Oriente) a uno unipolar y EE. UU. pasa a ser la superpotencia mundial. La OTAN ha pasado de ser una organización surgida para la defensa común de sus miembros, a ser una herramienta de garantía de la seguridad no sólo de sus miembros sino internacional. Si bien la función de proporcionar seguridad mediante la disuasión y la defensa colectiva ante la amenaza bélica permanece inalterada, se ha constituido en una alianza de países preocupados por la estabilidad de su periferia y por conflictos internacionales que afectan la seguridad internacional.

El problema de esto es que mientras fue Europa el eje del potencial conflicto, las tropas americanas estaban acantonadas en suelo europeo y los países europeos acompañaban a la OTAN con presupuesto para gastos militares teniendo en cuenta la incertidumbre de un relativo y potencial conflicto, que nunca llegó a producirse, pasando por momentos de baja y mayor tensión. Pero a partir de las operaciones en la ex Yugoslavia y posteriormente en Oriente Medio la cosa parece no ser tan sencilla.

Hacer frente a operaciones alejadas de Europa y de larga duración, necesita de la optimización de la estructura de la fuerza para su despliegue sostenido. Disponer de suficientes medios aéreos para transporte estratégico y para misiones tácticas, control aéreo y por sobre todo una gran logística. La estrategia americana tiene una visión donde están presentes varios conflictos como China, Medio Oriente y Europa con escenarios actuales que la política necesita adecuar y donde el esfuerzo militar americano, los Estados Unidos quiere que sea compartido por los aliados aún en mayor medida que hasta ahora.

La pregunta es si los aliados están dispuestos a ese constante acompañamiento, mientras fue Europa era una situación, la actual es distinta. El debate sobre la financiación de las operaciones OTAN no contempladas en el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte está generando controversias en el seno de esta y condiciona el futuro.

En correspondencia al análisis central, ¿son las misiones actuales de la OTAN, las misiones que los estrategas diseñaron mediante la información de inteligencia? Como están ponderadas estas misiones para cada país miembro en función del beneficio marginal a obtener.

La gran preocupación de la Casa Blanca no es la financiación común sino las contribuciones indirectas o nacionales. La OTAN, es una organización intergubernamental que tienen un sistema de defensa común pero los países aliados mantienen su plena independencia y soberanía. Existe ausencia de rivalidad, el consumo de la defensa común por un país no disminuye el consumo por otro. Por otra parte, es no excluible,  lo cual significa que es imposible o muy difícil actualmente excluir a alguien de los beneficios. La alianza provee defensa común para todos los miembros o sea todos la consumen y beneficia a todos ya que no se excluye a nadie, independientemente del aporte económico realizado. Y esto trae aparejado lo que en Economía se conoce como el “problema del parásito”. O sea, el que consume y se beneficia, pero no paga lo que debería pagar.

El mayor peso de la financiación de las actuaciones en nombre de la OTAN recae sobre los presupuestos nacionales de los aliados y no sobre la financiación común. La mayoría de las fuerzas y medios son de cada aliado, excepto la flota de aviones de alerta temprana (AWACS) y una parte de la fuerza de Acción Rápida, Nato Force Response (NFR). Respecto al financiamiento de esta fuerza el mismo ex Sec. Gral. de la OTAN Hoop Scheffer dijo: “La participación en la NRF es una especie de lotería, pero negativa, si tu número es el agraciado, pierdes dinero. Si la NFR se despliega durante tu turno rotatorio de servicio, te toca a ti pagar todos los costes de despliegue de tus tropas”.

De hecho, la primera vez que se desplegó la NFR, fue en Pakistán durante una ayuda humanitaria, y en ese momento era el estado español el que se hizo cargo de la operación, y de los costes económicos que supuso. Posteriormente España propuso firmemente mayor apoyo económico de la Alianza. La propuesta fue apoyada por Estados Unidos, pero no por Francia que abogó por el cumplimiento del principio “el coste allí donde surjan las necesidades”. “The costs lie where they fall” lo cual también en palabras de Jaap de Hoop Scheffer significa si un país envió dos soldados a una zona de conflicto solo paga por dos, mientras que si envía 700 paga por 700.

La financiación común, concretamente del Presupuesto Militar y del Programa de Inversiones, debería ganar importancia para asumir los mayores costes de las operaciones OTAN, como medio para asegurar el reparto equitativo de los mismos.

También, se debería hacer notar que la alianza se recuesta en los Estados Unidos por la provisión de algunas capacidades esenciales como: inteligencia, vigilancia y reconocimiento, reabastecimiento aéreo, defensa balística con misiles, y guerra electrónica en el aire.

Respuesta a las declaraciones

La OTAN se podría comparar en la ficción a un club de esgrima, el cual tiene requisitos especiales de admisión, pero con una cuota social muy baja para principiantes, a pesar de ello existe el compromiso verbal de cada socio de gastar importantes sumas en floretes, sables y espadas para usar en los distintos torneos en que se presente la institución. Hoy el socio más importante del club, no le parece que se cumplen las palabras comprometidas para ir a disputar torneos y exige en un tono poco cortés que gasten más dinero en armas de esgrima. ¿Es la manera más eficiente? No, por de pronto el club debería tener una cuota mucho más alta para obtener los beneficios de pertenecer, seleccionar y clasificar en importancia los torneos en los cuales un socio puede participar, recolectar los fondos para participar en relación con la capacidad contributiva de cada socio y solamente estimular a grandes jugadores a participar de los premios más tentadores que exigen mejores armas.

Por lo tanto, el presidente Trump no está equivocado en pedir a sus aliados mayor contribución económica para solventar las misiones que los estrategas aliados definen en función de las amenazas existentes. Si, se equivoca en la forma de solicitarla, mediante un aumento de la ratio Gadef[1]/PBI. Además, sería necesario que los socios de la alianza tengan claro como escribió alguna vez Von Clausewitz “ no es prudente iniciar ninguna movida sin comprender cabalmente antes el conflicto en que nos empeñamos”.

Epílogo

Parece necesario un cambio en el sistema financiero de la OTAN, disminuyendo su excesiva dependencia de las iniciativas de cada país y apostar por un reparto de la carga económica más eficiente (costo/beneficio), para equilibrar los costes que gravan a los países que más trabajan por la defensa común de Europa y evitar el problema de los países parásitos “free rider”. Es necesario que cada presupuesto nacional prevea hasta donde se cubre la defensa nacional y que resta para complementarlo con la defensa común. Debería replantearse la defensa y seguridad de Europa, como un problema de los europeos asumiendo la iniciativa con el apoyo de Estados Unidos y Canadá, alentando el consumo de insumos militares europeos y de esta manera tener el respaldo político para decidir si se desea operar en otros entornos y en cuales. De lo contrario, si se va a depender principalmente de EE.UU. para la defensa de Europa, aceptar que deben apoyarlo en su estrategia global y estar subordinados a su complejo industrial militar. Ambas alternativas tienen sus costos y beneficios.

 

[1] Gadef = gasto de defensa

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