2014, un año que vivimos peligrosamente
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2014, un año que vivimos peligrosamente

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El año 2014 no ha sido un año fácil para la seguridad internacional. Tres hechos marcan claramente el panorama: la incidencia en el mercado de la energía de los recursos no convencionales; la política rusa en relación con Ukrania; y la expansión y proclamación del Califato del Estado Islámico.

Aunque tampoco debemos olvidar la política expansiva china tanto en el campo de las reclamaciones territoriales en los mares de China como por la vía de impulsar un mercado económico en la zona del Pacífico asiático y también la expansión de sus inversiones en África o en Latinoamérica.

Este hecho, unido a la creciente autonomía energética de los EEUU, debería haber dinamizado aún más el proceso de pivotar los intereses y las políticas norteamericanas del Atlántico al Pacífico. Sin embargo, la irrupción y expansión del Estado Islámico en Siria e Irak y la creciente adhesión de grupos yihadistas terroristas en otras zonas, dejando su relación con alQaeda, y también la política agresiva de Putin en el este europeo, han tenido como consecuencia que los EEUU hayan tenido que fijar su política en Oriente Próximo y en Europa.

De esta forma el presidente Obama ha tenido que ir modificando sus políticas en relación a Rusia y a Siria e Irak. Incluso también se han producido modificaciones en relación a Afganistán, en donde se pone fin a la misión ISAF. La campaña de bombardeos sobre posiciones del Estado Islámico cada vez es más evidente que está dando la razón a quienes creen que sin pisar el terreno no se podrá vencer. Estos problemas, unidos a los resultados para el Congreso que han supuesto un grave revés para los demócratas, han llevado a la sustitución del Secretario de Defensa. Los problemas de relaciones entre el personal del Pentágono y de la Casa Blanca, nada nuevos en el panorama de la política norteamericana, nuevamente parece que se cobran sus víctimas.

Pero lo más novedoso ha sido lo que parece llevarnos a una nueva guerra fría entre el mundo occidental y Rusia. La ocupación de Crimea y la situación en el este de Ukrania, donde se está produciendo una auténtica guerra civil, están poniendo en evidencia que Rusia quiere recuperar una posición en el mundo, aprovechando las contradicciones de la política norteamericana con un presidente ya “pato cojo” y las debilidades tradicionales de la UE y soslayando las repetidas afirmaciones de respeto de la legalidad internacional.

Estos escenarios han incidido también en las agendas delas organizaciones internacionales. En la cumbre de la OTAN en setiembre, que había previsto como tema central el fin de la misión ISAF y la puesta en marcha de la misión ResoluteSupport, tuvo que adecuar su orden del día volviendo a priorizar las cuestiones de su frontera oriental ante los temores de los países orientales de la organización ante la renovada agresividad rusa. Así se fijó la necesidad de aumentar la capacidad de reacción de una forma inmediata ante la posibilidad de alguna agresión. Esta prioridad a la frontera este podía haber desdibujado la amenaza yihadista en la frontera sur, ante los sucesos de Oriente Próximo y la creciente inestabilidad del Sahel y ante la evolución de algunos países tras las llamadas primaveras árabes. Sin embargo la cuestión estuvo sobre la mesa, aunque el aspecto de formar una alianza contra el Estado Islámico se dejó fuera del marco orgánico de la OTAN.

En el caso de la UE aunque el marco exterior también ha influido en su política , especialmente con las sanciones a Rusia, la política de defensa ha venido marcada más por el paulatino desarrollo de las decisiones de la cumbre de diciembre de 2013 sobre la PCSD y especialmente en relación al marco industrial y comercial del mercado europeo. En este año también hemos asistido tras las elecciones europeas a la formación del nuevo parlamento y de la nueva Comisión, con una nueva Alta Representante y la expectativa de políticas más activas.

La política de defensa de España se ha enmarcado en este contexto internacional y su participación en las reuniones de las Organizaciones de las que es miembro.

Se reafirma el interés prioritario por la zona vecina del sur, Magreb y Sahel, como áreas cuya estabilidad afecta a nuestra seguridad. La evolución de las primaveras árabes, la extensión del terrorismo en el Sahel, el desarrollo de las crisis en Oriente Próximo (conflicto palestino, Siria e Irak) han sido cuestiones permanentes en la actividad española. Se debe destacar el compromiso de envío de instructores para las fuerzas iraquíes en su lucha contra el Estado Islámico en el marco de compromisos aliados con este conflicto, aunque los recuerdos de la situación crítica creada por la intervención en 2013, permiten explicar la prudencia de los ritmos marcados en nuestro compromiso, a pesar del alto grado de consenso alcanzado en este momento. También se ha ido concretando nuestro compromiso con el futuro de Afganistán en el marco de las nuevas políticas marcadas por la OTAN.

También hemos reafirmado nuestros compromisos con el mantenimiento de nuestra presencia en las diversas operaciones de la UE y de las NNUU en toda esta área (MENA en sus siglas en inglés) prioritaria para nuestra seguridad.

En el plano interior de la política de defensa vamos asistiendo a la concreción en textos de las reformas largamente gestadas en relación con la organización de nuestro sistema de seguridad y defensa. Así en el marco de la seguridad, el paulatino desarrollo orgánico de la Estrategia de Seguridad Nacional de 2013 y en el marco de la defensa en concreto el decreto sobre la organización del Ministerio de Defensa y la orden ministerial sobre la de las Fuerzas Armadas. En ambos documentos encontramos la concreción del proceso de concentración de la dirección y gestión de los programas de armamento en la Secretaría de Estado y más concretamente en la DGAM y la reafirmación del papel del JEMAD en la dirección de las Fuerzas Armadas y sus operaciones, con una importante reorganización de la estructura del Mando de Operaciones y del EMAD. Y todo ello en el marco de consecución de la Fuerza Conjunta definida por el JEMAD.

También hemos visto la materialización del compromiso con el futuro de nuestra BTID a través de diversos viajes de autoridades ministeriales a aquellas zonas donde es posible la concreción de acuerdos para garantizar paulatinamente la internacionalización de nuestras empresas, asi como la concreción del nuevo marco que se fija con la posibilidad de los acuerdos “gobierno a gobierno”. Esto ha ido unido al acuerdo gubernamental de responsabilizar al Ministerio de Defensa de la política industrial de este sector.

Después de varios años de disminución del presupuesto de Defensa el proyecto para 2015 señala un previsión de un ligero crecimiento (un 0.8 del presupuesto consolidado de la sección 14), en coherencia con los acuerdos adoptados en la cumbre de la OTAN para tender a un crecimiento de los recursos dedicados a la defensa en una perspectiva de llegar a un 2% del PIB en los próximos diez años.

Esto puede traducirse en la concreción de un nuevo ciclo inversor para actualizar las capacidades adecuadas para los nuevos escenarios estratégicos previsibles. Parece evidente la dificultad para encontrar un nuevo sistema de financiación de este nuevo ciclo, por lo que en sus pasos iniciales se utilizará el sistema de prefinanciación utilizado con las adecuaciones que puedan ser necesarias. Sus perspectivas de futuro irán ligadas a la evolución económica, a la adecuación del mecanismo de financiación y a un consenso básico que garantice su continuidad, estabilidad y previsibilidad.

Tampoco debemos olvidar la continuación del proceso de adecuación al marco general educativo de la enseñanza militar. Así tras la puesta en marcha y adecuación anual de la enseñanza de formación hemos entrado ya en la fase de adecuación de la enseñanza de perfeccionamiento y de altos estudios. En un proceso de constante relación con el mundo universitario se van perfilando y concretando la definición de los máster y también de posibles doctorados para los profesionales de las Fuerzas Armadas. Un claro ejemplo lo encontramos en la paulatina conversión del curso de Estado Mayor en un máster oficial.

Así se van consolidando los procesos de transformación de nuestras Fuerzas Armadas y de las políticas de seguridad y defensa.

A grandes rasgos hemos intentado dibujar la foto de lo que ha significado este año que acabamos para los escenarios de seguridad y defensa y la adecuación de las políticas para dar respuestas eficaces a los retos que plantean.

Jordi Marsal es licenciado en Filosofía y Letras (sección Filosofía) por la Universidad de Barcelona y diplomado en Altos Estudios Militares por el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN). Actualmente ocupa el cargo de Adjunto Civil al Director de este centro.

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