Rusia, cada vez más lejos del primer mundo
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Rusia, cada vez más lejos del primer mundo

Tropas rusas en un ejercicio en bielorrusia
Tropas rusas en un ejercicio conjunto con Bielorrusia. Foto: Tass
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El mundo vuelve a entrar en Guerra Fría y, como ocurriera en la primera, Europa vuelve a estar en medio y vuelve a no pintar nada. La política estadounidense manda de nuevo, en 1949 EEUU creó la OTAN para frenar la expansión de la entonces URSS por Europa y hoy, después de que Trump prácticamente se cargara la Alianza, Biden la rescata con el mismo objetivo. La posición de Rusia respecto a Ucrania ha sido la excusa perfecta, Putin no se acerca a Europa dialogando sino a tiros, lo que deja poco espacio a la elección. Pero ¿y si Rusia dialogara?, ¿y si Moscú asumiera que está en Europa y no en Asia como le interesa a EEUU?, ¿y si en vez de segundo mundo Rusia fuera primer mundo? Pues que juntos, la UE y Rusia, arrebatarían inmediatamente el cinturón a la actual campeona, EEUU, y a la aspirante, China. El problema es que Europa está cómoda en manos de EEUU y Rusia ocupada y preocupada por el constante avance OTAN hacia sus fronteras pese a los acuerdos de 1997.

Lo cierto es que EEUU lo ha hecho muy bien. Por un lado se ha saltado los acuerdos con una justificación irrebatible, que es anteponer la sobernaía de los países que quieren ser de la OTAN a cualquier contrato entre potencias. Además, ha llamado amiga a Europa y la tiene como gran aliada. Frena cualquier acercamiento de Rusia a la UE y avanza hacia el este arrinconándola todo lo posible en Asia. La UE no es tonta, sabe que la usan, pero como lo hacen sin hacer sangre y saca beneficios, pues claudica. ¡Ojo!, saca beneficios mientras no se olvide del America First, que quiere decir que somos amigos pero solo si tú me enriqueces a mí y tu desarrollo llega hasta donde yo diga. Trump dejó esto muy claro en puntos como la defensa, donde incluso entró en sanciones y amenazas contra Europa si esta potenciaba una industria propia de defensa y dejaba de comprarle a él.

El problema de Europa es que, como no es realmente un país y cada miembro va por libre, no pinta nada a nivel internacional. Solo le queda ir con otro y ahí hay poco donde elegir. La mejor opción para pintar algo ha sido unirse a EEUU aunque no todos están de acuerdo. Esta crisis es un buen ejemplo, Alemania ha dicho que no piensa suministrar armamento a Ucrania y Francia quiere seguir la vía diplomática, sin la interferencia de EEUU, y negocia directamente con Rusia, no podemos olvidar que los franceses ya se fueron de la OTAN en su momento cansados de las imposiciones de EEUU. La posición de España es más sumisa en esa extraña idea de que estar cerca del perro grande ayuda aunque ese perro te coma la comida del plato.

Una Rusia estancada en el segundo mundo

Al contrario que EEUU, Rusia no es una gran economía, estaría más o menos entre España e Italia, aunque su potencial en recursos es enorme. Su problema es que quiere ser un EEUU en el panorama internacional pero no puede. De hecho, aún es segundo mundo. Antes lo era porque así se llamaba a aquellos países que rechazaban el capitalismo, ahora lo es porque se ha quedado en una segunda línea y es incapaz de cruzarla y eso, para quien fue URSS no hace tanto, duele y mucho.

Lo único que le queda a Rusia de la URSS es una inversión enorme en material militar y las efemérides. Su Gobierno, Putin, ha alimentado ambos puntos usándolos como cimiento de un posible regreso a la gloria. Lo necesita para sobrevivir, porque sino la realidad de ser segundo mundo cuando podrían ser primero se lo llevaría por delante. Lo necesita para soliviantar a sus ciudadanos y tenerlos lo suficientemente enfadados como para justificar el asesinato o la detención de los que quieren ser un país del primer mundo. Y lo necesita también para meter miedo fuera, para ser alguien. Y por eso Europa le queda tan lejos, sino fuera por eso, el que quedaría lejos sería EEUU, lejos y muy atrás. Una suerte para los estadounidenses.

Lo dicho, Rusia no es una gran economía, pero sí una gran potencia. La guerra en Siria la han ganado ellos. Han dejado mal a EEUU, a Reino Unido y a Francia y encima han conseguido un puerto en el Mediterráneo. Ahora apuntan a Ucrania, un territorio con miles de yacimientos de minerales estratégicos, entre ellos uranio, con unas importantes instalaciones industriales y con un territorio considerado el granero de Europa y del Mundo por la riqueza de sus tierras negras, las mismas que intentaron llevarse los alemanes por toneladas cargando cientos de trenes con ellas durante la Segunda Guerra Mundial, esa misma que fue en realidad un triunfo netamente soviético, que no olvidemos fueron los que entraron en Berlín pese a lo que nos haya contado Hollywood.

¿Una amenaza a la espera de buen tiempo?

La amenaza rusa es real, es real para EEUU y es real para todos los demás. Obviamente es real para Ucrania, a salvo, dicen los estrategas, solo porque el invierno está siendo suave y en vez de hielo hay barro que imposibilita el buen avance de las tropas rusas. A salvo, dicen los estrategas, durante apenas unos días más, porque luego se abre  una ventana climatológica que terminará con ese barro y entonces ya veremos qué pasa.

Pero ¿hay remedio?, pues remedio siempre hay, aunque aquí todo apunta a que se va a liar sí o sí, ya sea a golpe de sanciones o a golpes sin más. Habrá que ver qué hace Rusia, pero hay que entender que ese sentimiento de añoranza de pasados heroicos está en la calle. Incluso se han recuperado conceptos como el de Santa Madre Rusia, que encima mete a la religión de por medio en una peligrosa fusión con la política, como por cierto ya hiciera en su momento y con el mismo concepto Stalin (sí, un comunista invocando santos). Pero sobre todo porque es un sentimiento que se palpa. Los rusos son todavía un pueblo aislado, habitantes de un mundo enorme que aún no comprenden del todo. Les cuesta entender, por ejemplo, que un producto irrompible no triunfe en el mercado por encima de otro cuya única virtud es que “mola más”. Creen que su economía no triunfa porque el resto los consideran los malos de las películas, sin darse cuenta de que acciones como la de Ucrania no son precisamente la mejor publicidad. Pero sobre todo les cuesta no dejarse llevar por el megalómano de turno. Están demasiado acostumbrados a servir. Han pasado de los divinos zares, a los omnipotentes secretarios generales de partido y después a delirantes líderes. No son un pueblo que plante cara a sus dirigentes pese a que lo hicieron una vez, contra los zares, pero porque se lo mandaron otros dirigentes, los comunistas, con falsas promesas que cuando se descubrieron destrozaron tantas esperanzas que el servilismo se convirtió en la única opción de supervivencia.

Es un país con gente muy joven en puestos muy altos, hijos del partido transformados en oligarcas que se han criado entre cuentos de la época en la que Rusia era la URSS y la URSS era grande y poderosa. Que se han criado siendo segundo mundo y los malos de las películas. Que quieren volver a ser alguien y serlo solos, sin nadie más y contra todos los demás a no ser que les rindan pleitesía. Para ellos funciona así, unos reinan y otros sirven y eso hace que cualquier alianza con Europa sea casi imposible a no ser que Europa acepte ser sierva. Solo hay que ver la reunión entre Putin y el presidente de Irán, Raisi, perfectamente sentado, le regalaba el oído mientras él, caído de medio lado en la silla, se dejaba querer sin dar demasiadas muestras de reconocimiento. Rusia parece creer que Ucrania le devolverá a tiros la posición que tenía como URSS, sin darse cuenta de que quizás, y solo quizás, el camino bueno era dejar de ser segundo mundo y entrar en el primero. A fin de cuentas, Moscú está en Europa igual que Berlín, París, Roma o Madrid. Y hasta que Rusia se de cuenta, EEUU encantado y China callada y a la espera.



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