La Artillería de Colombia: ante todo, patriota
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La Artillería de Colombia: ante todo, patriota

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Al analizar el proceso de construcción de las capacidades disuasivas en las Fuerzas Militares colombianas, es de destacar lo ocurrido en el arma de artillería. Los artilleros caracterizados por su espíritu patriótico, su preparación profesional integral y su cumplimiento fiel a los derroteros establecidos en el CRE-i de Fuegos, realizado por un importante grupo de expertos en el año 2016, han venido trabajando incesantemente para fortalecer sus capacidades en servicio de todos los ciudadanos de la Patria.

Gracias a innovadores programas de entrenamiento, la Artillería colombiana ha ganado importantes espacios en todo lo relativo en apoyar con fuegos especializados de naturaleza no letal a operaciones de asistencia humanitaria, como la atención y prevención de desastres. Su éxito radica en combinar la simulación -con modernos equipos que emplean tecnología de punta- y ejercicios de entrenamiento conjuntos donde participan junto a organizaciones y agencias especializadas en este tipo de contingencias.

El entrenamiento también abarca tareas de defensa aérea, donde un departamento élite de la Escuela de Artillería, conformado por personal técnico especializado, desarrolla de manera permanente programas estrictamente alineados a las estrategias y directrices emitidas por el gobierno nacional y el comando general. Estas acciones articulan los elementos del poder nacional e incrementan las condiciones esenciales requeridas para garantizar la seguridad de todos los colombianos.

Divisa negra

Las unidades de la divisa negra (forma respetuosa de llamar a esta especialidad), son altamente versátiles y flexibles y, de acuerdo con el tipo de misión que se requiere cumplir, pueden tener asignados obuses de calibre 155 y calibre 105 milímetros, morteros de calibre 120 milímetros, lanzamisiles con propósitos antitanque de largo alcance, entre otras armas representativas.

Los anteriores procesos han dejado personal altamente capacitado para sostener las tareas de mantenimiento de I, II y III nivel en los próximos veinte años, bajo estándares internacionales OTAN. En razón a esto y a las necesidades operativas y tácticas de las Fuerzas Armadas, se están materializado de manera progresiva, proyectos para la importación de nuevo material con el que se han reforzado las capacidades ya existentes incrementando además el valor estratégico de esta arma en particular, ya que las mismas posibilitan una extensa cobertura de fuego protegiendo con ello –y en el caso de operaciones contrainsurgentes y antiterroristas- a las tropas involucradas en este tipo de operaciones.

Una de las últimas adquisiciones fueron los obuses 155/52 mm APU-SBT de fabricación española, los obuses LG-1 MK-III de 105 mm franceses (con un inmejorable prestigio entre la tropa), una pieza L-119 de 105 mm británica (empleada en ejercicios conjuntos de entrenamiento con el apoyo de delegados pertenecientes a la OTAN) y los morteros HY-12 de 120 mm turcos (uno de los más empleados por su facilidad para entrar y salir de posición de disparo y conocidos como “los morteros fantasmas”), fueron desplegados principalmente en las más importantes unidades desplegadas en zonas fronterizas.

Simulación y desarrollos propios

De igual manera y como una de las características del proceso de modernización de esta especialidad, fue poder contar con nuevas herramientas digitales móviles (Simuladores de Artillería) que facilitasen los procesos de instrucción, adiestramiento, capacitación y reentrenamiento de los servidores de cada uno de los modelos en servicio en el Ejército Colombiano.

El entrenamiento simulado de las capacidades distintivas de la ciencia artillera se ha extendido a las unidades de maniobra y fuerzas especiales, incrementando significativamente los niveles de interoperabilidad de la fuerza.

También se ha posibilitado el desarrollo de nuevos sistemas, como el Joya SAA-1, habiendo en este campo numerosos ejemplos de este tipo de tecnología empleada en conflictos recientes como Irán y Ucrania, que resaltan la importancia de la movilidad al momento de planificar el empleo de la Artillería en apoyo a operaciones militares, acumulando nuestro sistema, a la fecha, más de dos mil disparos en operaciones reales con un ciento por ciento de efectividad.

Es innegable entonces que la efectividad demostrada en los últimos 60 años, lapso de tiempo en el cual las unidades artilleras han realizado apoyo de fuegos en beneficio de la seguridad y defensa del estado colombiano, motivan frecuentes gestos de respeto y reconocimiento por parte de varios ejércitos regionales.

En los últimos años se han materializado procesos de intercambios (especialmente en doctrina y entrenamiento) que han estrechado los lazos de unión y cooperación hemisférica. De igual manera, los rigurosos protocolos de planeamiento y conducción de fuegos de naturaleza diferencial han marcado la diferencia, otorgando una seguridad jurídica que fortalece la legitimidad de sus procedimientos. La experiencia adquirida en la ejecución de apoyo de fuegos en diferentes tipos de terreno (selva, alta montaña, desierto, llanura, bosque húmedo tropical y altillanura) es un valor agregado diferencial que no se encuentra presente en la mayoría de los artilleros de la región que usualmente solo cuentan con entrenamiento limitado a condiciones específicas.

El pueblo Colombiano quiere y respeta a sus artilleros, conoce de los grandes esfuerzos que realizan diariamente para cumplir su misión. Los soldados de Colombia confían en la fe inquebrantable de las unidades de la divisa negra para doblegar los más intrépidos obstáculos que puedan atravesarse. Los artilleros colombianos son, ante todo, patriotas que se esfuerzan por cumplir con su trabajo de la mejor manera posible en beneficio de todos los colombianos.



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