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Entrevista Infodefensa.com

Arteaga (Elcano): "Defensa debe competir, sin complejos, por figurar entre las prioridades de la agenda"

Félix Arteaga, investigador principal del Real Instituto Elcano

Félix Arteaga, investigador principal del Real Instituto Elcano

03/06/2020 | Madrid

B. Carrasco

Félix Arteaga es uno de los principales analistas de Defensa y Seguridad en España. En una entrevista a Infodefensa.com, el investigador del Real Instituto Elcano analiza los efectos de la crisis del coronavirus sobre el presupuesto del Ministerio de Defensa y la industria española de defensa. "Es difícil pensar que la caída del PIB o el incremento de la deuda no afecten a Defensa", señala.

No obstante, resalta que es necesario evitar una reducción drástica de la inversión, como sucedió en anteriores crisis. "Defensa debe competir, sin complejos, por figurar entre las prioridades de la agenda", afirma, al tiempo que alerta de las consecuencias de los recortes para las empresas. "La desinversión presupuestaria pondría en riesgo la reactivación y supervivencia del sector".

Arteaga ha coordinado un informe del Real Instituto Elcano sobre las implicaciones del Covid-19 en Defensa que será presentado mañana jueves.

¿Cómo afectará la crisis de la Covid-19 a la Defensa? 

La crisis afectará a todas las políticas públicas. Los gobiernos tendrán que replantear sus prioridades y es de esperar una competición entre todas las políticas públicas para ocupar lugares relevantes en la agenda pública. Defensa debe competir, sin complejos, por figurar entre las prioridades de la agenda. Ha demostrado, con el ejemplar comportamiento de sus fuerzas armadas y del sector industrial en respuesta a la contingencia sanitaria, que es una política tan social y necesaria como cualquier otra.

¿Cree que provocará un descenso generalizado de los presupuestos de defensa? 

Cada país decidirá el nivel de esfuerzo que puede mantener en Defensa de acuerdo a sus circunstancias, por lo que no se puede establecer una regla general. En el caso de España, las circunstancias son de distinta naturaleza. Empezando por el gasto militar, los presupuestos de defensa todavía no se han ocupado de los recortes de 2008, muy superiores a los de su entorno e insuficientes para afrontar los compromisos de gasto. Los recortes han reducido la demanda interna y hasta 2018 no se acometió un nuevo ciclo inversor. La base industrial y tecnológica de la Defensa esperaba aprovechar ese nuevo ciclo y los programas europeos de cooperación para salvaguardar la mayor y mejor parte del tejido industrial y tecnológico e integrarlo en las cadenas europeas de suministro. La desinversión presupuestaria pondría en riesgo la reactivación y supervivencia del sector. También pondría en riesgo la imagen de país dentro de organizaciones como la OTAN y la UE si las decisiones se adoptan sin coordinación previa con las de países aliados y socios. Finalmente, y como el Alto Representante de la UE y el secretario general de la OTAN han puesto de relieve, los riesgos no son menores ahora, sino mayores, por lo que no es probable que se repita el descenso generalizado de los presupuestos de 2008, cuando ni Rusia ni el yihadismo acechaban en las fronteras europeas.

Ya está sobre la mesa que el Fondo Europeo de la Defensa tenga una partida menor a la prevista en un principio. ¿La Europa de la Defensa perderá fuerza o saldrá más reforzada de esta crisis?

La nueva propuesta de la Comisión Europea mantiene la Defensa como prioridad. Aumenta a 8.000 millones de euros el presupuesto recortado por la presidencia finlandesa sobre la propuesta de la Comisión de 2019 (de 13.000 a 6.000 millones de euros) y cuenta con el respaldo de los cuatro grandes países de la Política Común de Seguridad y Defensa (carta de 29 de mayo a sus homólogos europeos de los responsables de Defensa de Alemania, Francia, Italia y España). Todavía debe negociarse con el Consejo y el Parlamento pero no parece que vaya a ser la víctima preferente de los recortes obligados por la pandemia, poniendo a cero el contador de la autonomía estratégica europea, tal y como alertábamos públicamente varios think-tanks europeos en abril. Si disponen de la suficiente capacidad de influencia, el proceso hacia una Europa de la Defensa continuará adelante, aunque tendrá que ajustar sus plazos y prioridades porque los fondos disponibles son inferiores a los previstos.

A nivel europeo, ¿qué iniciativas pueden tomarse para apoyar al sector de la defensa?

Además de defender un presupuesto de Defensa común, necesario para incentivar la cooperación industrial entre los Estados miembros, es necesario establecer criterios estratégicos para adjudicar los recursos a programas que sean críticos en el ámbito operativo, en el industrial y en el tecnológico. El sector de la Defensa es instrumental en el desarrollo de la autonomía tecnológica europea, especialmente en el sector de las tecnologías duales. Además de responder a necesidades operativas, deberán tener en cuenta también sus retornos industriales y tecnológicos, lo que obligará a una mayor coordinación de los planeamientos de defensa para incluir estos aspectos. La UE tiene una política más industrial que de defensa, apoya la investigación y el desarrollo en la industria de defensa pero en aquellos ámbitos donde repercute en la competitividad de la industria europea en general. Por eso no va a recortar la investigación, el desarrollo y la innovación tecnológica (Horizonte Europa, tecnologías duales).

En España, ¿Es inevitable un descenso del presupuesto de Defensa?

Es difícil pensar que la caída del PIB o el incremento de la deuda no afecten a los presupuestos de Defensa. Pero hay que evitar que se repita lo que ha ocurrido en ocasiones anteriores: que se pida a Defensa una reducción desproporcionada respecto a las demás partidas; y que cuando vuelva a crecer el PIB, el presupuesto de Defensa crezca en menor proporción que los demás. A corto plazo, parece que se mantendrán los compromisos de gasto, aunque a mayor plazo, los nuevos compromisos de inversión para reactivar la industria (plan Ave Fénix) dependen del escenario presupuestario y de la aportación de fondos adicionales. También será necesario determinar de qué partida presupuestaria salen los fondos necesarios para participar en los programas de investigación y desarrollo de la UE, ya que la participación depende de la cofinanciación y se corre el riesgo de que las industrias españolas se vean excluidas de las cadenas europeas de suministro que, paradójicamente, financiamos con nuestra aportación al presupuesto común.

¿Qué medidas debería tomar el Ministerio de Defensa español para reactivar la industria de defensa?

De momento, el ministerio está evaluando el impacto del Covid-19 sobre la base industrial y tecnológica, lo que le ayudará a tomar decisiones a mayor plazo. La reactivación industrial y tecnológica, como ha reconocido el secretario de estado de Defensa, sólo se podrá poner en marcha cuando se tenga una mayor perspectiva de la situación económica general. Mientras, se debería poner en marcha un proceso de reflexión sobre el modelo industrial y tecnológico a seguir en el futuro, con una participación que debe ampliar la cooperación actual (ministerios, Tedae y Aesmide) a las Comunidades Autónomas, centros tecnológicos, universidades, sindicatos y foros de innovación. Si se cuenta con una propuesta con un gran consenso social, le será más fácil al Ministerio implicar al gobierno en la reactivación industrial, tanto en el plano nacional como, sobre todo, en el europeo.

¿Qué repercusiones tendrá la crisis en las misiones en el exterior?

Las misiones en el exterior tienen que tener en cuenta ahora el riesgo sanitario para los contingentes, con lo que debe extremar sus precauciones para operar fuera de sus bases y convivir dentro de ellas. También dependen de la existencia o no de un fondo de contingencia para asumir costes extraordinarios, por lo que el nivel de ambición debe conciliarse con la disponibilidad presupuestaria. Tanto si se reducen misiones por motivos sanitarios como presupuestarios, el impacto más negativo recaerá en el adiestramiento y la operatividad de las Fuerzas Armadas, ya que se aprovechan los fondos de contingencia para mantener altos niveles de preparación. A medio plazo, la retirada o la reducción de la presencia militar internacional puede reavivar la insurgencia yihadista o los conflictos en curso, por lo que hay que revisar los criterios de participación en misiones y operaciones que se han mantenido hasta ahora.

¿Es el momento de una nueva Estrategia Industrial de la Defensa?

La experiencia muestra que es más fácil elaborar una estrategia que llevarla a cabo. Sin contar con partidas presupuestarias específicas ni sistemas de gobierno que aseguren su cumplimiento a largo plazo, son visiones que cada Ministerio cumple o incumple en función de las circunstancias. Sirven para alargar la continuidad de la base industrial y tecnológica pero no para transformarla. El sector ya ha acometido revisiones anteriormente y, hasta ahora, cuenta con una cierta autonomía estratégica en lo que afecta a su base industrial y tecnológica, por lo que debería sopesar si puede preservar esa autonomía o le conviene integrarse en el marco más amplio de la industria y la innovación general. Dadas las circunstancias, y ya que el Ministerio de Industria ha elaborado agendas sectoriales de las industrias aeronáutica, naval y espacial, parece razonable integrar los objetivos de la estrategia industrial de Defensa dentro de los objetivos generales de ese Ministerio, para que coincidan los criterios a corto y medio plazo, del mismo modo que la industria española tiene que alinear criterios con los de la UE.

 

 

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