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OPINIÓN
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Firma Invitada

Emilio Pérez de Urigüen

MBA por el IE Business School. Experto en temas internacionales y asesor de empresas en desarrollo de negocio internacional. Amplia trayectoria profesional en empresas multinacionales punteras de los sectores tecnológico y de seguridad y defensa. Ha publicado diversos artículos sobre economía y negocios internacionales, geopolítica, y seguridad y defensa.


Brexit inglés… ¿Gibraltar español?

04/01/2021 | Madrid

No hace demasiado tiempo, antes de la pandemia, estuve invitado en el Congreso. Era una sesión en la que se estuvo hablando de la política exterior española desde la llegada de la democracia. En la mesa de ponentes estuvieron también varios de los ministros de Asuntos Exteriores que hemos tenido en estos 40 años. Resultó muy grato que los asistentes pudiéramos intervenir con algunas preguntas, y breves comentarios.

Según pasaba el tiempo me iba llamando cada vez más la atención que no saliera el tema de Gibraltar. Por ello, hacia el final, con toda humildad, pregunté por el tema diciendo que con el Brexit se puede resolver la cuestión. Entre los comentarios que hice dije que se nos estaba regalando una oportunidad histórica de resolverlo. La respuesta no pudo ser más desoladora. Una de las personas del panel, que ha ostentado el máximo cargo de la política exterior de nuestro país, dijo que eso era una tarea poco menos que imposible. En la contestación manifestó que si no se había podido solucionar en 300 años, pues que esto no se iba arreglar en unos meses. Luego puso de manifiesto lo desagradable que son los líderes políticos gibraltareños, lo intransigentes que son, poco menos que están locos en sus actitudes.

Aquí radica el problema. No tenemos políticos a la altura: si no se intenta, desde luego que no se va resolver. Pero hay algo mucho más profundo: no se cree que sea posible. Por eso ni se intenta. Lo también sorprendente, e igualmente llamativo, de esta manera de pensar es olvidarse de que la negociación es, o debe ser, exclusivamente con Inglaterra. No con políticos de Gibraltar.

En mi intervención, previendo, lo que podría ocurrir ya puse de manifiesto el caso de Hong Kong. En aquella contestación cayó otro jarro de agua fría: Nosotros no somos China. Pero, la verdad, es que la China de entonces, cuando se llegó al acuerdo con el Reino Unido, tampoco es, ni mucho menos, la de ahora. Estamos hablando de que el acuerdo de la devolución se firmó en 1984. ¡Hace más de 36 años! Con la fecha de la devolución fijada para 1997 (va para casi un cuarto de siglo). Por no hablar de que tenemos igualmente el caso de Macao, territorio portugués, reconocido así, que fue entregado, de manera voluntaria, a China en 1999.

Después de la sesión tuve ocasión de hablar con varios de los ponentes que estaban en el panel y también con algunos asistentes en un corrillo que se formó. Me insistieron en lo difícil, casi tarea imposible que resultaba este tema, que, además, los políticos gibraltareños eran terribles, etc. La verdad, pensé, cómo no lo van a ser. Quieren, y defienden, lo mejor de los dos mundos: las ventajas de poder estar bajo soberanía inglesa y la posibilidad de vivir a costa de España. Por ello, se recuerda que tienen una de las rentas per cápita más altas del mundo. Sería la tercera según distintas estadísticas; entre ellas la del Fondo Monetario Internacional (FMI). En contraposición tenemos lo que sucede en el lado español de la verja, con zonas, como La Línea de La Concepción, que han venido sufriendo una tasa de paro que supera el 30%. Y también soy consciente de la presión de la ciudadanía española de esas mismas zonas. A muchas personas que viven allí, aunque no les vaya demasiado bien, les da miedo que la situación se torne a peor sin lo que deja Gibraltar. Y desde luego atender esa cuestión es un tema que hay que atender y que nuestros políticos tienen que abordar. Estoy seguro que la ciudadanía española lo apoyaría con generosidad.

En aquel corrillo dije que no me valía por una razón: que la historia enseña que sí se puede. Y que no me refería a hacer las cosas por las malas. Sin que tampoco se pueda descartar por ejemplo el cierre de la verja. Cosa que ya estuvo muy, muy cerca de dar frutos si se hubiese continuado un poco más, posiblemente meses. Especialmente después del tiempo que estuvo cerrada, con lo que supuso aquello de esfuerzo, pero obligando a los gibraltareños a tener una vida muy complicada y desagradable, que estaba dando resultados. A la propia Inglaterra le suponía un verdadero problema a todos los niveles. Entre ellos, logístico. Los propios gibraltareños no se pudieron creer el golpe de suerte del cambio de la política española. Se recuerda que la verja estuvo cerrada entre 1969 y 1982 quedando también prohibido el tránsito aéreo (hasta 2006). Con ello los ingleses acabaron aceptando y pidiendo reunirse para tratar de arreglar la cuestión. Se iban consiguiendo avances. Se dice que se puso fin al bloqueo para facilitar la adhesión de España a la Unión Europea. Finalmente, se permitió el tránsito de peatones el 14 de diciembre de 1982. Sin contraprestaciones reales. Con ello, y desde entonces, todo ha ido a peor. No se puede decir ni que haya negociación sobre el tema.

En ese corrillo las caras cambiaron cuando les recordé que tenemos también el caso del Canal de Panamá. La mal llamada devolución del canal. Mal llamada puesto que era un territorio propiedad de Estados Unidos, cuya soberanía decidió ceder en el acuerdo firmado en 1977, con el que toda la zona pasó a ser nuevamente territorio de Panamá en 1979, concluyendo la transferencia de lo que es el control del canal 20 años después en 1999. Aquel acuerdo fue un acto de generosidad que sorprendió al mundo, a los panameños en particular (aunque no lo quieran ahora reconocer) y a muchos norteamericanos. Es un un tema que desde un punto de vista jurídico internacional, no tenía vuelta atrás, caso muy distinto al de Gibraltar. En nuestro caso, además, se ha venido incumpliendo, por parte inglesa y de los gibraltareños, más bien rompiendo, de manera reiterada y grotesca lo acordado en el Tratado de Utrecht (el aeropuerto, las ampliaciones, invadiendo territorio y aguas españolas, etc.).

Los ingleses, siempre que se han visto forzados a ello, han sido pragmáticos y prácticos. Se han adaptado. Lo demostraron con la guerra de independencia - secesión de EEUU. Finalmente acabaron llegando a un buen entendimiento con su antigua colonia y es el país con el que mantienen la alianza más estrecha. Se recuerda igualmente lo que han conseguido hacer con muchas de aquellas que fueron sus colonias del Imperio Británico: la Commonwealth; que sigue teniendo a su cabeza a la Reina de Inglaterra. Son 54 países independientes, pero la reina es además la jefe de estado de 16 ellos, entre los que se encuentra Canadá.

Una última reflexión. España tiene una baza importante para negociar: la riqueza que hay en Gibraltar en la actualidad es gracias a la apertura de la verja hace ya años y las concesiones que se han ido haciendo por parte española. La buena vida que tienen no la van a querer perder. Las personas se acostumbran rápido a lo bueno, pero si se quitan esos privilegios veríamos la velocidad a la que cambiarían de actitud y llegarían a un acuerdo. Se recuerda que buena parte de los gibraltareños tienen, aparte de su domicilio oficial en Gibraltar, por el tema fiscal, casas y propiedades a este lado de la verja, incluidas mansiones en urbanizaciones de lujo en las que realmente pasan buena parte del año. No ver las posibilidades de negociar es de una miopía difícil de entender. Es palmario que los gibraltareños, además, se jactan de lo bien que viven acosta nuestra.

En resumen: es cuestión de montar un buen equipo, con un buen líder al frente, de consenso entre los partidos políticos, y voluntad y firmeza política, y, sobre todo, que se elabore un buen plan. No tengo la menor duda de que con los ingleses se puede llegar a un acuerdo, pero hay que querer, tener la voluntad política de conseguirlo mediante determinación y firmeza. Tenemos magníficos funcionarios, que son expertos en la materia, que pueden ejecutar un buen plan. Por favor, tengamos un poco de dignidad y hágase.

 

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