Hacia el 2 del PIB en Defensa. Los ejemplos de Reino Unido e Italia
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Hacia el 2 del PIB en Defensa. Los ejemplos de Reino Unido e Italia

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El pasado mes de marzo el ministro de Defensa británico, Gavin Williamson, reclamó en el Parlamento un mayor esfuerzo en defensa. Aseguraba que nos encontrábamos en una situación perversa. Las amenazas son ciertas, crecientes y agresivas, pero no se invierte en defensa. Apelando al orgullo nacional, el ministro planteó que se debía tomar la iniciativa para afrontar el futuro con responsabilidad global en beneficio de la prosperidad de los ciudadanos, ya que "defense is the first duty of government".

Williamson apeló a la necesidad de contar con unos Ejércitos sólidos y bien dotados, puesto que la influencia en el exterior solo funciona si se dispone de un respaldo de fuerza creíble. Un discurso que suena raro en otros países europeos pero que está dentro de la ortodoxia política británica, al menos desde 1945.

En su intervención presentó las líneas generales de modernización de las Fuerzas Armadas, uno de cuyos pilares plantea la necesidad de reforzar la relación entre Ejércitos e industria. En conjunto, el objeto de las iniciativas políticas planteadas es realinear el tamaño y estructura de los Ejércitos con las amenazas y la financiación necesaria para dotar a la fuerza de forma coherente y sostenible. A nivel político se pide un acuerdo duradero y firme para conseguir estabilidad estratégica y financiera. Si no se hace así el Parlamento debe asumir los riesgos que corresponda.

Como consecuencia de esta intervención se ha presentado el informe 'Beyond 2%: A preliminary report on the modernising Defence Programme'. Básicamente plantea que hay que superar el objetivo del 2% del PIB y aproximarse al 3% como consecuencia de la necesidad de afrontar las amenazas. El incremento se relaciona directamente con la situación de seguridad. No se trata solo de introducir nuevos sistemas. Hay que reorganizar el Ministerio de Defensa y las Fuerzas Armadas, garantizar los niveles de instrucción y adiestramiento y el sostenimiento de los medios disponibles. El resultado es una petición de 60.000 millones de libras por año como presupuesto de defensa.

En Italia, donde desde junio hay nuevo gobierno, el debate sobre el presupuesto de defensa se ha ligado a la presencia militar exterior. Con el nuevo ejecutivo se ha reforzado su presencia en algunos teatros, como en el Mediterráneo y los Balcanes donde el interés estratégico italiano es tradicional. Este esfuerzo compensa políticamente que no se alcance el 2% del PIB en defensa. La justificación interna se encuentra en que el despliegue militar soporta la influencia internacional de Italia.

Con el doble de PIB que el español, los británicos invierten siete veces más que España en su defensa. Su gobierno reclama superar el debate en términos económicos de forma coherente con los objetivos políticos y la percepción de amenaza. Italia con un PIB equivalente a vez y media el español triplica nuestro presupuesto de defensa. No alcanza el objetivo del 2% pero es tras el Reino Unido el mayor contribuyente europeo en efectivos desplegados en misiones internacionales.

En España, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se comprometió la semana pasada en la cumbre de Bruselas de la OTAN a tratar de alcanzar el 2% del PIB en Defensa, una declaración de intenciones marcada por las presiones de Trump a los países europeos. Desde altas instancias políticas, se ha apuntado la posibilidad de realizar un mayor esfuerzo militar especialmente en el Mediterráneo, sobre todo tras el 'affaire Aquarius' que, por cierto, llegó a Valencia junto con buques de la Armada italiana.

Quizás el problema español no sea económico, ni de percepción de amenaza o de conciencia de defensa. A lo mejor se trata de un problema de identidad nacional.



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