Melilla, una ciudad bien defendida en lo militar pero demasiado expuesta al relato
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Melilla, una ciudad bien defendida en lo militar pero demasiado expuesta al relato

La defensa de la plaza pasa sí o sí por la salida de las tropas a terreno marroquí para atajar cualquier ataque
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La defensa de Melilla no es sencilla, las fuerzas militares que protegen la plaza son suficientes para aguantar casi cualquier embite marroquí pero, ya se trate de un ataque convencional o de uno híbrido, la diplomacia tendrá tanto a más que ver que la parte militar. El motivo de esa prioridad diplomática ante una amenaza híbrida es obvio, no es políticamente correcto atajar militarmente un ataque civil, pero en el caso de la amenaza convencional también será necesario por un motivo meramente táctico: la plaza solo se defiende saliendo, es decir, con un buen trabajo de inteligencia que te permita atajar al enemigo más allá de la línea fronteriza para ganar ese terreno.

Hay que recordar que el cambio de postura del Gobierno español respecto al Sáhara Occidental podría implicar una próxima retirada de tropas marroquíes de los más de 2.700 kilómetros de muros que conforman el frente del reino alauí en el Sáhara. Es decir, tropas que Marruecos ya no necesita allí y que tendrá que trasladar a algún sitio, lo que conocida la continua reclamación del reino alauí sobre la propuedad de las Ciudades Autónomas, podría afectar a Ceuta y Melilla.

Pero cuidado, Melilla no es Ceuta. Para empezar, las baterías de costa de la Península no protegen su territorio, está demasiado lejos. Tampoco es una península separada de África por colinas ni su entorno es rico. Es todo lo contrario. Melilla es una ciudad situada a más de 170 kilómetros de la costa peninsular en línea recta, su frontera con Marruecos es una amplia media luna rodeada de una de las zonas más deprimidas del reino alauí. Tampoco es solo una ciudad, Melilla abarca más, abarca islas y peñones, territorios complicados y aislados. Y todo eso hace que cuando se habla de la defensa de Melilla la cuestión empiece con un carraspeo y un “Melilla solo se defiende saliendo”. Y ahí está su mayor complicación. La plaza no es un lugar donde atrincherarse si Marruecos la amenaza. Si eso ocurre, la lógica milita establece que sus unidades deben salir a atajar al enemigo y asegurar terreno más allá de los límites de la ciudad hasta que lleguen los refuerzos de la Península. El problema está en que si se espera a que Marruecos ataque puede ser tarde, pero si se sale antes del ataque será políticamente incorrecto a no ser que la diplomacia haga su trabajo.

El general Jesús Argumosa es muy claro a este respecto y destaca que la defensa de la plaza ante un ataque militar convencional pasa sí o sí por un arduo trabajo diplomático internacional que permita salir al encuentro del enemigo. Esa salida de las tropas de Melilla para defender la plaza, explica Argumosa, “no se puede hacer de cualquier manera, sería salir al paso de un ataque que aún no se ha producido y eso es muy delicado”. El general Salvador Sánchez Tapia completa el cuadro: “Hay que tener muy en cuenta el contexto internacional”. Es decir, la defensa militar de Melilla requiere, en una primera instancia, de un trabajo de inteligencia capaz de adelantar un ataque y, en segunda, de un trabajo diplomático capaz de hacer ver a la opinión pública internacional la necesidad de responder a ese ataque antes de que lo tengas encima.

No suena sencillo, pero ¿si se logra Melilla podría llevar a cabo una operación de defensa como la planteada? La respuesta no está solo en analizar las capacidades militares que guarda tras sus muros, sino en que, como en el caso de la ciudad de Ceuta, un ataque sobre Melilla solo tendría que ser enfrentado por sus propias tropas hasta que llegaran las de la Península, así que la respuestá rápida es que sí está preparada.

Un área bien defendida

En cuestión de material Melilla cuenta con una buena protección de artillería gracias a sus obuses autopropulsados de 155 y los de 105, además de baterías antiaéreas de 35 mm, también está defendida con misiles Mistral. La caballería tiene en su haber más de una docena de carros de combate Leopard 2A4 y entre diez y doce vehículos Pizarro, además de los BMR de la Legión y los Vamtac de Regulares, lo que la hace muy capaz de crear un perímetro defensivo en torno a la ciudad. Es cierto que la Ciudad Autónoma cuenta con una Comandancia Militar Aérea del Aeropuerto (CMAA de Melilla) y una Comandancia Marítima, aunque ninguna tiene tiene aviones o buques permanentes. Lo que si tiene es una amplia representación del Ejército de Tierra. La Comandancia General (Comgemel) se articula en un Cuartel General y siete Unidades: el Batallón de Cuartel General, el Tercio Gran Capitán 1º de La Legión (Terleg I), el Grupo de Regulares de Melilla nº 52 (GREG52), el Regimiento Mixto de Artillería 32 (Ramix 32), el Regimiento de Ingenieros Nº 8, la Unidad Logística nº 24 (ULOG. 24) y el Regimiento de Caballería Alcántara 10.


Disparo de Alcotán por Grupo de Regulares de Melilla 52. Foto: Comandancia de Melilla

Disparo de Alcotán por el GREG52.

Estas unidades defienden la ciudad y las islas y peñones que dependen de ella. De esta manera, el Peñón de Vélez se encuentra guarnecido por un destacamento del GREG52, la isla de Alhucemas se por un destacamento del Ramix 32 y las islas Chafarinas, un pequeño archipiélago de tres islas: la de Isabel II (habitada), la del Congreso y la del Rey, guarnecido por un destacamento del Terleg I. El apoyo y suministro de las islas se realiza mediante un destacamento del Batallón de Helicópteros de Maniobra IV (Bhelma IV), que posee un helipuerto a través del cual se realizan suministros y se organizan los relevos de los contingentes desplegados. También hay un servicio de aguadas y carburantes prestado por buques de la Armada, con los que colabora personal de la Compañía de Mar de Melilla perteneciente a la Comandancia General de Melilla que permanece distribuido en las tres islas.

Más allá de todo esto, la superioridad aérea está garantizada desde la Península, para los Eurofighter 170 kilómetros no son nada.

Los problemas de la zona gris y el relato

La denominada “zona gris” es difícil de gestionar, Marruecos juega con esta amenaza para poner a prueba las defensas españolas con, por ejemplo, asaltos civiles y con menores contra la valla. No es la primera vez que lo hace, la Marcha Verde les consiguió el Sáhara, así que conocen la fórmula.

Ante un ataque de estas característias la primera respuesta corre de mano de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, bien formadas y dotadas de material adecuado (esto siempre es mejorable), si la cosa se descontrola entrarían entonces en juego las Fuerzas Armadas

La amenaza real en una situación así es el relato, siempre el relato, ese mismo que puede hacer variar el tablero de alianzas, hacer salir sanciones internacionales de la nada o incluso que aparezcan amigos de tu enemigo por todas partes.

Marruecos lleva tiempo jugando con este tipo de amenazas sobre las Ciudades Autónomas, cada asalto a la valla organizado por el reino alauí es un ataque hibrido en toda regla, una forma de ver las debilidades de la valla, del sistema, de los apoyos que puede tener España. Aquí es donde entra en juego la labor dipomática. Cualquier ataque de ese tipo se puede repeler por las malas, la cuestión es el coste posterior en el tablero internacional. Pero ¿y si no se repele?



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