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Análisis Infodefensa.com

Ginés Soriano Forte
Yecla (Murcia) - España, 1972. Máster Universitario (DEA) en Periodismo y Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Se incorporó a Infodefensa.com en marzo de 2012, donde ha sido responsable de la edición Mundo. Desde 2014 es editor de Infodefensa.com América. Anteriormente fue director de la revista 'La Economía de la Región de Murcia' y ha colaborado para, entre otros medios, el diario 'La Verdad'.

Escalada armamentista con islas chinas artificiales de fondo

17/06/2015 | Madrid

Apenas 800 hectáreas de un terreno que hasta ahora no existía están avivando una nueva Guerra Fría de dos bloques entre los que ya se auguraba una creciente tensión para los próximos años: China frente a Estados Unidos y algunos de sus aliados. Más al norte, otro grupo de islas, esta vez naturales, que suman siete kilómetros cuadrados, también encaran a Pekín con el otro gigante presente en la zona: Japón. La escalada armamentista está servida.

El mes pasado se conoció que China había recurrido a tácticas de guerra electrónica para combatir la presencia de drones espías norteamericanas en el entorno de las islas Spratley, donde sus Fuerzas Armadas están construyendo instalaciones militares sobre un mar por el que transitan centenares de cargueros y donde se calculan importantes yacimientos de petróleo y gas. Un avión tripulado de la Marina de Estados Unidos también fue conminado entones hasta ocho veces por las fuerzas chinas para abandonar el área. La aeronave se marchó del lugar, pero las autoridades norteamericanas confirmaron que intensificarán su vigilancia sobre unas obras consideradas ilegales.

El episodio, además de avivar la lógica disputa entre los dos gigantes mundiales, acrecienta las tensiones sobre los vecinos de la zona, entre los que destaca Taiwan, un país que China considera parte de su territorio y que se ha decidido a fabricar sus propios submarinos, al no recibir los que encargó en 2001 a Estados Unidos y al no poder comprarlos en Alemania o España, por ejemplo, por el aparente temor de estos países a ofender a Pekín. Taiwán también va a renovar el resto de su flota con nuevos destructores, fragatas y buques de transporte anfibio, para lo que precisará la ayuda de países occidentales en al menos la integración de distintos sistemas y componentes.

Malasia es otro de los afectados, y también un cliente occidental de, entre otros, la europea Airbus Defence and Space, de la que es el primer importador del avión de transporte militar A400M. El país está buscando además un fabricante para dotar a su Fuerza Aérea de nuevos aviones de combate que sustituyan a su antigua flota de fabricación soviética, lo que ha alimentado las aspiraciones de las europeas Eurofighter, Saab (fabricante del caza Gripen) y Dassault Aviation (Rafale), la norteamericana Boeing (F/A-18 Super Hornet) y el fabricante ruso Sukhoi (Su-30).

Vietnam, por citar a un implicado más, también persigue mejorar su defensa aérea con la adquisición de cazas y aviones no tripulados occidentales. Algunas agencias aseguran que Hanoi ya está negociando con Saab, Eurofighter, Boeing y la también norteamericana Lockheed Martin para seleccionar el futuro desarrollador de las aeronaves militares con las que tratará de contrarrestar el creciente poder chino.

Pero el paso más llamativo, dejando a un lado a la propia China, lo ha dado Tokio, que ha aprobado el mayor presupuesto militar de su historia para este año –casi 5 billones de yenes, más de 40.000 millones de dólares al cambio– para mostrarse fuerza ante una China con unos gastos de defensa–más de 200.000 millones de dólares en 2014– en los que sólo el otro gran adversario de Pekín en este contencioso, Estados Unidos, supera en todo el mundo –610.000 millones de dólares el año pasado–.

Precisamente las empresas estadounidenses se antojan como las más beneficiadas por las ambiciones adquisitivas japonesas. Aviones de combate de quinta generación F-35, de Lockheed Martin; convertiplanos Osprey, fabricados por Boeing, y drones Grobal Hawk, desarrollados por Northrop Grumman, encabezan el catálogo de material que está comprando el país.

Además, en una carambola del mercado, las tensiones con Pekín en el Mar de Sur de China también llevan camino de repercutir sustancialmente en la industria militar japonesa a través de un tercero: Australia. La Marina Real Australiana espera construir en los próximos años hasta una docena de nuevos submarinos en un programa de 50.000 millones de dólares nacionales (casi 39.000 millones de dólares estadounidenses) dirigido en parte a contrarrestar la expansión militar china en la zona. La oferta nipona de Kawasaki Heavy Industries y Mitsubishi Heavy Industries, basada en el modelo Soryu, lidera holgadamente el proceso para hacerse con el contrato, frente a la firma ThyssenKrupp alemana y la DCNS francesa.

Son algunos ejemplos de la escalada militar en torno a unas islas que en los próximos años darán sin duda mucho más de sí en la zona de mayor expansión armamentística del planeta, donde se juega el futuro geoestratégico internacional alrededor de un protagonista claro: China.

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