¿Está equivocado el presidente Trump en sus exigencias a la OTAN I
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¿Está equivocado el presidente Trump en sus exigencias a la OTAN I

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¿Los gastos de Defensa y Seguridad Nacional están conectados con la economía de un país?. Respecto a esto, quizás convendría poner blanco sobre negro, aportando algunos conceptos con los cuales muchos investigadores han contribuido al estudio de la economía precisamente de defensa y aún no han sido refutados por el ambiente científico.

Son las directivas estratégicas nacionales en función de las amenazas que se vislumbran las que definen las misiones que debe llevar a cabo cada nación o una alianza de naciones en la prosecución de sus fines. Esas misiones determinan el planeamiento militar y el diseño de fuerza requerido para llevar adelante esos compromisos. Por consiguiente, las Fuerzas Armadas responsables de cumplir las misiones, serán las que requerirán los medios adecuados a cada Ministerio de defensa para cumplirlas.

Podemos simplificar esta afirmación a través de un modelo económico teórico de la siguiente manera: en un gráfico de coordenadas cartesianas, en el eje horizontal o de las abscisas ("x") contabilizamos una cierta cantidad de misiones asignadas por la estrategia nacional a las fuerzas armadas; y en el eje vertical o de las ordenadas ("y") la cantidad de dinero requerido, la relación entre ambas variables queda reflejada en una función lineal llamada costo marginal[1], así ejemplicado.

Gráfico Nª1: Relación costo marginal de las misiones.

Los fines de generar estas misiones tienen el incentivo para los estrategas nacionales de obtener beneficios potenciales, Si volcamos en nuestra gráfica ese beneficio marginal cuantificado en unidades económicas ($), la relación quedaría así.

Gráfico Nª2: Relación costo y beneficio marginal de las misiones.

Hay que entender el principio del beneficio marginal, el cual podemos explicarlo de forma sencilla teorizando así: Para España el beneficio que conlleva la misión 1 verbigracia, ...“contrarrestar la amenaza contra la seguridad en los espacios de soberanía e interés nacional”, es mayor que el beneficio de la misión 2; por ejemplo, contribuir a la seguridad europea; pero esta es superior a la misión 3, ejemplificada en “misiones internacionales para colaborar con Naciones Unidas o la alianza noratlántica”; etc., etc.

Solo cabe agregar para mejorar nuestro gráfico, que todos los procesos de producción o generación experimentan inicialmente rendimientos marginales crecientes. Pero al final, todos llegan a un punto de rendimientos marginales decrecientes. A este fenómeno se lo llama ley de los rendimientos decrecientes y afecta tanto al costo marginal como al beneficio marginal. Por lo tanto, las funciones descriptas ya no serán lineales sino no proporcionales.

Gráfico Nª3: Costo y beneficio marginal y área de gasto militar.

Gasto militar

Si uno proyecta el punto de intersección del costo y el beneficio marginales, sobre las abscisas y coordenadas, delimita una superficie en el gráfico que representa el gasto militar. El presupuesto de defensa es la cabal expresión de ese gasto y una declaración precisa sobre la postura de defensa de un país.

Para ganar en comprensión sobre el gasto en la defensa, es útil ver la construcción de capacidades de la defensa como un proceso económico de dos etapas. En el primer paso, los gobiernos deciden sobre el nivel de gasto del presupuesto de defensa. Se supone que el estado, actuando como un actor racional que intenta maximizar el bienestar económico nacional, asigna recursos a la defensa de manera tal que la seguridad adicional derivada del gasto militar se equilibra con sus costos de oportunidad en términos de gastos civiles sacrificados. En la segunda etapa, los funcionarios que administran la defensa deciden sobre cómo gastar el presupuesto de defensa.

En forma práctica la primera etapa está condicionada por intereses políticos y burocráticos, los cuales subordinan el proceso económico. En tiempos de paz existe una cierta relación entre la producción total de bienes y servicios de un país (PBI) y los gastos de defensa. Si bien la medición del gasto militar como un porcentaje del PBI puede ser altamente erróneo, no obstante, la comparación del PBI puede ser útil para examinar la relativa carga económica del gasto militar.

Pero volvamos al problema económico inicial donde las misiones determinadas por las directivas políticas definen las capacidades militares necesarias para el logro de estas misiones. Por lo tanto, deberían ser las misiones las que cuadran el gasto de defensa y no el aumento “per se” del porcentaje del gasto de defensa sobre PBI. Ya que podría darse el caso hipotético en que un estado estuviera en un ciclo histórico gastando menos en defensa y porcentualmente obtener en defensa una ratio aún mayor que años anteriores ya que su economía nacional crece aún menos proporcionalmente o, ocurrir lo que le sucede en la práctica a la Argentina donde su economía no crece y el gasto total en defensa, (donde el 80% de ese gasto corresponde a gastos de personal lo cual implica que es burocrática y políticamente muy difícil reducirlo); está continuamente sometidos a falta de equipamiento y una baja sensible en operaciones y mantenimiento, de manera que no crezca el coeficiente. Si no fuera así, el gasto total de defensa respecto al PBI se reflejaría como un porcentaje aún mayor respecto al gasto de otros bienes públicos que están más valorizados y mejor jerarquizados por ende en la escala de intereses de la política argentina.

En consecuencia, las declaraciones del presidente Trump, respecto a que los países miembros de la OTAN deben aumentar su porcentaje de gasto militar con relación al PBI, son discutibles y como una piedra brillante en bruto tienen sus caras aún varias aristas para pulir. . De tal modo que merece al menos un análisis más profundo de la forma en que se realizan los aportes a la organización. Por otra parte, si algunos socios de la alianza contaran con crecimiento positivo de sus economías, podrían estar gastando indirectamente más en defensa y esto no quedaría reflejado en el Índice que tanto preocupa al jefe de la Casa Blanca.

El 17 de enero de 1961 el saliente presidente de EE.UU., Dwight "Ike" Eisenhower, ofreció lo que algunos consideran la despedida presidencial más recordada de la historia estadounidense. En ella marcaba su preocupación por el complejo militar industrial y decía "Debemos cuidarnos de la adquisición de influencia injustificada, tanto solicitada como no solicitada, del complejo militar industrial". En enero de 2011 su nieta Susan en un reportaje realizado por el diario “The Washington Post” decía "En menos de 10 años (refiriéndose al 11-S), nuestros gastos militares y de seguridad se han incrementado en 119%. Incluso quitando los costos de las guerras en Irak y en Afganistán, el presupuesto ha crecido en 68% desde 2001". Sin embargo y a pesar de que el gasto militar norteamerico ronda actualmente los 650 mil millones[2] de dólares americanos, en 1961 EE.UU. gastaba el equivalente al 8,8% de su Producto Interno Bruto en defensa, mientras que en la actualidad (2018) invierte menos del 3,3%[3].

¿Qué paso proporcionalmente con esta ratio? Sencillamente su economía creció en forma geométrica.

[1] El costo marginal es el costo de oportunidad de producir (en nuestro caso generar) una unidad más de un bien o servicio ( en esta situación una misión más). Hay que recordar que el costo de oportunidad de una acción es la alternativa desaprovechada de mayor valor. En otras palabras, es el costo de realizar una misión más a cambio de dejar de cubrir otro bien público.

[2] Military expenditure by country, in millions of US$ at current prices and exchange rates, 1949-2018 © SIPRI 2019. Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI)

[3] Military expenditure by country as percentage of gross domestic product, 1949-2018 © SIPRI 2019



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