Kant ya está aquí para guiar a la industria militar europea fusión KMW-Nexter
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Kant ya está aquí para guiar a la industria militar europea fusión KMW-Nexter

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Hace unos años, las maniobras que precedieron a la fusión fallida entre EADS (actual Airbus Group) y BAE Systems levantaron las esperanzas europeas de contar con un gigante de la defensa capaz de competir en igualdad de tamaño con las grandes firmas norteamericanas y que, de paso, iba a servir de guía para un sector continental demasiado atomizado. Aquella operación nunca cuajó, en gran medida por el temor de los estados propietarios a perder el control de sus industrias de defensa. Es decir, el interés político venció a la estrategia empresarial.

Ahora una nueva fusión, aunque a mucho menor escala que la que se hubiera originado con aquella, levanta las esperanzas de un sector europeo en el que todos saben que la unión en unas pocas compañías fuertes es clave para afrontar el futuro pero nadie parece encontrar la fórmula para romper con las barreras nacionales que lo impiden. La francesa Nexter y la alemana Krauss-Maffei-Wegmann (KMW) sellan al fin su unión –prevista para este miércoles, después de que no se llegase a tiempo para el 14 de julio– para constituir una nueva empresa, a la que se conoce como Kant por la expresión en inglés Krauss And Nexter Togueder (KMW y Nexter juntas), que facturará en torno a 2.000 millones de euros al año, contará con una cartera de otros 6.500 millones y dará empleo a unos 6.000 trabajadores. Pero, sobre todo, se erigirá como el gran ejemplo que la industria continental necesita para demostrar que la unión de empresas transnacionales además de necesaria también es viable.

El mayor conglomerado europeo de sistemas terrestres que sale de esta firma lleva más de un año gestándose –unos seis meses más de lo previsto– desde que se suscribió en París un compromiso en firme para, como reflejaba el documento, “intentar compartir el futuro”. El retraso muestra las dificultades de la operación, llena de recelos por la pérdida de cuotas de poder –Francia pasa de ser propietaria del 100 por cien de su empresa de sistemas terrestres a controlar únicamente la mitad– y la pérdida de puestos de trabajo derivada de cualquier movimiento empresarial de este tipo.

Pero ya está aquí, y ahora sí la industria militar europea cuenta con su gran ejemplo de fusión en pleno corazón del continente y entre dos compañías símbolos nacionales de los países en torno a los que se forjó la Unión Europea: Francia y Alemania. La nueva sociedad, que estará bajo la ley holandesa, supone el camino de consolidación que los sistemas terrestres deben seguir a semejanza de la que EADS (actual Airbus Group) logró a partir de 2000 al fusionar distintos productores de misiles y aviones franceses, alemanes y españoles.

En este caso, la necesidad de confluir varias empresas de equipos en tierra en una sola no resulta tan trascendental para lograr nuevos sistemas de armas capaces de competir en el mercado internacional, como sí ocurre en los sectores aéreo y naval, donde la mayor complejidad de los productos obliga a ser más grandes y fuertes y a estar dotados de más medios de inversión. Pero precisamente esta circunstancia acentúa el carácter ejemplar de la fusión: si la compañía alemana de capital privado KMW se funde con la pública francesa Nexter y desarrollan un Leopard 3 –por poner como ejemplo un caso ue ya se contempla–, entonces otras arraigadas firmas nacionales podrán romper con sus ataduras y formar alianzas similares con otras semejantes más allá de sus fronteras. Ahí está la verdadera importancia del alumbramiento al que estamos asistiendo de la mayor empresa de sistemas terrestres de Europa.



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