Izquierda belicista y derecha pacifista: los reveses ideológicos de la guerra en Ucrania
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Izquierda belicista y derecha pacifista: los reveses ideológicos de la guerra en Ucrania

Carro de combate T 90A ruso destruido en Ucrania. Foto Oryxpioenkop
Carro T90 destruido en Ucrania
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Desde hace unas semanas me debato entre escribir un artículo sobre esta maldita guerra o quedarme callado. En Italia ha sucedido una cosa extraña, exactamente igual que durante el Covid, la gente, la prensa, la opinión general, se han dividido casi al cincuenta por ciento. Ahora los que critican lo que hace o piensa o dice el presidente Zelensky, o los que tratan de justificar, aunque condenando la guerra, la invasión rusa son “putinistas”. Los que condenan el envío de armas a Ucrania pensando que estas medidas prolongarán el sufrimiento del pueblo ucraniano son prorrusos. Pero ojo, lo extraño no es esto, no es considerar prorrusos a los que piensan de forma diferente a la corriente general, los que justifican o defienden la invasión rusa son percibidos generalmente como de derecha, mientras que los más belicistas y hostiles a Rusia son de izquierda.

Por eso y por esa generalización de la opinión, he dudado mucho si escribir, porque al final estoy obligado a escribir lo que pienso, lo que veo, lo que percibo, independientemente de lo que piense políticamente, que imagino les interese poco a los lectores de Infodefensa.com.

¿Operación especial, conflicto regional o choque entre visiones antitéticas?

"El lobo estaba más alto y, un poco alejado, más abajo, estaba el cordero". Con estas palabras, Fedro comienza una de las fábulas más conocidas del mundo clásico antiguo, y es inevitable leer una referencia precisa a lo que está ocurriendo en la antigua República Socialista Soviética de Ucrania, donde a pesar de lo que nos adoctrinan continuamente, es decididamente difícil definir quién es el lobo y quién el cordero.

La guerra entre Rusia y Ucrania es mucho más que una "operación especial" o un conflicto regional. Es un choque entre visiones del mundo antitéticas. En Occidente, el manto ideológico del pensamiento único global: la retórica de lo políticamente correcto, la cultura de la cancelación, los derechos humanos, Greta Thunberg y los “green”, LGBT, así como la fluidez de género, la fluidez de las fronteras nacionales con el rechazo asociado a las fronteras, etc. En el Este, en el lado ruso, la defensa de la tradición, la identidad y el interés nacional.

Resulta paradójico que, en el tercer milenio, la defensa de la soberanía y la integridad territorial de Ucrania sea defendida por el pensamiento izquierdista, progresista y pacifista, que ahora incita a Europa y a Estados Unidos a proporcionar armas, apoyos y ayudas, con el resultado de que esto seguramente conducirá a la prolongación de la guerra con lo que sigue en términos de destrucción y víctimas inocentes. Así es como los pacifistas que ahora se han convertido en belicistas decididos y casi violentos desprecian la solución pacífica, también auspiciada por el pontífice, tan querido por la izquierda mundial. Hace pensar que la misma intransigencia que ahora vemos aplicada a Rusia nunca fue aplicada a Estados Unidos cuando invadió Irak, atacó Libia y Serbia, por nombrar sólo algunos de los países afectados por guerras “justas”. De hecho, parece un mundo al revés que parece no tener conciencia del pasado.

¿Estaríamos dispuestos a morir por Kiev, como lo hicieron nuestros padres por Gdansk?

Cuando me preguntaban en enero/febrero si iba a estallar la guerra, siempre respondía que no, que nunca ocurriría. He fracasado estrepitosamente y lo lamento mucho. Ahora me preguntan cuándo terminará y, en realidad, parece más una pregunta para un adivino que para un experto político/militar.

La pregunta que deberíamos hacernos y que muchos periodistas, expertos y políticos han utilizado para titular un artículo ha sido: "¿Morir por Kiev?". Una frase que ha sustituido definitivamente al más famoso "¿Morir por Gdansk?", que se ha convertido en una figura retórica para expresar la duda sobre una intervención considerada necesaria para evitar problemas peores. Esta cuestión ha pasado de finales de los años 30 a la actualidad, con todas sus similitudes y referencias históricas. Hoy, ochenta años después, nos planteamos dramáticamente en Europa y América la misma pregunta: ¿contrarrestamos a la Rusia que quiere "reunificar a todos los rusoparlantes", "reconstituir una Rusia imperial", "apoderarse de las materias primas de la riquísima Ucrania", "contrarrestar al Occidente que algunos dicen Putin odia"?

La lección del siglo pasado ¿la hemos entendido, aprendido, asimilado? Viendo a dónde hemos llegado, y escuchando a los tres protagonistas principales: Putin, Biden y Zelensky, parece que no, las declaraciones que los tres han hecho en los últimos tres meses no parecen dictadas por una visión iluminada. Tanto Putin como su oscuro ministro Lavrov, amenazan y advierten contra la intervención militar occidental porque provocaría una guerra nuclear mundial. Una intervención que los dos no registran formalmente, pero que está ahí, y claro que está ahí y no sólo virtualmente. El hundimiento de los dos barcos rusos en el Mar Negro no puede ser un éxito ucraniano, la inteligencia, los satélites, los misiles, etc. fueron sin duda proporcionados por los estadounidenses. La destrucción de todos esos tanques y vehículos blindados, que vemos en las extrañas imágenes de la guerra que nos llegan, nunca se habría producido sin la ayuda activa y ciertamente también sobre el terreno de los ejércitos amigos de Ucrania.

Sanciones inútiles, ridículas y dañinas

Ahora Estados Unidos, que ha contribuido, con su habitual y endémica falta de visión global, a la deflagración del conflicto, está, junto con Europa, acosando a Rusia y a sus ciudadanos con sanciones inútiles, empujándola cada vez más peligrosamente en la órbita china, que es, en definitiva, el único y verdadero peligro para Occidente. La misma China que está observando astutamente cómo se desarrollan las cosas para decidir qué hacer con Taiwán.

Parece muy improbable pensar en conseguir la retirada de Rusia de Ucrania prohibiendo la venta de mozzarella, vino y zapatos, prohibiendo a los deportistas rusos participar en competiciones internacionales, prohibiendo la venta de tecnologías en general, cancelando las becas a los estudiantes rusos en Europa, prohibiendo a los cantantes participar en el Eurofestival, o prohibiendo al director de orquesta Valery Gergiev dirigir la orquesta de La Scala de Milán. 

Estas sanciones, algunas ridículas y sin sentido, harán más daño a Europa que a Rusia y, desde luego, no tocarán a Estados Unidos. Muchos han escrito que esta guerra no sólo traerá destrucción y violencia, sino también sufrimiento gratuito para muchos inocentes. No es cierto, este sufrimiento no será gratuito, será extremadamente costoso. Empobrecerá a muchas poblaciones, de todas las clases sociales, sin duda en Europa, llevará a la quiebra a miles de pequeñas y medianas empresas y, por tanto, al desempleo y a la pobreza. No habrá nada gratis en absoluto.

En este momento no podemos predecir cuándo terminará y cuál será el resultado del conflicto, será el campo de batalla el que decidirá cuándo, cómo y si los dos contendientes comenzarán a negociar seriamente. Los equilibrios mundiales y los acuerdos políticos están en entredicho, y en cualquier caso, por ahora, nadie ha decidido o declarado que esté dispuesto a morir por Kiev.





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