Guerra de Ucrania: primeras lecciones identificadas para la industria de defensa
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Ambos bandos han tenido en cuenta las enseñanzas extraídas, entre otros, del enfrentamiento librado en el Cáucaso entre Armenia y Azerbaiyán a finales de 2020

Guerra de Ucrania: primeras lecciones identificadas para la industria de defensa

Efectivos ejercito ucraniano
Militares del Ejército ucraniano. MDU
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Por supuesto, la guerra de Ucrania está dando lugar a lugar a innumerables lecciones identificadas, que ya veremos si en su momento, se transforman en las denominadas lecciones aprendidas. Pero nada surge de la nada en el mundo de los conflictos, para esta guerra en Ucrania, ambos bandos han tenido en cuenta las lecciones extraídas de la guerra librada en el Cáucaso entre Armenia y Azerbaiyán a finales de 2020, un conflicto que aún un tanto desconocido para el público, ayudó a entender cómo han cambiado y cómo serán los campos de batalla en los tiempos venideros.

El objeto de este artículo es enumerar de forma sintética las primeras lecciones generales que identificamos de la guerra de Ucrania en relación con las inversiones y la industria de defensa. Podemos enmarcar estas lecciones en el contexto de los años previos a la guerra y en el desarrollo táctico de la misma.

En cuanto a los años previos de preparación, fue fundamental la experiencia personal de visitar Ucrania en 2015 en el marco de un ejercicio OTAN auspiciado por Estados Unidos, realizado en la base militar de Yavoriv y en el área de la ciudad de Lvov, hoy día Leópolis, y recibir las impresiones de los oficiales ucranianos que expusieron cómo habían perdido frente a Rusia en 2014 el control de los espacios aéreo, electromagnético y cognitivo de la información, lo que supuso para ellos la pérdida de Crimea y de parte del Donbass.

Esta experiencia, ha sido aplicada por los oficiales ucranianos desde entonces, y en 2022, han recuperado ampliamente lo que habían perdido en 2014; son capaces de emplear parcialmente el espacio aéreo; han superado a los rusos en la pugna por el control del espacio electromagnético; y han recuperado plenamente el espacio cognitivo de la información donde llevan a cabo una magistral campaña de información desde el presidente Zelenski hasta el último ucraniano, civil o militar; y lo hacen de manera organizada y planeada, sin descanso, cuyos frutos vemos reflejados día a día en los medios de comunicación donde vemos lo que se puede denominar como “una verdad aumentada” pero que desde luego pone en evidencia la atrocidad de la guerra de invasión de Rusia a Ucrania, encontrándose el presidente Putin en el origen de todas las consecuencias de esta guerra.

Por lo que se refiere al resumen de la evolución táctica del conflicto, comenzó con un ataque convencional mecanizado ruso y una guerra defensiva de la infantería ucraniana aferrada a sus posiciones que, por supuesto es preciso reconocer y admirar, aunque añadiendo que sin la ayuda de occidente desde el primer momento en inteligencia y en la masiva entrega de equipamiento militar y de todo tipo, Ucrania podría haber sucumbido tras los primeros meses de guerra.

En el verano de 2022, asistimos a una guerra que había evolucionado hacia un duelo de artillería empleando misiles, drones, municiones inteligentes y merodeadoras, y por parte ucraniana el sistema estadounidense HIimars (High Mobility Artillery Rocket System) que les ha proporcionado una enorme y muy precisa potencia de fuego, posibilitando prácticamente paralizar la logística del ejército ruso y lanzar la contraofensiva de otoño 2022

Esta contraofensiva ha sido una excelente maniobra de disuasión, de concentración de fuerzas y de empleo de armas combinadas para confundir a las fuerzas rusas, tanto en el Norte, Jarkov y Donetsk/Lugansk, y posteriormente en el sur, en el área de Jerson sobre el río Dnieper, donde hemos seguido viendo en directo ese duelo artillero, incluyendo drones de ataque, pero ahora unido a una maniobra de movimiento ofensivo recuperando terreno ucraniano en una más que importante derrota táctica del ejército ruso.

A finales de 2022 y principios de 2023, a pesar de encontrarnos en una especie de estancamiento, sólo en parte debido a las difíciles condiciones meteorológicas, Rusia sigue sin ser capaz de frenar la contraofensiva ucraniana, sigue tratando de reconstituir unidades para mantener sus objetivos operacionales en el frente del Donbass y organizando una línea de defensa que será clave para el futuro de la guerra este invierno, veremos de lo que son realmente capaces ambos bandos. Simplemente apuntar que,  como las guerras defensivas suelen conducir al fracaso, tal vez podamos esperar alguna sorpresa por parte de Rusia. Asimismo, Rusia ha empleado, no enjambres de drones (drones con distintas misiones conectados entre sí) pero sí ataques de saturación con drones poco sofisticados pero suficientes para saturar las defensas aérea y antiaérea ucranianas y causar daños muy significativos a la población civil, y sobre todo a las infraestructuras energéticas de Ucrania de cara al invierno. Y todo ello con la fuerza aérea de Rusia desaparecida, lo que es una intriga que tardaremos en resolver.

¿Cuándo se terminará esta guerra? Según Clausewitz “la victoria se alcanza cuando el enemigo asume que ha sido derrotado”, y eso no ha sucedido hasta ahora ni en Rusia, ni por supuesto en Ucrania, y no parece que vaya a suceder a corto plazo. Las opiniones con mayor peso específico apuntan a que la guerra de Ucrania continuará en 2023.

Una vez enmarcada esta guerra, la primera lección identificada es claramente que es preciso ganar la batalla de la información y del reconocimiento y, para ello, necesitamos sistemas remotamente tripulados (drones) desde los más simples hasta los más sofisticados, para información e inteligencia, pero también son absolutamente necesarios sistemas anti-drones para negar su empleo a un potencial adversario y proteger las fuerzas propias; y, por supuesto, debemos contar con sistemas seguros de información para mando y control basados en inteligencia para gestionar toda la información disponible; estas son áreas en las que la industria europea debería encontrar un nicho de excelencia a nivel mundial. Por el momento no lo somos, y creo que estamos perdiendo una oportunidad de oro.

La segunda lección identificada es la respuesta a la reflexión sobre qué es mejor en una guerra o en un conflicto, si la “cantidad” o la “calidad” de los equipamientos militares, siendo por supuesto la solución el viejo dicho que “lo mejor es la calidad… siempre que se despliegue en cantidades significativas”. Como ello no suele ser posible por el coste de los equipamientos, normalmente hay que elegir una u otra. Rusia se decanta por la cantidad mientras que en occidente nos decantamos por la calidad y por el estado de arte de la tecnología, y ello es y debe ser así porque en el caso ruso, necesita enormes cantidades de equipos para atacar indiscriminadamente la población civil y las infraestructuras ucranianas, cosa que los países occidentales jamás haremos. Eso sí, sólo un apunte crucial, buscamos el estado del arte de la tecnología, pero desarrollada en plazos de tiempo admisibles, sin eternizar el desarrollo de la ingeniería.

En esta línea, hablamos del conflicto futuro buscando como capacidad clave la “nube de combate multidominio”, representada en España por los programas F-110, FCAS y VCR 8x8 Dragón. Por supuesto, ese debe ser nuestro objetivo, pero sabiendo que este concepto se encuentra muy lejos de lo que vemos en la guerra de Ucrania, y que, a corto plazo, debemos disponer de sistemas de combate operativos, de suficiente potencia de fuego y sistemas de drones y anti-drones de todo tipo para un conflicto no ya del siglo XIX o XX como el de Ucrania, sino del siglo XXI.

La tercera lección identificada es también una herencia de la guerra de Nagorno Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán, cuando se llegaba a apuntar si había llegado el fin de la era de las unidades acorazadas y mecanizadas junto con otras plataformas tradicionales de guerra terrestre, así como de las unidades de helicópteros. Lo que podemos identificar de estas dos guerras, es que las plataformas terrestres siguen siendo absolutamente necesarias y que las capacidades de combate convencionales para limpiar, mantener y denegar territorio siguen siendo cruciales en cualquier conflicto. Eso sí, debemos ser conscientes que para no constituir un objetivo fácil para los sistemas aéreos no tripulados (drones), estas unidades deben estar siempre acompañadas por defensas antiaéreas móviles de corto alcance, equipos de guerra electrónica y sistemas anti-drones;

Y para la cuarta lección inicialmente identificada debemos partir del conocimiento de la ingente cantidad de munición que hace falta para alcanzar el nivel de destrucción que estamos viendo en Ucrania, prueba de la preparación por Rusia de esta guerra desde hace años. En este momento, creo que Rusia sigue sin tener problemas de munición, mientras que Ucrania es totalmente dependiente del equipamiento militar que proviene de occidente. Todo lo que entra por el Oeste se dispara en el Este en un breve plazo de tiempo, constituyendo una carrera logística de incierto resultado donde hay que sumar los esfuerzos nada desdeñables de la Unión Europea para reponer las existencias de lo entregado a Ucrania con fondos y programas europeos. En consecuencia, identificamos que es absolutamente necesario contar con reservas estratégicas para cualquier tipo de conflicto para el que deben estar preparadas las fuerzas armadas; conflictos que hemos comprobado que van a ser de mucha mayor duración de lo que podíamos suponer hasta ahora.

Como conclusión, debemos ser conscientes de que el mundo que hemos conocido en las últimas generaciones ha muerto, y no sabemos muy bien qué está por venir. Hemos pasado de tratar de colaborar con Rusia, como hacíamos antes de 2014, y sobre todo antes del 24 de febrero de 2022, a un enfrentamiento para ayudar a Ucrania, y hemos desplegado fuerzas terrestres, navales y aéreas para asegurar la defensa de los estados miembro de la OTAN, y hasta la Unión Europea ha respondido con sanciones a Rusia y apoyo económico y militar a Ucrania.

De la guerra de Ucrania, y tras la cumbre de Madrid, la OTAN sale reforzada y se identifica, una vez más, como la clave de la seguridad para Europa. Aún con esta aseveración, entiendo que nuestro futuro, y el futuro de la industria de defensa, se encuentra en la Unión Europea, aún con sus luces y sus sombras, pero hoy día más unida que nunca en su apoyo a Ucrania. Se trata de una Unión Europea más solidaria que nunca a través del artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea,  y más resuelta que nunca a defender la paz en Europa, el orden internacional y la estrecha colaboración con la OTAN, con las Naciones Unidas, con la Organización para la seguridad y la cooperación en Europa y con la Unión Africana.

Necesitamos una Unión más fuerte, que apueste también por modernizar nuestros equipamientos militares y nuestra industria de Defensa, para estar en primera línea mundial y en los nichos de las tecnologías más avanzadas, teniendo presentes las lecciones identificadas iniciales que hemos tratado de presentar.



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