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OPINIÓN
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Perspectivas

Santiago Ramón González Gómez

Director General de Armamento y Material (Digam) del Ministerio de Defensa


La industria de Defensa, las trincheras y el Ave Fénix

20/03/2020 | Madrid

Si uno busca 'ave fénix' en los diccionarios de la red, puede que encuentre algo parecido a esta definición: "En la mitología griega, el fénix es un ave de larga vida que se regenera cíclicamente, es decir, nace de nuevo. Asociado con el Sol, un fénix obtiene nueva vida al surgir de las cenizas de su predecesor".

De la misma manera que el Fénix, asociado con el sol, revive de las cenizas de su predecesor (de los tiempos pretéritos), no tengo ninguna duda que la 'La industria de defensa' hará lo mismo, saldrá adelante de los daños que en estos momentos empieza a sufrir por causa de un enemigo invisible y mortal, que detiene líneas de producción, afecta a proveedores logísticos, dificulta la obtención de materias primas y empuja a la baja las cotizaciones en bolsa de los grandes (de los referentes industriales del sector). Dejando a todos una cierta sensación de desánimo que podría calar en la sociedad más de lo necesario, si no ponemos remedio.

España es una gran nación, ante la adversidad sus pueblos y gentes siempre han reaccionado heroicamente, como lo están haciendo también ahora, aunque en este caso el valor suponga quedarse en casa y dejar que 'los verdaderos héroes', los expertos servidores públicos y privados, de la sanidad, de la seguridad, de las Fuerzas Armadas y todos aquellos que han pasado a vanguardia y mantienen la logística que hace que este país siga funcionando a la vez que combate para derrotar al Covid-19.

No me cabe ninguna duda de que la sangre, el esfuerzo, el sudor y las lágrimas (parafraseando el famoso discurso de Winston Churchill de 1940) de estos días darán su fruto, y el sacrificio y la unión de todos los españoles harán que pronto ganemos esa última batalla que nos dará la esperada victoria. Es por ello que pienso que la industria de Defensa no puede quedarse al margen en esta lucha, debe pasar a la acción ahora, preparándose a conciencia para cuando el Estado, los españoles, ganemos la guerra contra el coronavirus. No debemos esperar a que el desánimo toque fondo (justo antes de que empecemos a remontar) para entonces reaccionar.

Pero ¿qué puede hacer ahora contra este enemigo invisible, un sector industrial dedicado a aportar sistemas y tecnologías, cuyo fin principal es mantener la seguridad de la ciudadanía, frente a enemigos -casi siempre- más evidentes?

Es difícil encontrar una respuesta que sirva de faro a todos los actores del sector, pues cada uno es un mundo (casi un universo) diferente. Pero al observar las consecuencias iniciales que este nuevo conflicto está produciendo en la ciudadanía, vemos que se dividen en dos clases, unas de carácter sanitario con repercusiones directas en la salud, y otras -consecuencia de las primeras- de carácter económico y con un impacto más directo en el futuro del bienestar social de los ciudadanos.

En mi opinión, es en este segundo grupo en el que desde “La Industria de Defensa” podemos actuar desde ahora mismo para, por un lado minimizar perdidas y por otro, prepararnos para cuando haya que resurgir de las cenizas, hacerlo como el Fénix.

En el verano de 2018 se cambió la tendencia inversora del gobierno en programas de defensa, dando un empuje a un sector industrial -estratégico para el Estado- que viene avalado por un techo de gasto cercano a los 15.000 millones de euros en nuevas inversiones. Nuestros Ejércitos y la Armada necesitaban renovar gran parte de un material que no había sufrido reposición en mucho tiempo, además se trataba de impulsar un sector de la industria nacional que no sólo genera riqueza tecnológica y empleo de calidad, sino que también sirve de tracción para el resto del tejido industrial de España.

Este hecho coincidía en el tiempo con el 'Despertar de la Europa de la Defensa' que vaticinaba el anterior comisario Jean Claud Junker, de manera que el efecto de la Nueva Estrategia Global Europea marcadas en 2016 por los países miembros, empezaba a dar sus frutos mediante el Plan de Acción Europeo de la Defensa, los Fondos Europeos de la Defensa y el Plan para el Desarrollo de la Industria de Defensa Europea. A nivel nacional mucho se ha hecho desde entonces en el sector, que se encuentra en estos momentos orientado a adaptarse al nuevo 'universo 4.0', demostrando una palpable inercia tecnológica y de consorcios que no se debe perder.

Desde el punto de vista social, la industria de defensa en estos últimos años ha abierto puertas de esperanza a jóvenes universitarios y técnicos cualificados, ofreciendo puestos de trabajo de alto nivel tecnológico a un sector de la sociedad que no hace mucho sólo aspiraba a poder salir del país en busca de trabajo. En la actualidad son varias las universidades y los centros de desarrollo que en base a la 'dualidad' demostrada de los productos que demandan los sistemas de defensa del futuro, trabajan con la Dirección General de Armamento en sus programas. Debemos cuidar lo conseguido, pues supone el futuro de una nación que aspira a ocupar el sitio que le corresponde dentro de la Unión Europea.  

Es duro reconocer que este nuevo 'enemigo coronado' ha pillado a la humanidad con la guardia baja, pero su efecto devastador puede ser más duro si no nos preparamos para el momento en que los 'verdaderos héroes' ganen la batalla. Para ello debemos esforzarnos en preservar el conocimiento, el impulso innovador, la capacidad de resiliencia que suponen los consorcios industriales, los programas nacionales y los nuevos proyectos a nivel europeo. Si no lo hacemos, ello supondrá perder contra otro enemigo quizás peor y más duradero, el desánimo que provocaría de nuevo el paro en un sector considerado como refugio estratégico, y que ha sobrevivido a la última crisis económica al hacerse un nombre fuera de nuestras fronteras.

La solución de que eso no vuelva a pasar está en nuestras manos, trabajando juntos y comprometiéndonos cada uno con nuestro papel. La Administración debe seguir impulsando las oportunidades creadas recientemente (tanto programas como proyectos de I+D+i) adaptándolas a la nueva situación. El sector de la Industria debe aprovechar y prepararse para cuando llegue la derrota del invisible enemigo, esforzándose en preservar el conocimiento y la calidad de sus empleados, verdaderos motores del impulso innovador que está viviendo el sector, lo que – derrotado el enemigo - facilitará una pronta recuperación y dinamización de las actividades que han tenido que frenarse. Sólo de esta manera el parón que seguro va a suponer esta última batalla, no dejará de ser más que un paréntesis de aquellos trabajos que no han podido 'tele-transportarse' a las trincheras en las que se han convertido las casas de los españoles.

Todo cuenta para que 'los verdaderos héroes' puedan 'pelear' su trabajo en vanguardia, con la confianza que da el saber que la retaguardia está segura.

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