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Acuerdo tras meses de desencuentro

EEUU negocia la entrada de su industria en los proyectos europeos de defensa

Factoría de helicópteros de Estados Unidos. Foto: Boeing

Factoría de helicópteros de Estados Unidos. Foto: Boeing

11/11/2019 | Madrid

G. S. Forte

Las presiones de Estados Unidos por la exclusión de su industria de los nuevos programas militares que está diseñando Europa están a punto de dar resultado. Bruselas y Washington negocian un acuerdo para permitir a las empresas norteamericanas participar en proyectos europeos conjuntos.

El gobierno de Donald Trump evidenció el pasado mayo por escrito su malestar con las iniciativas que Europa lleva desarrollando desde 2016 para consolidar una estrategia común, entre las que se incluye un multimillonario fondo para investigación y mejora de capacidades de defensa. En una carta firmada por la subsecretaria de Defensa, Ellen Lord, a la entones Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini, Washington amenazó incluso con posibles represalias políticas y comerciales si la UE limitaba la entrada de sus empresas en los incipientes proyectos militares conjuntos del viejo continente.

En ese texto Estados Unidos se mostraba “profundamente preocupado con la aprobación del reglamento del Fondo Europeo de Defensa y con las condiciones generales de la Pesco” (siglas de la conocida cooperación estructurada permanente, que es una iniciativa de desarrollo de proyectos conjuntos entre empresas de los distintos miembros de la UE). Según afirma, la estrategia europea conduce a una “dispersión de los escasos recursos de defensa y una competencia innecesaria entre la OTAN y la UE”.

La respuesta posterior de Federica Mogherini explicando que los nuevos proyectos europeos de cooperación militar no iban a impedir la participación de las firmas armamentistas norteamericanas no aplacó los recelos de la administración Trump. De hecho, Washington envió entonces un ultimátum en el que apeló directamente a la posibilidad de que Europa se quede sola ante una amenaza como Rusia si continúa con sus planes de dar preeminencia a su industria miliar.

“Cuando se produzca una crisis y si vuestras defensas fracasen, vuestros ciudadanos no se van a sentir muy impresionados por el hecho de que el armamento adquirido fuera solo de los países europeos”, advirtió el 22 de mayo el máximo representante estadounidense para Europa, Michael Murphy, en un encuentro con el comité de embajadores europeos de política y seguridad (COPS).

Reino Unido también tendrá acceso tras el Brexit

 

Estados Unidos dejó ver que las empresas europeas podrían acabar obligadas a elegir entre el mercado de la UE o el de Estados Unidos (mucho mayor) para seguir operando. Entre los años 2011 y 2015, según fuentes comunitarias, las empresas estadounidenses se llevaron el 81 por ciento del valor de los contratos de defensa en Europa, frente a un exiguo 19 por ciento de las del propio continente.

En una entrevista concedida el pasado junio a Infodefensa.com por Javier Solana, ex máximo responsable de la diplomacia europea y de la OTAN, el antiguo Míster PESC (como era conocido durante su época de algo cargo europeo) advirtió que Estados Unidos “se equivoca si quiere que gastemos más para comprarles a ellos”. Con estas palabras Solana se refirió a la paradoja de que Estados Unidos haya redoblado en los últimos tiempos sus presiones para que Europa dedique más fondos en defensa y que ante los anuncios del viejo continente tendentes a incrementar su esfuerzo militar se haya mostrado crítico, básicamente porque ese esfuerzo pasa por el desarrollo de material conjunto propio.

Finalmente, y tras meses de negociaciones, Europa y Estados Unidos están a punto de llegar a un acuerdo que permitirá a las empresas del segundo unirse a los nuevos proyectos militares del primero, si su participación agrega un “valor sustancial” a esos programas, según documentación a la que ha tenido acceso la agencia de información económica Bloomberg. De acuerdo con la fuente, la UE solo permitirá la entrada en estos proyectos de colaboración a países con sistemas democráticos donde se respeten los derechos humanos y que tengan buenas relaciones con Europa. De este modo se allana también el camino para que Reino Unido pueda participar también tras el Brexit.

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