Tal día como hoy en 1847 el Ejército de España ingresa a Portugal para sofocar una revuelta civil
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Tal día como hoy en 1847 el Ejército de España ingresa a Portugal para sofocar una revuelta civil

El general Manuel de la Concha cruzó la frontera junto a 12.000 infantes, 700 jinetes y piezas de artillería
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Estatua del general Manuel de la Concha en la Plaza del Doctor Marañón, en Madrid.
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Tal día como hoy, 9 de junio, pero de 1847, entran en Portugal el general español Manuel de la Concha y sus tropas para sofocar una revuelta civil contra el gobierno presidido por António Bernardo da Costa Cabral.

Portugal acumulaba tensiones heredadas de pasadas guerras civiles y el descontento de una importante porción de la población se unió a los cambios producidos por el Monarca Pedro IV y el gobernador Da Costa. Las nuevas leyes de reclutamiento militar, la prohibición a realizar el ritual del enterramiento dentro de las iglesias y las fuertes cargas fiscales agotaron a los ciudadanos que iniciaron con las revueltas bajo el mando de la llamada Junta de Oporto.

El Reino de España tomó la determinación de intervenir en el país vecino no con el motivo de expandirse, sino para tratar de reducir el protectorado que los británicos ejercían sobre el reino portugués.

La intervención en Portugal

Así, el 9 de junio, comenzó la intervención terrestre de España. De la Concha cruzó la frontera junto a 12.000 infantes, 700 jinetes y piezas de artillería. Lejos de querer un derramamiento de sangre, De la Concha dio un discurso dirigido a la población portuguesa asegurando que no eran invasores sino pacificadores.

Tropas de la insurrección portuguesa, comandadas por el general César de Vasconcelos, fueron obligadas a replegarse debido al avance de la columna española que avanzaban hacía Oporto desde Valongo. Los hombres de Vasconcelos trataron de enfrentarse a los españoles, pero al encontrarse en desventaja, decidieron desistir en el ataque.

Uno a uno, a lo largo del mes de junio, los focos de la rebelión portuguesa se vieron apaciguados debido al rápido y eficaz avance de las tropas de De la Concha. El ejército español alcanzó Oporto y finalmente el 1 de julio la Junta de Oporto declaró que aceptaba el armisticio y solicitó negociar con De la Concha. Sin embargo, a pesar de esta ocupación, los rebeldes continuaron realizando ataques aislados.

Negociaciones prohibidas

El final de este episodio militar pasa por la decisión de De la Concha de negociar con la Junta de Oporto, algo que el embajador de España en el país le había ordenado que no hiciese. De la Concha negoció con el objetivo de evitar más pérdidas humanas por lo que él mismo denominó "el honor del Ejército Español, de la nación hermana y de la milicia".

Tras estas negociaciones se creó un servicio de patrullas para garantizar el control y la seguridad de la capital portuguesa. El ejército español apoyó a la ciudad hasta que se instauró la seguridad y De la Concha, a pesar de su desobediencia, por el éxito de la operación, fue nombrado marqués del Duero. 



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