Año de inversiones en Defensa en España con un panorama geopolítico inquietante
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Año de inversiones en Defensa en España con un panorama geopolítico inquietante

Carro Leopardo del Ejército de Tierra en Letonia
Carro Leopardo del Ejército de Tierra en Letonia. Foto: Emad
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Despedimos 2023 en una situación global más compleja de la que teníamos cuando empezó. Ante Ucrania se percibe cierto cansancio occidental ante el enquistamiento de una situación que puede prolongarse en el tiempo. En Oriente Medio, el ataque de Hamás ha paralizado los procesos de acercamiento político en la zona. La respuesta está provocando reacciones diversas en occidente. La situación en el golfo Pérsico y en el mar Rojo, supone un importante riesgo desde el punto de vista geoeconómico. En el Sahel los europeos nos hemos replegado asumiendo riesgos en un vecindario donde nos jugamos nuestra estabilidad. China, señalada por la OTAN como una amenaza, continúa siendo el principal foco de atención para Estados Unidos.

Europa sigue debatiendo cuál debe ser su papel como potencia regional o global. Se siguen mostrando diferentes visiones sobre defensa en el seno de la UE, especialmente entre Francia y Alemania, con permiso de Italia y de Polonia. En cualquier caso, este año la defensa común ha sido protagonista. En la última década se ha avanzado, pero todavía tenemos mucho camino por recorrer. Todos los estados miembros han incrementado sus presupuestos de defensa. El conjunto de los países de la EDA llega a un total de 240.000 millones anuales. Desde Bruselas se ha realizado un esfuerzo significativo para coordinar las iniciativas financieras, con las operativas y las de política industrial. Ese ha sido el foco principal del documento de prioridades de desarrollo de capacidades aprobado este año. La presión de la inmediatez obliga a recurrir a soluciones extracomunitarias que pueden condicionar nuestra libertad de acción estratégica. 

Durante este año se ha incidido en una mayor coordinación de la demanda, en la capacitación de la industria para agilizar su respuesta y en favorecer proyectos de adquisiciones conjuntas, en un marco que pretende dar mayor estabilidad a la financiación que obliga también a facilitar el acceso a otros mecanismos comunitarios como se ha reclamado en la ministerial de la EDA de noviembre. Los grandes programas colaborativos no han estado exentos de problemas, pero son muy necesarios para conformar una base industrial europea. A las iniciativas en aeronáutica, se añaden otras en los ámbitos terrestre y naval que previsiblemente afectarán al futuro del sector industrial de defensa europeo a medio plazo. Los objetivos estratégicos de la UE, se reflejarán en la EDIS (European Defense Industrial Strategy) que se publicará en 2024.

La presidencia española de la UE ha pasado, al estilo Pio X, “como el sol por el cristal sin romperlo ni mancharlo”. Bueno, alguna mancha ha dejado, porque ciertas actitudes políticas han sembrado dudas sobre nuestra fiabilidad como aliado que no debería cuestionarse. En 2023 España ha comprometido un importante esfuerzo militar en Eslovaquia. Al mismo tiempo, y más allá de lo que se está transmitiendo, nuestros buques están siendo protagonistas en las operaciones en el mar Rojo y en el Índico para garantizar las rutas comerciales. Por supuesto, se mantiene el compromiso en las operaciones en las que estábamos participando, con mando español en algunas de ellas. La industria, por su parte, ha continuado desempeñando un papel muy activo en las iniciativas industriales comunitarias y continúa realizando una importante contribución a la balanza comercial española. A pesar de los mensajes que se han podido enviar por razones de política interna, el compromiso de España como nación es ineludible e incuestionable.

El gobierno ha cumplido su compromiso de incrementar el presupuesto, lo que ha permitido recuperar capacidades y favorecer la obtención de otras nuevas. Solo unos días antes de finalizar el año se han firmado cinco contratos que completan un ciclo inversor que supera en total los 15.000 millones de euros. Igualmente se han favorecido las inversiones para sostenimiento y preparación de la fuerza a través de acuerdos marco por un volumen de unos 4.500 millones para áreas clave, como son entre otras las municiones. Es un esfuerzo significativo. 

Los nuevos programas deben permitir potenciar las capacidades operativas y al mismo tiempo cimentar la nueva estrategia industrial para el sector publicada en verano. Las inversiones deben calar a lo largo de toda la cadena de valor industrial y, especialmente, favorecer la actividad de las pymes, para lo que es necesario velar por los objetivos de participación industrial. Se trata de generar tecnología y capacidad industrial para satisfacer necesidades operativas en tiempo y forma, y posicionar a nuestra industria de cara a un futuro complejo. Buena parte de los nuevos programas cuentan con tecnólogos extranjeros a los que conviene cuidar por interés propio.

El debate del campeón nacional

En cuanto a la estructura del sector se ha reabierto el debate sobre la necesidad, o no, de contar con un campeón nacional. Se han producido interesantes movimientos internos; y la entrada de inversores industriales y financieros extranjeros en empresas estratégicas. Unos movimientos, que habrá que observar en clave europea, que no deberían sorprender a las autoridades y que han provocado el regreso del ámbito público a un sector protagonizado por el sector privado desde hace ya bastantes años.

El incremento de las inversiones obliga a revisar los procesos y la estructura de adquisiciones. Se ha producido una fragmentación en la gestión que debe acercar a la industria la visión directa de los usuarios. Una relación entre industria y Fuerzas Armadas que se ha mejorado, y sobre la que hay que incidir. El sistema de adquisiciones, diseñado para un escenario diferente, necesita agilizar los procesos de gestión para adaptarlos a la realidad. La administración también tiene que ser más ágil.

Los cambios orgánicos en el ministerio de Industria, con la elevación a rango de Secretaría de Estado de la anterior Secretaría General de Industria, puede favorecer el desarrollo de la política industrial de defensa. Su desarrollo competencial está pendiente pero su actuación deberá coordinarse con la Secretaría de Estado de Defensa para compaginar los objetivos de política industrial con los de política militar. En ese sentido los objetivos de política industrial deben considerar la sensibilidad operativa y viceversa. Un aspecto a tener en cuenta también en la actuación de la Agencia Espacial Española, creada este año que termina. 

Cambios en el Ministerio: Cestic, Cetedex...

En el propio ministerio se ha elevado el rango orgánico del Cestic (Centro de Sistemas y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones) lo que ha facilitado canalizar la aportación de fondos de diversas procedencias para las necesidades de infraestructura de comunicaciones de defensa. Igualmente se ha creado el Cetedex (Centro Tecnológico de Desarrollo y Experimentación) con vocación de constituirse en centro de referencia para sistemas autónomos. En ese ámbito de la I+D se ha mejorado la capacidad inversora y se han potenciado algunas líneas transversales como es la de la fabricación aditiva. Una política que debería extenderse a otras líneas tecnológicas.

En el nuevo escenario el Ministerio de Defensa, las Fuerzas Armadas y la industria afrontan en común el reto de contar con personal suficiente en cantidad y calidad. El Ministerio necesita reforzar sus órganos de gestión, diseñados para momentos de menor exigencia. Las Fuerzas Armadas han asumido nuevas funciones y cometidos sin que se haya revisado el techo de efectivos. Por su parte en la industria se necesitan más ingenieros y técnicos para poder responder a la nueva situación.

Si en el pasado el problema principal era la falta de financiación, no parece que lo sea ahora. El techo de gasto recientemente aprobado con un nivel histórico debería permitir mantener el esfuerzo presupuestario para defensa tal y como el gobierno se ha comprometido. Sin embargo, no se ha actuado en paralelo en un cambio del modelo de financiación. Los compromisos de inversión deben considerar la estabilidad y la sostenibilidad para que puedan asumirse en el futuro sin condicionar otras necesidades en el caso de que vuelvan las vacas flacas.

Un balance de 2023 positivo en el aspecto económico pero inquietante por la situación político-estratégica que nos deja.




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